Os habla un defensor acérrimo de la buena tecnología, alguien que confía plenamente, pero no ciegamente, en el logro que su pone y en sus posibilidades para bien de la humanidad. Os habla alguien que contempla este cambio como un paso irreversible de la humanidad, pero no como el fundamental. También alguien que está reclamando una y otra vez que la tecnología por la tecnología está vacía, que lo nuclear o se pone desde lo mejor de la humanidad  o terminará en una nueva forma de esclavitud -esclavitud muy moderna y de última generación, pero esclavitud al fin y al cabo-. La tecnología no puede dar la felicidad a nadie.

Como profesor contemplo desde hace un tiempo que el móvil es un asunto problemático. Porque los chavales, los jóvenes e incluso los niños, no saben usarlo y se ven con él en las manos perdidos y perdiendo el tiempo. Saben muchas cosas, en verdad, pero conviene no perder de vista que son todavía muy jóvenes. Perdidos en un universo de relaciones, que como toda relación es compleja, y posibilidades a golpe de tecla. Perdiendo el tiempo porque devora inconscientemente su tarde, su ocio, su estudio, su cara a cara, su ritmo, su atención, su concentración, hasta su sueño. Tengo la sensación de que muchos móviles tienen tanta importancia en la cotidianeidad que han pasado a usar la vida de vuestros hijos para funcionar.

Los consejos básicos ya os los sabéis. Son básicos porque ponen la base, porque son fundamentales para el buen desarrollo de vuestros hijos. No por otros motivos, no os confundáis. Aunque muchos de estos chicos parezcan adultos no lo son. Es un engaño estético de nuestra cultura, de la que muchos criticamos que acelera procesos en ellos que atrofian su madurez y minimizan excesivamente su “tiempo de cocción”.

1.    Estad atentos a lo que hacen vuestros hijos con el móvil. Puede ser lo más inocente del mundo o no. Puede ser de gran ayuda o no. Puede servir a su entretenimiento o volverse fuente de problemas incontables. Lo más extremo también existe y no pocas veces caen en esas circunstancias chavales de lo más normal. Si no sabéis, preguntad, buscad información, estad un poco al día de ciertas cosas.

2.    Vigilad para que el móvil no sea el lugar principal donde sacien sus necesidades. De ocio, de relación, de consejo, de desahogo, de reconocimiento, de libertad, de sentirse acogidos, de verse apreciados, de alimentar su alma, de recibir conocimiento. El hogar, también el colegio, de manos de adultos y acompañados por ellos, es el mejor espacio para que los chavales crezcan. ¡Me parece crucial!

3.    Poned orden en su vida. De mano del desorden surgen también el caos, la confusión, el debilitamiento de los criterios, la falta de referentes. El orden ayuda en dirección contraria a construir personas desde la seguridad personal, desde el dominio de sí, y así luego se afrontan los retos que van apareciendo en la historia. Muchos chavales usan el móvil caóticamente, en cualquier momento sin distinguir, y por tanto sin respetar ambientes, sin respetarse a sí mismos y cuidarse lo suficiente.

4.    Aburrirse también enseña muchas cosas. Aburrirse y aprender a estar, a escuchar, a mirar, a dialogar con uno mismo, incluso a protestar y quejarse correctamente. Cuando algunos padres ofrecen a sus hijos tecnología para evitar este pequeño conflicto interno, a mí me da por pensar en la cantidad de cosas tediosas y costosas que tendrá que afrontar. ¿Estará preparado, habrá sido fortalecido, o querrá que todo sea juego y diversión? Quizá exagero un poco, pero no soy el primero que habla en este sentido.

5.    Educad en el buen uso. Para esto hay que formarse, en verdad. El móvil es un universo entero al alcance de cada joven. Pero no hace nada por sí solo, siempre necesita de alguien detrás que sepa lo que quiere. Educar en el buen uso es precisamente esto, que vuestros hijos vayan aprendiendo qué quieren y que quieran lo mejor, que su voluntad no sea volátil y frágil, que sean capaces de saber lo que quieren y se comprometan irremediablemente con ello. Educar en el uso del móvil es responder a la pregunta qué quiero hacer con esto, por qué estoy en las redes, qué saco de ello. También saber a dónde me lleva.

6.    No permitáis que el móvil robe la imagen de vuestros hijos, mucho menos su identidad. Los jóvenes hacen imágenes consciente e inconscientemente, y las suben a la red. Tejen su identidad digital y todo lo que hacen se va de sus manos, pierden el control. Quedará ahí para siempre. No permitáis que se les robe esta parte tan importante de sí mismos, como si tal cosa, como en un juego y sin dirección ninguna. Cuando vayan a buscar trabajo en el futuro, todo lo que están haciendo también se podrá consultar. Es importante que sepáis que están forjando su identidad, no pocas veces a espaldas de su propia realidad y aprendiendo a engañarse a sí mismos.

7.    Estad cercanos a vuestros hijos. Lo cual no significa que os hagáis un perfil y les cotilleéis el móvil sin su permiso. Tenéis el regalo de compartir con ellos casa y hacer hogar día a día. Que sepan que pueden hablar con vosotros sin aparatos, sin medios, cara a cara, con confianza.

8.    Su vida no se puede reducir al móvil. En algún momento hay que dejarlo claro, porque es evidente y lo saben. Haced contraste en este sentido, para que abran bien los ojos a todas las personas que no están ahí, en Instragram, en Snapchat, en Twitter, en los videojuegos. El mundo es más amplio, no se contiene en ningún móvil. Los chavales no merecen crecer en micromundos y pequeños invernaderos protegidos de la que está cayendo.

9.    En la red, también hay buena y mala educación. ¿Quién educa esto? ¿Quién corrige cuando algo va mal? ¿Quién refuerza lo mejor? ¿Quién está entonces, como pregunta última, modelando la personalidad de vuestros hijos? La buena educación empieza, como sabemos, en casa. También tenemos claro que resulta muy fácil torcerse, e incluso perderse. La buena educación empatiza, cuida las formas, sabe hablar y tratar a los demás como se merecen, y sobre todo es una postura en la que la persona demuestra su propia dignidad.

10. No dejéis que usen a vuestros hijos. Ni las grandes empresas, ni las campañas publicitarias, ni las modas, ni las falsas ideas de felicidad. No permitáis que se conviertan en blanco fácil de voluntades interesadas, de propuestas que adormecen, que esclavizan, que deciden por ellos y por vosotros lo que tienen que hacer, vivir, esperar, desear. Proteged a vuestros hijos de quienes no están verdaderamente preocupados por ellos.