¿Qué justicia? Una lectura contextual ignaciana

¿Cómo se orienta el impulso hacia la justicia en el mundo de hoy que nace desde la tradición cristiana e ignaciana-jesuita en la actualidad?

La última Congregación General de la Compañía de Jesús llamaba a proseguir el servicio de la fe y promoción de la justicia que nace de esta fe como horizonte de orientación hoy en nuestro mundo desde la misión de reconciliación:

“En este mun­do global, marcado por tan profundos cambios, queremos profundizar ahora nuestra comprensión de la llamada a servir a la fe, promover la justicia y dia­lo­gar con la cultura y otras religiones a la luz del mandato apostólico de esta­blecer relaciones justas con Dios, con los demás, y con la creación”.

Por ello, en este contexto, la CG 35 expresa también un para qué de la misión actual de quienes se sitúan en la tradición cultural y espiritual de la Compañía, que se entiende como la tarea de establecimiento de relaciones justas en clave de reconciliación de las tres grandes fronteras que fracturan el mundo, en lo que se ha denominado “un tríptico de relaciones“:

En primer lugar, reconciliación con Dios, en el contexto de la problemática relación de los hombres y mujeres con Dios desde la cultura dominante secular, individualista, materialista y postmoderna. En segundo lugar, reconciliación de unos con otros en una sociedad global desigual, con dinámicas neocoloniales, para tender puentes entre pobres y ricos. Así, el trabajo intelectual que se realiza desde la Compañía, “nos proporciona una ayuda inestimable para establecer estos puentes, ofreciéndonos nuevos modos de entender en profundidad los diversos mecanismos e interconexiones de los problemas actuales” (CG 35, D3, 28). Conocimiento en profundidad de los mecanismos de las injusticias sociales que permite, a su vez, ofrecer nuevas posibilidades de desarrollo social. Y en tercer lugar, reconciliación con la creación. El cuidado del medioambiente, está interrelacionado con las otras fronteras, pues “afecta a la calidad de nuestra relación con Dios, con los otros seres humanos y con la misma creación” (CG 35, D3, 31). El modo actual de explotar las fuentes energéticas y otros recursos naturales está dañando el equilibrio ecológico y amenazando el futuro en el planeta. Quienes más están sufriendo las consecuencias medioambientales de los diversos deterioros son los pobres. Comunidades pobres han sido desplazadas, al igual que pueblos indígenas. En este contexto, esta Congregación urge a todos los jesuitas y a quienes comparten la misma misión, en particular a las universidades y centros de investigación, a promover estudios y prácticas orientadas a enfrentar las causas de la pobreza y a mejorar el medio ambiente: “Debemos encontrar caminos en los cuales nuestra experiencia con los refugiados y los desplazados, por una parte, y con las personas que trabajan en la protección del medio ambiente, por otra, interactúen con aquellas instituciones, de forma tal que los resultados de la investigación y la incidencia política consigan beneficios prácticos para la sociedad y el medio ambiente. Esta incidencia política e investigación deberían estar al servicio de los pobres y de quienes trabajan en la protección medioambiental” (CG 35, D3, 35).

En suma, la formulación de la misión en la CG 35 recoge, pues, un proceso de ampliación y de explicitación del campo con respecto a las últimas décadas e incluso de su expresión formal ori­ginaria, pe­ro un mismo pathos de servicio transformador en el mundo. El lugar de des­ti­no, no es ya un simple lugar físico, es ubicuo, se encuentra “en todas partes”, quizá porque la “redondez” de la tierra lo ha hecho más inter­con­ectado, interde­pendiente y circular que nunca por dinámicas de interacción, pero también atra­ve­sadas por la violencia y el sufrimiento y el deterioro medioambiental. Por ello, si es pertinente la promoción de la justicia como parte inseparable de la misión de servicio al Evangelio, la justicia animada desde la fe cristiana, abre también una serie de posibilidades que pueden ser realizadas desde las universidades jesuitas. Así, podemos entender también que la promoción de la justicia exige el trato respetuoso a las culturas y entre las culturas y sus creencias y religiones (justicia intercultural e interreligiosa); y parte de esta justicia intercultural es el justo diálogo entre ciencias, culturas y tradiciones religiosas (justicia epistémica). A su vez, una fe y espiritualidad que nos conecta y sitúa en toda la realidad natural del mundo, nos demanda hoy una justicia ecológica.

Foto: Francisco Campos, SJ

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