Prudencia

En la concepción católica de la política, la prudencia–el sentido de la realidad, si se quiere–es la principal de las virtudes del gobernante. Lo peor que se puede decir a alguien que decide en nombre de millones, es que sea un imprudente.

La prudencia va antes que la justicia: por justo que algo parezca, no es bueno como no sea prudente. Si gracias a nuestros desvelos los pobres acaban peor que empezaron, nuestras acciones habrán perseguido con ahínco la justicia, y habrán sido a la vez muy malas. Moralmente malas. El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Incluso si se cree en cierta buena voluntad detrás de la dirigencia bolivariana, algo ya muy difícil a estas alturas, véase Venezuela para entender lo que digo.

Las elecciones mostraron una presencia importante, alrededor del 30%, de opciones políticas que quieren dinamitar el sistema constitucional vigente. En ese 30% se reúnen quiénes sienten que no tienen mucho que perder en lo social, junto con quienes quieren formar país aparte bajo su control. Ambas son opciones políticas legítimas pero imprudentes en el sentido de que hay mucho que perder, y muy deprisa, en la situación económica actual.

Actuar como si la economía no fuera global, como si el capital no fuera libre de moverse, o como si la inestabilidad no resultara carísima, es un suicidio. La estructura económica dominante no es como uno quisiera, sino como es. Que venga el hermano Tsipras y lo explique. Los que creen que no pueden empeorar económicamente (porque no tienen trabajo, por ejemplo, o lo tienen de muy mala calidad) pueden sin embargo perder el Estado del bienestar, que les sostiene aunque sea por vía de la pensión de la abuela. Los que quieren formar tienda aparte pueden perder la unidad del mercado de que viven sus empresarios y trabajadores: la bajada de recaudación fiscal puede ser bastante mayor de los soñados 16000 millones.

Las elecciones mostraron también una presencia más importante, alrededor del 70%, de opciones políticas que no quieren destruir el sistema constitucional vigente. Resulta difícil estimar cuántos querrían mantenerlo exactamente como está, y cuántos creen que son precisas reformas de calado. Pero a estas alturas está claro que esas reformas, de la cual la más importante es la restauración inmediata de la independencia del poder judicial y su financiamiento suficiente para hacerlo operativo y rápido, resultan imprescindibles para que cualquier combinación política más prudente desde el punto de vista económico, gane la legitimidad moral necesaria.

La imprudencia que nos preocupa no es de los devotos de patrias diversas, ni de los leninistas irredentos o los hijos de Bakunin. Esas imprudencias se las ve venir, no hace falta gran clarividencia para predecir el desastre. Sin embargo, escondida detrás de ellas, vistiéndose de prudente porque al lado de la catástrofe económica cualquier cosa lo parece, se oculta otra forma de imprudencia, sutil pero decisiva: la de quien ignora las condiciones morales del liderazgo político. Poco importa si lo hace mirando para otro lado, o si lo hace gritando más que nadie la acusación de corrupto al otro mientras el propio historial, hasta el presente, no permite tales alegrías.

Imprudencia política es no saber cuándo uno ya no puede encarnar las condiciones morales de la legitimidad política. No retirarse y dejar el paso a quienes, sin compromisos con la cleptocracia masiva del pasado autonómico y municipal inmediato, hagan las reformas que el 70% necesita para volver a creer en su democracia.

En quien aspira a gobernar, si no hay prudencia, lo demás está de más, que diría Mecano. Por acción o por omisión, vender el 70% del electorado al 30% más desestabilizador, constituye una imprudencia muy grave.


Imagen tomada de: https://www.pinterest.com/pin/368591550726846818/

 

7 Comentarios

  1. Coincidimos totalmente Raúl en el diagnóstico, que a mi juicio expresas magníficamente bien en tu POST sobre las elecciones (http://entreparentesis.org/elecciones-nacionales-y-competencia-internacional/ ) cuando dices: “El Estado se ha convertido en un barco que navega como puede en un mar que no controla (en referencia al terrible entorno internacional de competencia entre Estados por atraer el capital)”.

    Y coincido también en el Ideal que planteas en ese mismo POST cuando dices: “El único voto cristiano que puedo imaginarme entiende que la situación actual constituye una transición hacia formas globales de gobierno de la competencia, y que el bien común que debe perseguirse en la decisión política, es el bien común de toda la Humanidad. Se trata en último término del bien común de los residentes en el territorio como parte del bien común de todas las personas, no a costa de él.”

    Coincidimos por tanto plenamente en la interpretación del lugar en el que nos encontramos (diagnóstico) y en el destino al que tenemos que llegar (nuestro ideal). ¿Qué políticas nos llevan hacia eso? es lo que requiere de mucho estudio…

    Me has convencido. Sin duda se necesitarán políticas realistas/prudentes, que contemplando lo que hoy es posible, nos encaminen en la dirección de la Justicia global. Pero también vamos a necesitar muchos gestos heroicos que hagan tambalear nuestras conciencias y la cultura global. Ya que es esa cultura global, que hoy venera al dinero, la que al final establece lo que es posible y lo que no es posible en la política.

  2. Creo que tienes mucha razón en que la prudencia en política requiere la verdad. En los discursos políticos, de todo origen realmente, se ha sustituido la verdad por el marketing, esto es, por lo que el auditorio quiere escuchar. La gente respalda posiciones o candidatos sin participar de ningún tipo de prudencia al hacerlo, porque el voto se pide sobre la base de la mentira. El ejemplo que pones es muy claro: el Estado de bienestar va a durar poco si la demografía sigue como va. La “hucha de las pensiones” ha bajado a la mitad, dice la prensa hoy, y con la natalidad que tenemos y sin puestos de trabajo para suplirla con inmigrantes, no queda para mucho más. Dará igual lo que pongas en la Constitución.

  3. Suscribo este post por entero.
    Hace 3 años escribí yo uno vaticinando lo que haría perder poder a Rajoy: “No es la economía, estúpido”, se titulaba.
    Pero si este PP de Rajoy no tiene liderazgo moral, creo que tampoco lo tiene el PSOe de los ERE, el caso de corrupción más grave cuantitativamente de la democracia. Y no el único. La tragedia es que sin PP y PSOe ese 70% al que se refiere el post de Raul se queda en el 17%.

    Hay que pensar que antes o después Rajoy y otros lideres del PSOE desapareceran y que sus partidos son bastante importantes más que ellos. Más gente y más luchadora por la decencia.

    Por cierto, os recomiendo la homilía de ayer, viernes, del papa en Santa Marta: corruptos pueden serlo no solo los políticos…. podemos serlo todos los que en cualquier ambito -eclesiástico, familiar, empresarial…- usamos indebidamente el poder que tenemos, prevaliéndonos de él y siendo autosuficientes.

    Por ultimo, una pregunta: el ppio de prudencia y el ppio de realidad, aquí citados, ¿qué dicen de la viabilidad del sistema de pensiones? Porque por mucho que la Cobstitución blindara el derecho a una pensión de 2000 euros, al final la realidad demografica y presupuestaria se impondrá sí o sí en unas decadas.

    ¿Es bueno hacer pedagogia realista sobre eso, o es mejor tener a la gente en la inopia, prometiendo que no vas a terminar recortando (por subiendo las exigencias de años o cotizaciones o por otras vías…) lo que todos los expertos saben de sobra que se va a recortar inevitablemente en unos años? ¿No es un fraude abanderar causas sociales imposibles de cumplir por puro calculo elrctoral de corto plazo? ¿Cuándo maduraremos como votantes y preferiremos a quien nos dice la verdad amarga frente a la mentira biensonante? Eso también es prudencia y hacerlo no creo que choque con el ideario cristiano.

  4. Jesús no era un legislador, a diferencia de Moisés o Mahoma. Tampoco san Pablo lo era. Más aún, cuando a ambos se les pidió tomar posiciones políticas explícitas, ambos se negaron a hacerlo.
    Entonces, que en política la posición adecuada sea funcionar por principios a cualquier precio en consecuencias, yo diría que es platónico, no que sea cristiano.
    Cuando los cristianos ha participado como tales en política, han preferido con más frecuencia la posición aristotélica que busca el mejor equilibrio posible entre principios y consecuencias, dada la situación.
    También ha habido platónicos, sin duda, pero no les arrogaría yo ninguna superioridad moral en política, que no trata de lo que haces con tu vida sino con la vida de tu pueblo.

  5. Estoy de acuerdo que la opción política cristiana, desde el punto de vista del gobernante, no puede ser, de ninguna manera, llevar al país hacia un desastre que el país no ha elegido libremente.

    Pero creo que sí es perfectamente legítimo y quizás la opción cristiana por excelencia, animar a nuestros hermanos y hermanas a luchar por la Justicia dejando claro, sin engaños, que el resultado es que el Mundo nos va a APLASTAR, como ha aplastado a Grecia. Estoy convencido de que solo existe este camino, no negociar con la injusticia, sino mantenernos firmes hasta ser “aplastados” . Este es el camino que nos lleva a la victoria final. Este es el camino que eligió Cristo y el que le llevó a vencer al mundo.

    Pero para eso se hace preciso no engañar. Dejar claro donde nos conduce y la extraña manera en la que ganamos al final.

    Coincido en que España no está hoy, ni muchísimo menos, en una situación en la que la mayor parte de la gente está dispuesta a mantenerse firme, hasta ser aplastados. Por eso queda mucho por explicar, mucho por anunciar, mucho por comunicar…

    Esto es lo que yo creo que es el cristianismo aplicado a la política.

  6. Claro que hay que promover la justicia, y que la injusticia no es precisamente un accidente natural sino el resultado de estructuras recibidas. Solo que la promoción de la justicia ha de ser prudente, justo para que no resulte contraproducente. Interviene entonces el tema de los plazos: cada paso ha de dejar la cuestión algo mejor que estaba; “agudizar las contradicciones”, que todo vaya a peor para que al final todo mejore, ha demostrado ser una trampa histórica. Al final, por ese camino el templo se derrumba sobre todos, los sumos sacerdotes, los curritos filisteos, y también Sansón. ¿Está Grecia mejor después del show de Varoufakis que si Tsipras se hubiese ahorrado el show y hubiera jugado con las cartas que tenía al llegar al poder?
    De todas formas, mi preocupación con el artículo no es el tipo de imprudencia de echarlo todo a rodar, sino la otra, la que consiste en ampararse en el miedo a los extremismos para no realizar las reformas básicas que nos devolverían, al menos, el Estado de derecho. No sería poco tener una ley operante, igual para todos. Entre otras cosas, la reducción de la arbitrariedad y la corrupción permitiría moverse de manera más eficaz hacia la justicia.

  7. Gracias Raúl por el post. La prudencia es una virtud poco aplicada en la escena política. Coincido contigo en que el principio de realidad debe primar los análisis, y que la economía hoy en día es como es, y no como quisiéramos los que nos gustaría verla más preocupada por las personas empobrecidas hoy, y no mañana, futuro lejano e inaccesible. Pero la economía es como es hoy por decisiones que fueron tomadas en el pasado por estructuras formadas por personas que ejercían la función política. No es un accidente natural.

    La justicia, que supeditas a la prudencia, es un clamor tan real como las reglas de la economía, al que es urgente dar respuesta. Coincido contigo en que es suicida ignorar los mecanismos de la economía (y de la política) internacional pero, ¿no es necesario pujar por cambiarlos? Se lo debemos a tantas y tantas personas…

    No vaya a resultar que la prudencia nos aconseje echar a las personas que huyen de Siria al mar, levantar barreras de espino en las vallas del Sur, acortar la vida de nuestras personas jubiladas…

    Nacho

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