¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por la libertad?

Mucho se ha hablado en estos días sobre la libertad. Se ha debatido y defendido la libertad de  expresión. En nombre de la libertad por la que muchos dejaron sus vidas en Europa y a la que nos hemos acostumbrado, nos hemos manifestado en las calles; o por qué no, en Facebook o Twitter, cada cual como ha querido. #JeSuisCharlie o  #JeNeSuisPasCharlie

El domingo en Paris vimos unidos a dirigentes mundiales, muchos de ellos europeos, para decir ‘No al terrorismo’. El tema de la libertad es otro cantar. En pleno shock, algunos países como Francia, Reino Unido, Bélgica, Alemania y España ya han anunciado las primeras medidas o propuestas para que lo acontecido en París no vuelva a suceder. ¿Cómo lo van a hacer? Reforzando y aumentando la seguridad, con medidas que todo parece indicar nos llevará una vez más a un recorte de derechos.

Tras atentados como los de Paris, Londres, Nueva York o Madrid la percepción de inseguridad sube, los titulares anuncian que Occidente es un objetivo claro del yihadismo. Pero lo que no podemos perder de vista es, como comentaba el economista y militar retirado Jesús Núñez en el Foro Arrupe, que en 2014, 10.000 atentados se produjeron en el mundo. Dejaron unos 18.000 muertos en 60 estados, 15.000 de ellos en 5 estados, ninguno occidental.

Por si este dato no fuera suficiente, Núñez, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH)  nos comparte otro más: “solo el 5% de los atentados producidos en el mundo desde el año 2000 han ocurrido en Occidente”. Somos un objetivo más en su dimensión internacional, claramente sí, pero lo que también queda claro es que no somos el principal y que esto no es una lucha contra Occidente.

Necesitamos personas comprometidas con nuestra sociedad, con los tiempos que nos ha tocado vivir y con la historia, necesitamos periodistas, analistas, políticos y ciudadanos que dimensionen la realidad. Tenemos la responsabilidad en nombre de la libertad de desmontar mensajes y percepciones que en nada ayudan porque no existe una sola manera de vivir el islam, ni existe un único perfil de musulmán, ni ningún Dios ha mandado matar a nadie. “Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre” dijo Sebastian Castellio, uno de los principales humanistas y teólogos europeos que en pleno s. XVI escribió sobre la libertad de conciencia.

Vivimos en sociedades libres, nos hemos acostumbrado a opinar libremente, a transitar fronteras sin detenernos, a votar, a manifestarnos y, en parte como consecuencia de esa libertad, nos ha nacido la necesidad de asegurarlo todo, incluso la vida. Siendo conscientes de la hipocresía e incoherencia de nuestros países que con una mano se manifiestan contra el terrorismo y con la otra compran petróleo a países que lo financian, la pregunta que surge ahora es, ¿qué precio estamos dispuestos a pagar por la libertad? ¿Es la seguridad la única forma de luchar contra el terrorismo?

Nuñez nos recuerda que la historia enseña que confiar solo en la seguridad no solucionará el problema ni en Europa ni en ningún lugar de este planeta. Se echan de menos medidas políticas, sociales y económicas, en definitiva respuestas integrales a problemas complejos y globales que hagan mucho más difícil que jóvenes criados en Europa decidan unirse a grupos terroristas. Y por supuesto, una vez más en respuesta al terrorismo y en defensa de la libertad lo que necesitamos es apostar como decía el profesor Núñez, “por la educación, la educación y la educación”. No sólo en Europa, sino en todos los rincones de este nuestro mundo.

[Fotografía: Francisco Campos SJ]

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