¿Qué datos queremos?

EL CUENTO DE LAS CUENTAS. Dibujo: Jorge Álvaro González@lineograma

De la transparencia maquillada a la rendición de cuentas activa.

Esta semana leía en El País que España sigue a la cola de la UE en indicadores sociales pese a la recuperación. Pero como España, además, es diversa, esos mismos indicadores varían de una comunidad autónoma a otra. Datos necesarios y preocupantes, pero que en muchas ocasiones solo contribuyen al pesimismo y frustración.

Los profesores Russell Golman, David Hagmann y George Loewenstein de la Universidad Carnegie Mellon argumentan que, en muchas ocasiones, decidimos evitar la información de forma activa. Muchas veces porque los datos pueden contar cosas que preferimos obviar –lo hemos hecho mal, contradicen nuestras ideas… Más sorprendente aún, esta mala interpretación o negación de los datos se incrementa con la inteligencia o el nivel educativo.

Pero, en plena cuarta revolución industrial, ¿podemos seguir evitando los datos? O, ¿nos llevará el exceso de datos a la “infoxicación” que argumenta mi buen amigo Fernando Tobías? Los datos están revolucionando nuestra forma de trabajar y relacionarnos. También en el ámbito político y social. Para no “ahogarnos” en el exceso de información, a veces incomprensible y a veces excesivamente maquillada, ¿qué datos queremos?

A principios de esta década, una intervención en Uganda de gobernanza local basada en datos mejoró la prestación de salud primaria. Un año después de la ejecución del proyecto, la mortalidad en niños menores de cinco años había disminuido en un 33%. Las comunidades donde se ejecutó no recibieron más enfermeras, medicamentos, equipos o recursos materiales. Los investigadores desarrollaron “tarjetas comunitarias de valoración del servicio” que proporcionaban información detallada sobre la calidad del mismo, comparando los indicadores con los de otras comunidades. Las comunidades utilizaban esa información para identificar problemas en los servicios de salud y desarrollar planes de acción para solucionarlos.

En la ciudad de Los Ángeles, los datos y su visualización han ayudado a reducir la basura y suciedad en sus calles en más de un 80% en 2016. Los datos de basura y suciedad recogidos por las instituciones se visualizaban públicamente utilizando GeoHub, responsabilizando de su mejora tanto a autoridades como a ciudadanos y comprometiendo a ambos.

También en España la introducción de los datos de accidentes y muertos en carretera en los telediarios y medios a principios de este siglo contribuyeron, junto con políticas adecuadas, a la reducción del número de muertos en carretera en un 80% entre 1990 y 2015 (DGT, 2016).

Todas estas intervenciones tienen en común que estaban diseñadas para producir mejoras concretas y visibles en los servicios públicos que pudieran contribuir de forma directa a la calidad de vida de los ciudadanos. Reflejan la evolución de la transparencia desde un fin en sí misma a una herramienta para tratar las preocupaciones de los ciudadanos de forma práctica y específica a través del mejor desempeño público.

Entonces, ¿qué tipo de transparencia queremos? El profesor Archon Fung caracteriza el éxito de las intervenciones de datos y transparencia para mejorar los resultados de la acción pública en cuatro elementos:

  1. La información debe ser relevante y accesible a los ciudadanos o al grupo de beneficiarios.
  2. La información debe hacer que los usuarios alteren sus decisiones y acciones. Por ejemplo, en el caso de los servicios de salud, los ciudadanos podrían utilizar la información sobre el servicio para elegir un proveedor diferente o ejercer más presión en el actual. Tanto los ciudadanos como las instituciones pueden cambiar sus acciones.
  3. Estas acciones afectan a los gobiernos e instituciones de una manera relevante y consecuente. La protesta puede hacer que uno de ellos pierda un contrato o una elección.
  4. El gobierno y las instituciones responden de manera constructiva a las acciones ciudadanas y tratan de abordar las causas de las mismas. La información acerca de estas respuestas se retroalimenta como nueva información sobre el gobierno, su capacidad de respuesta y voluntad para mejorar, completando el ciclo y provocando nuevas acciones por parte de los ciudadanos.

Muchos datos nos proporcionan “proporciones”. Otros tantos datos nos cuentan la calidad del camino recorrido. Y otros nos cuentan lo que falta para alcanzar la meta. Pero muchas veces, demasiadas veces, son solo cuentos sobre las cuentas que maquillan datos que ocultan realidades. Por ello, debemos aprender a exigir datos útiles y convivir con los inútiles, pues vivir sin ellos es desperdiciar una luz en cada oscuridad.

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