Amos Oz: ¿Quién No era Judas?

Amos Oz es: “Uno de los más importantes escritores, no sólo israelíes sino internacionales de nuestro tiempo. Amos Oz (Jerusalén, 1939) forma parte, junto a Abraham B. Yehoshua y David Grossman, del más célebre triunvirato de novelistas actuales en lengua hebrea. Apasionado, con un verbo deslumbrante e imaginativamente poético, interpelador incisivo de las más variadas cuestiones humanas y morales de su tiempo y de la Historia común que les hizo nacer como una nación en su día, Amos Oz ha logrado combinar siempre de manera eficaz y turbulenta, con una fusión sumamente atractiva de drama y comicidad, la íntimo y lo general.” Así comienza el capítulo dedicado a Amos Oz de Mercedes monmany en su fantástico libro: Por las fronteras de Europa publicado por Galaxia Gutenberg.

Leo siempre con renovado interés a Amos Oz. Habla de cuestiones que me resultan próximas, recuerdo la emoción al descubrir en Una historia de amor y oscuridad que leía con pasión la enciclopedia judaica. También yo desde niña consulto nombres y entradas de esa magnífica obra gracias a la biblioteca de mi padre. Pero al leer su último libro Judas me di cuenta del porqué de esta afinidad. Amos Oz representa una generación de escritores judíos que participan y sintetizan a la vez el mundo de fuera y de dentro. Si Albert Cohen representa lo que llamo judío de frontera por situarse entre el mundo judío diaspórico y el occidental, Amos Oz es quien mejor puede expresar la inquietud del judío moderno que llega a Israel. Habla desde un conocimiento profundo del significado del exilio frente a la llegada, la subida, la alia, es decir el retorno a Sion. Pero también frente al conflicto cuestiona el cómo. Tanto en sus libros como en su actividad como ciudadano mantiene una visión abierta y comprometida con el Shalom, la Paz que en la idea judía talmúdica va mas allá del pacto. Se trata de sabiduría, armonia. Algo muy difícil de adquirir, tan escasa sobre todo en nuestros días.

Judas, es una novela ensayo, que narra un misterioso encuentro de un estudiante, Shmuel Ash, con una bella mujer y un anciano tras a una ruptura amorosa y la crisis económica de sus padres en el invierno de 1959. Shmuel encuentra un cartel que anuncia un trabajo en el que tendría derecho a una habitación en la casa. Su cometido consistiría en dar conversación durante unas horas a un anciano erudito. Ese lugar ejerce en él una extraña atracción especialmente por la silenciosa presencia de la mujer que es la esposa del hijo del anciano caído en combate. También le atraen las conversaciones que mantiene con el erudito y la figura ausente de un amigo y padre de ella que fue excluido de los círculos académicos por sus ideas. Esta situación permite entrar en la piel de la situación emocional de unos personajes heridos por acontecimientos que les sobrepasa: la guerra, la shoah y la crisis económica forman los hilos sobre los que van creándose redes de un dialogo profundo y singular. Pero aquel que realmente lleva el peso de la reflexión sobre la que gira la obra, gracias a la escusa de que el estudiante escribe una tesis sobre él, es Judas. Es en estas reflexiones históricas donde la novela se liga con un pasado judío europeo en el que desde tiempos remotos se quiere exculpar a los judíos de la maliciosa acusación de asesinar a Jesús, en definitiva un judío. Según la tesis de Ash Judas en realidad quiso ayudarle, pero lo que sorprende al estudiante es porqué si también los demás son judíos es únicamente Judas quien aparece en la historia como tal. Por lo tanto conecta esta obra con el pensamiento judío universal, y, como tantos escritores de la diáspora, trata finalmente de analizar el antisemitismo, como manifiesta esta frase de la novela: “Jesús y todos sus apóstoles eran judíos descendientes de judíos. Sin embargo, el único de ellos que está grabado en la conciencia popular cristiana como judío, como el que representa al pueblo judío en su totalidad es Judas Iscariote.”

Amos Oz en esta novela no es un novelista preocupado por la síntesis. Quiere armonizar pasado, origen y actualidad, aunque trate de 1959 nada de entonces deja de ser esencial hoy. El peso de la narración cae ante la profundidad de la tesis; sin embargo, la novela, lenta, en ocasiones compleja, ilumina gracias a sus personajes y diálogos enfrentados sombras de la realidad historica y presente de una sociedad tristemente incomprendida. No únicamente la guerra sino los años de exclusión y maltrato herencia del exilio judío: “Pero resulta que Jesús no era cristiano, Jesús nació judío, murió judío (…). El propio Jesús dijo explícitamente: No he venido a cambiar ni una sola letra de la Toráh.”

La novela termina con una pregunta sin formular, porque la pregunta que es la base del conocimiento, es siempre la clave, sólo que en esta ocasión la pregunta la debemos imaginar, proporcionar los lectores. “Lo dejó sobre el asfalto polvoriento. Sobre el petate puso con cuidado el abrigo, y también el bastón y el gorro. Y se preguntó.”

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