El pasado miércoles, 15 de abril, tuvo lugar en el MediaLab-Prado de Madrid, la primera sesión del seminario Religados, que tiene como principales objetivos analizar la presencia del hecho religioso en la red, y crear puentes que permitan un mejor diálogo. En concreto, este encuentro se dedicó a abordar el caso del Papa Francisco, contando con la participación de Gustavo Entrala (@GEntrala, director de 101, la agencia encargada de @Pontifex), Jesús Bastante (@BastanteJesús, de Religión Digital) e Isabel Ramis (@yayel, bloguera y activista).

En la presentación, tanto Daniel Izuzquiza, director de entreParéntesis, como Víctor Sampedro, director del Máster de Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales en cuyo marco tiene lugar este seminario, subrayaron la importancia del diálogo en esta relación, para la superación de la fragmentación y autorreferencia que la misma red parece propiciar. Víctor Sampedro fue especialmente incisivo en este asunto, invitando a pasar de considerar a “los otros” de la red como un “nosotros” inclusivo y abierto.

Gustavo Entrala inauguró la mesa redonda de manera virtual al no poder asistir presencialmente. En su intervención, hizo un repaso de momentos de la vida del Papa en los que el mismo Francisco, más que comunicar, es un creador natural de eventos comunicativos en los que engloba a aquellos que participan. Tres fueron los rasgos que destacó, recordando a la par imágenes y situaciones: los gestos de cercanía, de austeridad, de testimonio, que quedan en la psique colectiva; la autenticidad, en un escenario en crisis con todo lo institucional, como factor destacado de credibilidad y coherencia, de espontaneidad y libertad, reflejando la propia vida interior; y un instinto maternal mediático, en el que muestra con frescura y comunica con sencillez y comprensibilidad aquello que quiere transmitir, al modo como hacen las grandes marcas para llegar a sus destinatarios.

En la siguiente intervención, Jesús Bastante quiso centrarse en lo que podríamos llamar “especial humanidad de Francisco”, en un momento crucial de la Iglesia. Según el ponente, Francisco es motor de la salida de la Iglesia hacia la sociedad y para recuperar un papel protagonista de los últimos y empobrecidos. En palabras del propio Jesús, “un hombre con unas circunstancias particulares” cuya vida, gestos, palabras, actitudes y dinámica “ponen el foco en los que tienen otras responsabilidades” dentro de la Iglesia. Hizo referencia, y fue analizando: el día en el que Francisco se presentó al mundo en medio de una tarde lluviosa, pidió la bendición y dejó de llover; lo que supone para la Iglesia vivir alejado de “lujosos apartamentos”; que el Jueves Santo, por primera vez, no sean doce sacerdotes los que representaran a los apóstoles en el Lavatorio, y en su tradicional lugar se escogiera a musulmanes, a hombres y mujeres diversas de una prisión cercana; que sea un Papa del que se ha sabido que coge el teléfono para llamar con naturalidad a las monjas de Argentina, o al joven español que sufrió abusos sexuales por parte de sacerdotes, o que envíe cartas con relativa frecuencia. En todo esto podemos ver un nuevo modelo de Iglesia, en un proyecto que él reconoce que no es suyo y personal, sino alma del cónclave de cardenales que lo eligió. En sus mensajes, de este modo, es la misma Iglesia la que se comunica comprensiblemente, también a los alejados.

Isabel Ramis, bloguera y activista, representa en la mesa a los que están abiertos al diálogo, independientemente de la fe que confiesen. De este modo, desde la organización se le pide que analice con sus claves la figura del Papa. Isabel centró su intervención en la “reputación”, que nace de lo que aportamos, de la coherencia que mostramos y del mensaje mismo, y que se enfrenta también a lo que otros dicen, lo cual es incontrolable pero influenciable. Según la ponente, las redes sociales siempre han existido. Lo que han cambiado son los medios, con el desarrollo tecnológico. Y seguirán creciendo y acercando personas. Esto nos lleva a plantearnos los motivos por los que seguimos a alguien, es decir, lo que debemos preguntarnos sobre lo que otros esperan: cercanía y una cuestión interesante que nos enlace. Un doble objetivo aparece: por un lado, el de la relación, que es un asunto privado que da mucha fuerza a nuestra presencia, y por otro, el de la huella que dejamos, que es de carácter público. Por último, aborda referencias cristianas en la red, con un elenco de aplicaciones para rezar y contenidos digitales para la formación, y da unas claves para mejorar el hecho religioso en la esfera digital: más formación, por ejemplo, utilizando la Slideshare; más profesionalidad y más acercamiento a los jóvenes; atender las peticiones de información de forma eficaz, respondiendo a los mensajes que llegan; aprovechar el impacto que genera lo audiovisual, con vídeos e imágenes; y comunicar más a través de historias, contando historias de amor reales.

Terminadas las tres intervenciones, se abre un tiempo de preguntas y diálogo entre la mesa y los asistentes. Destaco en esta crónica las preguntas que se hicieron: ¿Hemos perdido el miedo a hablar en lo digital, o al menos se ha rebajado en el nuevo continente nuestra capacidad? ¿Cómo mejorar nuestra capacidad de comunicación comprensible a todos? ¿Es la comunicación digital suficiente, o hay que integrarla en un marco general que acoja otros medios? ¿Qué pasa en un mundo en conflicto a la hora de mostrar opiniones y creencias, hay verdadero diálogo? ¿Cómo superar prejuicios? ¿Comunicamos y nos relacionamos sin poderes que se interponen realmente? ¿Cómo hacer que lo religioso entre en canales de por sí, en nuestra cultura, no-religiosos? ¿Cómo hacer de lo religioso noticia y tema de diálogo e interés? ¿Centrarnos en lo digital supone olvidar a los pobres, a otros grupos de personas? ¿Es la red una herramienta, como parece hablarse, o debemos acogerla como un lugar de relación, como el magisterio propone? ¿Cómo se puede medir “lo espiritual” en la red, en referencia a la parte sobre la reputación tratada por Isabel? ¿Tiene verdadera repercusión este tipo de comunicación más allá de nuestros grupos de referencia y relaciones habituales? ¿Nos hemos acostumbrado los católicos a un mundo en el que la cultura nos la dan hecha y no tenemos que generarla? ¿Son las redes sociales un ámbito de exceso de información y poco diálogo? ¿Dado que en la red también hay mucho ruido, cómo filtrar para no caer en la confusión?

Foto: http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2015/04/16/bastante-francisco-nos-invita-con-su-ejemplo-a-perder-el-miedo-a-la-comunicacion-en-la-iglesia-entrala-entreparentesis-religion-iglesia-espana.shtml