Por Juan Cristóbal Beytia, SJ. Capellán de Techo Chile

[Artículo tomado de la página del Apostolado de la Oración-Movimiento Eucarístico Juvenil / Webmagazine “Oración y Servicio”]

Se califica como voluntariado un trabajo no remunerado que va en beneficio de otra persona y no en provecho de uno mismo. Aún cuando existen muchos trabajos no remunerados, no necesariamente todos ellos son actividades de voluntariado.

El fenómeno del voluntariado es muy diverso. La cantidad de voluntarios en el mundo no está clara. Se estima que podrían ser en torno a 140 millones de personas. Todas ellas están prestando servicios diversos de forma gratuita a los demás. Son personas normales y corrientes que están en medio nuestro, tienen oficios diversos, edades distintas, niveles de educación diferente. Por razones culturales, los diversos países tienen también diferentes niveles de voluntariado.

Los voluntarios participan mediante Organizaciones No Gubernamentales, grupos juveniles o clubes, entre otras formas de asociación. Cada una de estas instituciones tienen a su vez, objetivos diferentes: trabajo con minusválidos, con infantes, con jóvenes en riesgo social, con enfermos o adultos mayores. También algunos colaboran con hospitales, otros están presentes en colegios, hay otros que colaboran con los migrantes y algunos trabajan en apoyo a los niños o a los encarcelados.

En general, los voluntarios apoyan diversos grupos sociales que están en necesidad. Pero también ocurre que hay voluntarios que acuden para ayudar en situaciones puntuales como, por ejemplo, ante desastres naturales o grandes campañas de beneficio.

Los voluntarios acuden ahí donde hay una necesidad y las estructuras normales de la sociedad no están llegando. Cubren espacios informales que se ven enriquecidos con su presencia. La presencia de los voluntarios, aunque pueda ser sutil, poco difundida o conocida, es fundamental para que muchos seres humanos puedan sonreír cada día.

Este mes el Santo Padre nos invita a pedir por todas estas personas, que sirvan con generosidad y, por qué no, tal vez puedo incluir una oración para que yo mismo pueda desarrollar algún tipo de voluntariado en beneficio de mis hermanos y hermanas. 

Terminamos con unas palabras del papa Francisco cuando visitó el Centro Astalli, del Servicio Jesuita a Refugiados, en Roma, en septiembre de 2013:

Servir. ¿Qué significa? Servir significa acoger a la persona que llega, con atención; significa inclinarse hacia quien tiene necesidad y tenderle la mano, sin cálculos, sin temor, con ternura y comprensión, como Jesús se inclinó a lavar los pies a los apóstoles. Servir significa trabajar al lado de los más necesitados, establecer con ellos ante todo relaciones humanas, de cercanía, vínculos de solidaridad. Solidaridad, esta palabra que da miedo al mundo desarrollado. Intentan no decirla. Solidaridad es casi una mala palabra para ellos. Pero es nuestra palabra. Servir significa reconocer y acoger las peticiones de justicia, de esperanza, y buscar juntos los caminos, los itinerarios concretos de liberación.

Segunda palabra: acompañar. En estos años, el Centro Astalli ha hecho un camino. Al inicio ofrecía servicios de primera acogida: un comedor, una cama, una ayuda legal. Después aprendió a acompañar a las personas en la búsqueda de trabajo y en la inserción social. Y, por lo tanto, propuso también actividades culturales para contribuir a hacer crecer una cultura de la acogida, una cultura del encuentro y de la solidaridad, a partir de la tutela de los derechos humanos.

Tercera palabra: defender. Servir, acompañar, quiere decir también defender, quiere decir ponerse de lado de quien es más débil. Cuántas veces alzamos la voz para defender nuestros derechos, pero cuántas veces somos indiferentes hacia los derechos de los demás. Cuántas veces no sabemos o no queremos dar voz a la voz de quien —como vosotros— ha sufrido y sufre, de quien ha visto pisotear sus propios derechos, de quien ha vivido tanta violencia que ha sofocado incluso el deseo de tener justicia.