¿Qué quieres ser de mayor? Trabajar por los Derechos Humanos

De pequeña quería ser policía o monja, ¡y lo conseguí! A los seis añitos no sabes que existen otras profesiones con el mismo interés por el bien social. En la más sencilla visión de una niña, aquellos adultos que ayudaban a las personas sin recursos, no estaban representados por un gran abanico de profesiones. Por mucho que no me acabaran de encajar ninguna de estas dos geniales apuestas, seguí dándole vueltas a cómo hacer posible mi vocación, hasta que finalmente encontré la que estaba hecha para mí: trabajar en una entidad que lucha por los derechos de la infancia en riesgo de exclusión social.

Es apasionante esa capacidad de los niños y niñas de no perder su esencia, su inocencia, esas ganas de jugar y de conectar con el otro, por muy duras que sean sus circunstancias. Se revuelven y revelan cuando algo no les parece bien, lo demuestran con conductas agresivas, represivas o evasivas. Y luego, después de escucharles y apoyarles sobre cómo gestionarlo, “vuelven a ser niños”, surgiendo esos momentos tan entrañables y genuinos, como una mirada cómplice, una carcajada, un abrazo. Se trata de instantes de reconocimiento mutuo entre niño y adulto, en el que el niño o joven sabe que puede contar con el otro, aportándole seguridad y tranquilidad.

En un mundo idílico, ese adulto de referencia, que te pone límites cuando los necesitas, que te da el empujoncito que te falta cuando tienes miedo, que te abre nuevos mundos, que te marca un esquema de vida que te permite construir los cimientos sólidos de tu persona, es tu padre o tu madre, tu tía o abuela, o en definitiva, alguien que convive contigo en tu día a día.

Sin embargo, no todos los jóvenes cuentan con adultos con las capacidades y habilidades necesarias para ser ese ejemplo a seguir. Cuando esta figura, la del referente positivo para el menor, es extremadamente débil, es cuando intervienen los Servicios Sociales. Éstos analizan la situación familiar del menor, derivando a la familia al servicio o entidad especializada que pueda responder a sus necesidades.

Desde el Centre Sant Jaume de la Fundació Carles Blanch trabajamos en el proceso de aprendizaje de los niños y sus padres que les permita, en un futuro, mantener unas dinámicas familiares sanas, si necesidad de ayuda externa. Para ello se requiere de un trabajo de acompañamiento a largo plazo por parte de un equipo profesional cualificado.

Las familias con las que trabajamos hacen frente a situaciones muy complejas, algunas suponiendo un mayor riesgo para el menor que otras. Se trata de familias con escasos recursos económicos, algunas de ellas sobreviviendo con menos de los 426€ de la ayuda familiar básica que tramita Servicios Sociales. Son padres y madres cuya situación les ha llevado a cometer intentos de suicidio; a no poder soportar hacerse cargo de sus hijos y pasárselos como una peonza entre los abuelos, tíos y varios familiares; padres con causas delictivas o en prisión, entre muchas otras. Eso sí, aquellos con los que trabajamos quieren que sus hijos tengan oportunidades y crezcan sanos, pero sus circunstancias personales o enfermedades mentales o el entorno en el que ellos mismos han crecido, no les permite ser esos padres y madres que todos queremos ser para nuestros hijos.

Ante estas situaciones en las que se desarrollan los niños y niñas, se cuenta con un equipo de educadores y trabajadores sociales, de psicólogos y pedagogos, que ayudan a fortalecer el núcleo familiar para que se desarrollen unas relaciones y hábitos saludables en su día a día, poniendo el foco sobretodo en el menor.

Desde este punto de vista, para conseguir estos cambios en las rutinas diarias de los chicos y chicas en los que habitualmente surge el conflicto, qué mejor que recrear estas situaciones cotidianas, para intentar que, desde la práctica, estas situaciones se desarrollen de una forma normalizada y positiva para el joven.

Así, por las tardes, después del colegio, los menores en vez de ir a su casa acuden al Centre Sant Jaume de Badalona. Allí se recrea una tarde habitual en la que los niños meriendan y juegan un rato, hacen los deberes de la escuela, realizan talleres lúdicos y cenan. En todos estos espacios el educador social está pendiente de las reacciones de cada niño, que como decíamos antes, dada la situación en su casa, puede reaccionar de forma violenta o evadirse en momento de frustración personal o estrés, generado en la interacción con sus compañeros o adultos. Es en estos momentos en los que el Equipo Educativo puede trabajar con el menor, ayudándole a gestionar la situación, a hacerle consciente de sus sentimientos y ayudándole a canalizarlos.

En función de las situaciones y reacciones que se observan por las tardes en el Centro, de lo que el chico o chica es capaz de contar a medida que va cogiendo confianza con los educadores, y de su situación personal o familiar, el trabajo del educador social se complementa con el de un acompañamiento psicológico. Éste puede realizarse de forma individual o grupal, y va dirigido tanto a padres como niños.

De esta forma, se ofrece una respuesta integral a los niños, niñas, jóvenes y a sus familias, en el que los educadores de referencia se coordinan con otros profesionales especializados del mismo Centre Sant Jaume, o bien con profesionales externos que actúan de referentes para la familia, como los equipos de Servicios Sociales o los profesores de la escuela a la que acude cada chico o chica.

Con este trabajo en red y coordinado, ofrecemos mucho más que un espacio de juego o de refuerzo escolar a los niños y niñas en riesgo de exclusión social de Badalona. Ofrecemos el espacio y atención de calidad, y especializada, que los niños necesitan para construir los cimientos de su personalidad, ayudando a sus padres para que un día lo puedan realizar de forma autónoma.

Realizar este trabajo supone una grandísima responsabilidad y una motivación personal con un fuerte componente vocacional. Después de ya casi diez años trabajando en la gestión de proyectos de infancia en riesgo de exclusión social, podéis imaginar mi gran sorpresa cuando hace poco rescaté del olvido a esa niña de 6 años que de mayor quería luchar por una justicia social, y me di cuenta de que encontré mi propio camino para hacer realidad mi temprana vocación.

Silvia Sala Capdevila

Fundació Carles Blanch- Centre Sant Jaume

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