Los pronunciamientos políticos del clero

En las últimas semanas hemos visto diferentes tomas de posición sobre el asunto catalán de grupos de clérigos católicos. Algunas han sido ‘prácticas’ (actividades políticas abiertas en locales y en actos religiosos); y otras más bien verbales (comunicados, declaraciones y semejantes, fuera de contextos litúrgicos). Aquí nos vamos a referir solo a las segundas, a los pronunciamientos políticos del clero.

Puesto que la articulación política de Cataluña es tema candente, los dichos pronunciamientos han sido inmediatamente utilizados para ‘barrer para dentro’, si podían leerse en apoyo de las posiciones del correspondiente agente político; o para descalificar a los clérigos pronunciantes, por quienes estaban en contra. La religión católica, largamente irrelevante en la política española, de pronto ha adquirido un lustre inesperado no por su capacidad de ‘fijar agenda’ en la discusión pública, sino por su utilización en otras agendas político-mediáticas en torno al tema catalán.

¿Por qué sí y por qué no?

No vamos a juzgar aquí las posiciones políticas sostenidas en cada caso. Solo nos vamos a preguntar si los clérigos católicos deben participar como tales pronunciándose en la ‘política concreta’, o más bien no.

  • En un extremo, parece que sí, porque los clérigos son ciudadanos como cualesquiera otros, con variadas funciones sociales que les dan una cierta perspectiva. Si desde esa perspectiva se pronuncian sobre esto o lo otro de la vida colectiva, proponiendo una cierta dirección o articulación política, están en su derecho, como los abogados, los trabajadores sociales o los peritos forestales.
  • En el otro extremo, parece que no, porque hay un riesgo muy grande de lo que podríamos llamar ‘clericalismo’: declarar explícitamente o dejar entender implícitamente que una determinada posición es ‘la voluntad de Dios’, en situaciones donde las alternativas prácticas no son nada claras desde el punto de vista teológico (sea porque desde diferentes teologías legítimas se obtendrían posiciones concretas opuestas; sea porque el asunto en sí mismo es de poca relevancia para el juicio teológico).

Tres elementos de un pronunciamiento político

Los pronunciamientos políticos a que nos referimos, proponen maneras concretas de organizar la vida pública de una cierta sociedad. Para entender mejor lo que ello implica, notemos que todo pronunciamiento político contiene tres elementos (escribí sobre los dos primeros en este post y en este):

  • Una afirmación de principios que se realizan en la posición que proponemos, o que se violan en la posición a que nos oponemos. Esos principios pueden ser religiosos de una cierta convicción teológica, racionales, apoyados en valores compartidos por muchos independientemente de su religión, etc.
  • Una valoración de las consecuencias esperables, que para tener significado ético han de ser universales e igualitarias: es decir, las consecuencias para todos los afectados tomados como igualmente dignos y valiosos.

Como toda opinión moral concreta, un buen pronunciamiento político requiere un balance prudencial razonable entre principios y consecuencias. Nada es bueno solo por sus principios; ni solo por sus consecuencias esperables. Hacen falta las dos cosas para tener una posición buena en la práctica.

Cuando se trata de pronunciamientos políticos, hay un tercer elemento inescapable:

  • El estratégico. Se hace el pronunciamiento para generar o apoyar una cierta acción colectiva. Pero esto no ocurre en el vacío, sino en un medio donde muchos otros actores están intentando avanzar agendas sobre el mismo punto, de manera que nuestro pronunciamiento seguramente va a ser utilizado dentro de esas agendas.

Mientras los principios están “antes” del pronunciamiento, las consecuencias de nuestra propuesta se extienden en el futuro social, y la inserción en muy diversas estrategias ocurre desde el mismo momento en que nos pronunciamos.

Un error común entre los cristianos más comprometidos

Los cristianos hemos heredado, a menudo sin saberlo, una estructura platónica de la moral. Santo Tomás de Aquino y sus seguidores intentaron que nos volviéramos hacia una síntesis más aristotélica, pero no siempre tuvieron éxito. El platonismo moral claramente resurgió en las venas “proféticas” posconciliares, tanto por la “derecha” como por la “izquierda”.

Esa herencia produce que con mucha frecuencia los pronunciamientos políticos de los cristianos más comprometidos supongan que los principios lo son todo. Basta con asentar teológicamente esos principios, para dejar implícito (o explícito) que nuestra propuesta es lo bueno, la concreción de la voluntad de Dios en un momento y sobre un asunto político precisos: hágase lo que mi teología concluye como voluntad de Dios en la Historia, aunque se hunda el mundo.

No sé cuánto es esto un error teológico, pero ciertamente constituye un error lógico. Repetimos: nada es bueno en la práctica solo por sus principios; es preciso hacer un balance prudencial con las consecuencias esperables para todos los afectados. En un sistema complejo como la sociedad contemporánea, puede haber grandes incertidumbres, y por tanto divergencias, respecto a las consecuencias esperables de implementar una propuesta política.

Y ningún pronunciamiento político, incluso si ese balance estuviera bien hecho, resulta adecuado a no ser que además haya considerado su inserción estratégica. No solo nuestra estrategia, sino cómo va a ser usado por los demás en sus propias estrategias a favor, en contra, o con objetivos muy diferentes a los nuestros. Podríamos llamarla la prudencia política, que resulta imprescindible para hacer un pronunciamiento útil.

Especiales capacidades y no-capacidades del clero

Entonces, si repasamos los tres elementos en las declaraciones políticas del clero, podemos notar que:

  • Tiene sentido que quienes hayan estudiado teología y piensen de manera teológica, afirmen que tal o cual opción política concreta realiza valores teológicamente defendibles. Otros pueden pensar lo contrario desde teologías diferentes, a veces solo algo diferentes. Pero en materia de significados teológicos de una posición política, tiene sentido que los clérigos hablen como tales.
  • La defendibilidad teológica de una cierta opción política no la hace automáticamente buena, sin embargo. Es necesario incorporar al razonamiento moral las consecuencias previsibles de tal opción. Sobre ello, el clero no tiene especial capacidad para desentrañar la complejidad social. Lo que alcancen a ver depende de los roles sociales de cada persona (docencia, liderazgo comunitario, asistencia social, medios de comunicación, administración de instituciones) y de sus estudios sobre el sistema social (hay clérigos sociólogos, abogados, economistas, etc). En cada uno de los aspectos, los clérigos no ven más que la infinidad de otra gente que desempeña en la sociedad roles semejantes y/o tienen conocimientos semejantes.
  • Finalmente, la mayor parte de los clérigos no suelen ser políticos de oficio ni para-políticos (altos funcionarios, sindicalistas profesionales, periodistas especializados). Ello frecuentemente los hace ingenuos respecto a la utilización estratégica de sus pronunciamientos, como ocurre por otra parte con la mayoría de la gente (no hay más que ver lo que dicen de política, día sí, día también, deportistas de élite diversos, periodistas de farándula y otros ‘famosos’ expertos en “pillarse los dedos” tomando posiciones que luego los profesionales de la estrategia política utilizan para sus propias agendas).

¿Puede el clero pronunciarse políticamente?

Con estos elementos pienso que pueden extraerse algunas conclusiones razonables (por tanto discutibles, pero con razones, no con vísceras):

  • No hay ningún problema con que los clérigos como tales, solos o en grupo, sostengan que tal o cual opción política concreta es coherente con cierta visión teológica que ellos sostienen. Tampoco hay problema con que otros clérigos lo nieguen públicamente, y que haya por tanto divergencia razonada al respecto. Los católicos de a pie van acostumbrándose a que en los niveles más generales hay considerable unidad sobre las implicaciones prácticas del catolicismo, pero conforme nos acercamos a lo concreto la aplicación de los mismos principios da lugar a una pluralidad de posiciones sobre el valor de las opciones particulares. A veces da lugar a posiciones opuestas, entre las cuales cabe una discusión teológica respetuosa.
  • Pero decir que una propuesta política es coherente con una teología, no implica que sea buena. Las consecuencias para todos deben también considerarse, como hemos señalado arriba. Lo contrario es precisamente clericalismo: sostener que porque nuestra teología nos dice que una concreta opción política realiza la voluntad de Dios, debe hacerse cualesquiera sean sus consecuencias: el gobierno por una teología. Los pronunciamientos políticos del clero deben evitar expresamente este clericalismo. Los clérigos no pueden pretender que por su boca habla Dios respecto a las opciones políticas concretas.
  • ¿Quiere eso decir que los clérigos no pueden pronunciarse sobre la bondad de opciones políticas concretas? Sí pueden, pero no en cuanto clérigos sino en cuanto ciudadanos, por lo que valga su palabra según sus roles sociales y conocimientos. Al declarar su respaldo a una opción política, están afirmando que ofrece un buen balance prudencial entre principios y consecuencias. Sobre principios teológicos pueden saber algo más que el promedio, pero sobre consecuencias sociales no, y un argumento vale tanto como su punto más débil. No es adecuado que, sobre alternativas políticas, haya pronunciamientos solo de clérigos que concluyan en tomas de posición política concreta. El riesgo de incompetencia (y de clericalismo implícito para taparla) es muy grande.
  • Sin embargo, por lo mismo dicho antes, no encuentro problema en que los clérigos firmen declaraciones con tomas de posición política precisas, en cuanto ciudadanos con otros ciudadanos, aportando las particulares perspectivas sobre principios y consecuencias que derivan de su lugar en la vida, que no ha de confundirse nunca con la voz de Dios. Justo esa confusión se evita mucho si tu firma va con las de otros, que están en diferentes lugares vitales y que no pretenden hablar más que por sí mismos. Lo mismo el clérigo en cuanto ciudadano: habla por sí, por lo que él ve como mejor desde donde está en la sociedad.
  • Al hacer declaraciones públicas, sobre todo si únicamente las firman clérigos, estos deben ser conscientes de que van a ser descaradamente utilizadas en todo género de agendas de actores políticos, con todo tipo de intenciones. Eso ocurre incluso cuando (como pasa con las Conferencias Episcopales) se cuida mucho el lenguaje para dificultar la cita distorsionadora. Es una buena razón, de mera prudencia política, para evitar declaraciones políticas solo de clérigos. Hasta cuando se mantienen en lo puramente teológico, sin pretender que lo defendible en principio teológico resulte bueno en la práctica, fácilmente serán manipuladas por unos y otros para implicar precisamente lo que no quisieron decir.

Laicos oyendo a clérigos hablar de política

Finalmente, hay una tarea pendiente para la catequesis católica de adultos que se hace en homilias, grupos y asociaciones cristianas, etc. Igual que enseñamos a la gente a valorar los pronunciamientos del clero en materias de opciones personales, familiares, comunitarias…, entendiendo su alcance, sus límites, el manejo de la unidad y de las pluralidades sin escándalo ninguno, lo mismo pasa respecto a la moral de lo social, la economía, la demografía, la ecología, la política…

Cuando algunos clérigos hablan sobre estos temas, hay que ver quién firma y qué autoridad tiene sobre cada aspecto de lo que habla; hay que leer lo que dice sin fiarlo a las versiones de prensa o radio; hay que escuchar las voces que llegan a conclusiones contrarias o divergentes en el mismo clero, o de laicos católicos que hablan teológicamente… para acabar formándose un criterio personal sobre la posición política que uno tomará como cristiano ante la situación concreta.

La pluralidad moral es intrínseca a lo concreto político, incluso abordado desde principios comunes. Ninguna autoridad libera a cada católico del discernimiento de las opciones históricas, y no hay ningún problema con ello para nuestra pertenencia eclesial. La integración eclesial, financiamiento incluido, no se resiente por el hecho, por ejemplo, de que muchos católicos españoles están en desacuerdo con la posición del Papa sobre las migraciones africanas a Europa. Cuando el Papa visitó Lampedusa, no corrieron los católicos españoles que estaban en desacuerdo a borrar su X del impuesto sobre la renta. ¡A ver si nos parece normal la disidencia con las posiciones políticas concretas del Papa (que lo es), pero insoportable estar en desacuerdo con unos curas catalanes!


Imagen: www.actuall.com

2 Comentarios

  1. Gracias por tu comentario, Jaume. Apuntas a un aspecto que sería interesante pero que no desarrollo en este post: el peso relativo de principios y consecuencias en un pronunciamiento moral, varía con cuánto de los principios sean asunto de justicia. La justicia tiene un punto exigitivo (debe exigirse en todo caso), que parece permitir juicios morales a partir de ella, independientemente de las consecuencias: ‘Fiat iutitia y pereat mundus’. Por eso, un pronunciamiento sobre asuntos de principio, si son de justicia básica, parece implicar una sentencia política.
    No estoy muy seguro de que de hecho ello funcione bien desde el punto de vista de la lógica moral. Creo que quienes lo emiten, Papa incluido, tampoco lo están mucho. Usan con frecuencia el argumento en negativo, para censurar lo existente porque viola los DDHH. Normalmente tienen toda la razón, pero ¿qué proponen? ¿Puede hacerse una propuesta política positiva solo desde los principios? Pienso que no, es preciso meterse en la estimación de consecuencias; un discurso moral basado solo en principios tiene un recorrido lógico corto.

  2. Gracias compañero. Estoy muy de acuerdo.
    Yo creo que, sin embargo, en temas de justicia o derechos humanos sí puede la Iglesia, y/o un grupo de sacerdotes tomar partido en un declaración pública. Así lo hace el Papa Francisco en ciertos temas sociales o en la acogida de refugiados. En estos casos su declaración lleva consigo implícitamente (o explícitamente) una denuncia de las políticas europeas en estos temas.
    Pero en caso de duda, lo mejor es buscar los medios “habituales” de participación política ciudadana junto a otros, y por supuesto, evitar una sacralización de un partido determinado.

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