Primarias de Personas

Toda la política está en manos de personas concretas y esa es la garantía de que es humana. Siendo la técnica y el colectivo importante, las personas en política son imprescindibles. Por eso las elecciones van, sobre todo, sobre personalidades. Y lejos de ser negativo, es crucial.

Las Primarias convocadas en el partido socialista español enfrentan a tres candidaturas que apenas presentan diferencias ideológicas. Sí hay diferencias estratégicas puntuales o más bien cuestiones de principios. Y sí existen muy amplias diferencias en cuanto a las personalidades de los candidatos. Eso ha llevado a que algunos se quejen de que en realidad se elige entre individuos, lo cual significaría que no hay un debate real de ideas y medios. Incluso hay quien ha propuesto que se desconvoquen las primarias, primero se elija el modelo programático, estratégico y de partido, y luego se elija a la persona que debe liderarlo. Es una queja generalizada en todas las democracias: demasiado protagonismo de la personalidad de los líderes concretos. Incluso los partidos que apuestan por cargos temporales y rotativos, se ven al final en la necesidad de depender de figuras y rostros concretos mucho más de lo que pretendían.

Se ha pensado en distintos ciclos sobre esto en los últimos doscientos años y siempre se llega a la misma conclusión: la persona y su personalidad es crucial en política. Quizás no reconocemos suficientemente algo: la persona concreta es crucial al comienzo, en medio y al final de todo el proceso. Todo el proceso político pasa a través de personas concretas y eso es fundamental. Todo esto de la política va de personas para personas concretas. Y cuando perdemos de vista lo personal en favor de ideas, organizaciones o normas, entonces estamos de verdad perdidos. Las mejores ideas son las personas concretas.

Lejos de disiparse, esa centralidad de las personalidades es cada vez más importante. En un mundo abstracto y global como el que vivimos, necesitamos la escala de lo personal si no queremos deshumanizarnos. Vivimos una época en el que las estructuras sociales son cada vez más ambiguas: la globalización, la flexibilización o la digitalización son armas de doble filo. Pueden servir para un gran bien o ser un instrumento destructor. Quien decanta el valor de las estructuras son los sujetos concretos cada vez que deciden. Aunque vivimos en un mundo global, las personas concretas son cada vez más cruciales.

Todos hemos tenido experiencias de cómo una política cambia cuando la lidera una persona distinta. Incluso perteneciendo al mismo partido, con un programa común e intereses similares, personalidad y talante establecen políticas muy distintas.

Todo pasa por la persona, por su interioridad, su prudencia, su forma de vincularse y servir, el discernimiento que haga en cada situación. Ni el partido ni el programa ni las tácticas, pueden sustituir a la persona. Si usáramos el ejemplo del tráfico, diríamos que el automóvil es importante pero el conductor es lo crucial.

De ese modo, los partidos no solamente se encuentran con el reto de tener una maquinaria organizativa potente y programas políticos eficaces, sino sobre todo con la necesidad de formar personas y seleccionar personas.

Son vitales las formaciones juveniles de cada partido: ¿cuál es su programa de formación teniendo en cuenta que no solamente deben formar técnicos ni ideólogos sino personas morales y vocacionadas al servicio público? Es fundamental la reforma radical de las secciones juveniles de cada partido para convertirlas en auténticas escuelas políticas donde se forje el sujeto y su vocación, además de capacitarles para el servicio político.

Esa primacía de las personas entraña algunas dificultades. Primero, es difícil hacer una evaluación entre candidatos cuando son personajes públicos. Entre la persona y el personaje puede mediar una notable diferencia. Segundo, una cosa es que la persona sea crucial y otra cosa es el personalismo. Se produce personalismo cuando el interés particular de la persona se pone por encima del servicio público y común. En tercer lugar, ideologías, programas y partidos siguen siendo fundamentales: las personas son fines esenciales pero el resto son medios imprescindibles.

Las Primarias del PSOE y de todos los partidos en todo el mundo, ponen de manifiesto que el futuro pasa por las personas. Los partidos tienen que mejorar mucho su competencia para formar no ideólogos ni hinchas sino sobre todo sujetos profundamente buenos, cualificados y prudentes. ¿Contamos con los medios para ello en los partidos o en la cultura política? Aún no suficiente. Quizás esas escuelas de políticos se deban constituir en la sociedad civil -en los sectores civiles, universidades, en la Iglesia, etc.- y por ahí debamos avanzar.

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