Premios para subir la moral

Más allá de las causas químicas que proceda aducir; y de las explicaciones sociológicas que haya que tener en cuenta para explicar la querencia de cada quien a ver las cosas tamizadas, ya desde la lente del rosado optimismo, ya desde la negrura del más aciago de los pesimismos, hay, fundamentalmente, dos maneras de enfrentarse con lo que pasa en la dinámica social. Y esto que se dice, se manifiesta de forma mucho más nítida cuando aquella confrontación valorativa con lo que hay, se la pretende llevar a efecto desde un punto de vista ético.

Una aproximación, obvia e inmediata, consiste en resaltar lo malo, en motejar lo depravado, en hacer patente lo viscoso, en airear los miasmas de la corrupción para mandar el mensaje de que no hay que hacer el mal –el malum est vitandum, de la Filosofía Moral clásica. En el día de hoy, esta frecuencia de onda es la que emite la mayoría de los mensajes… y, sobre ser descorazonadora, cansa, desanima, nos baja la autoestima como ciudadanos, como personas y como país.

Otra manera de acometer la faena, opuesta por el diámetro a la anterior, pero cabalmente complementadora de aquélla, busca encarecer la buena praxis – el bonum est faciendum de la sindéresis prudencial-, dando cuenta de buenas prácticas -¿cuándo caerá el mito de qué es noticia y qué no lo es?… Y, claro, esto ya anima algo más. Con ello parece como que se nos abriera en el cielo nublado un agujero de luz… una ventana a la ilusión.

¡Ah, por cierto!… ¡Háganme el favor y dejen de repetir como cotorras el calco lingüístico ése, con cierto retrogusto a barbarismo, que a todas horas trata de poner en valor cualquier cosa, desde el color naranja de un partido, a la última ocurrencia del Nobel de los ignaros!

Y ya, para nota: ¿Por qué no ponemos también entre paréntesis –perdonada sea la manera de señalar- eso otro de visibilizar?…  Resulta ser algo como traído por los pelos, pero tan extendido y recurrente en la jerigonza pseudoculta… que ha devenido en comodín… ¡pero que tanto aburre ya!

Para encarecer algo, reputado por deseable, no se necesitan adminículos postizos, ni rayos equis ni microscopio alguno: que a esto se refiere en puridad el verbo visibilizar: hacer visible artificialmente lo que no puede verse a simple vista. En la mayoría de los casos a los que -no con toda propiedad gramatical- se aplica el dichoso verbo, a simple vista se puede percibir lo que importa resaltar.

Basta con que lo señalemos, con que indiquemos hacia dónde se haya de mirar, con que hagamos notar lo que proceda… Una vez identificado el buen hacer, el ejemplo propuesto, quien nos oiga caerá por sí mismo en la cuenta y valorará como se merece lo que se le indica. Es incluso hasta posible que lo aplauda en su fuero interno y –si tiene voluntad para ello-, que trate de emularlo en su quehacer.

Eso es lo que, precisamente, ha llevado a cabo la Fundación Corresponsables el pasado día 21 de septiembre en un acto celebrado en el Caixa Forum de Madrid, cuando  entregó sus premios anuales a empresas e instituciones de España e Hispanoamérica, señaladas por haber implantado políticas sostenibles y socialmente responsables que, sirviendo de estímulo y de orientación innovadora, merecería la pena imitar adaptándolas a otros contextos.

Cuando tan hartos estamos de corruptos y de mangantes –que los hay y son muchos: ¡cómo lo vamos a negar!-; oír otra música, escuchar un discurso que ponga en valor  lo bueno y visibilice  lo mejor, es, cuando menos, refrescante. Le reconcilia a uno con la humanidad y cobra cierto vigor  una maltrecha esperanza, sin la cual nos desmoralizamos como pueblo y como gente, pues estamos a pique de perder la moral, en el doble sentido del término: En el de la moral como estructura –la famosa moral del Alcoyano, que siempre anima a emprender- y a luchar por las metas… Y en el de la moral como contenido: no engañarás, no violarás, no meterás la mano en el cajón, no joderás al prójimo… como a ti mismo, etc. Porque, la gente, como Juncal, toma nota, saca factor común, generaliza y actúa contra lo mandado. Eso sí, con la sempiterna cataplasma para tranquilizar conciencias, de cualquier mantra racionalizador al uso: “Me lo merezco”…; “porque yo lo valgo”….; “no voy a ser el único tonto”…; “todo el mundo lo hace y el que no, es porque no puede o no sabe”…; “esto es para listos”…  Y luego, ¡claro!, así nos luce el pelo.

Gracias a Marcos González y a todo su equipo por premiar el buen hacer… ¡Enhorabuena a todos los finalistas y premiados!… ¡Y mucho ánimo que hay mucho –y bueno- que hacer a lo largo del curso que empieza!

1 Comentario

  1. Así es, refresca el alma y más tras ver como los departamentos de Responsabilidad Social Corporativa empiezan a ser usados como patas del departamento de marquetin para intentar dar “visibilidad” a sus juegos de parchís. “Dan una y cuentan veinte”.
    Lo de los términos pseudocultos de moda es para escribir más de un post, (artículo)… ¿qué me dices del tan de moda “rizoma” ?
    Bendigamos el bien hacer sincero y esforzado como tus reflexiones.

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