Precariedad laboral: el reto pendiente

Photo by Carson Arias on Unsplash

Durante los años de la crisis, la principal preocupación en España fue el constante aumento del paro, que llegó a alcanzar a un 26,9% de la población en su peor momento, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE. Con los resultados que ha publicado hoy 27 de julio la EPA, se confirma la disminución de las tasas de paro y el aumento de la población de ocupados. La tasa de paro se sitúa en un 17,2%, y la ocupación aumenta en 375.000 personas.

Pero en las últimas décadas el mercado laboral español ha ido incubando otras dolencias, que siguen estando allí: la creciente precariedad laboral. Y a eso dedicaremos el post de hoy.

¿Qué entendemos por precariedad laboral? La situación de inseguridad, incertidumbre y falta de garantía en las condiciones de trabajo que sufren los/as trabajadores/as. La precariedad laboral se afirma en tres pilares:

  1. Bajos salarios. Según los últimos datos disponibles en la Encuesta de condiciones de vida 2016, un 16,8% de la población ocupada está también en riesgo de pobreza o exclusión social (indicador AROPE).
  2. Temporalidad de los contratos: En los resultados de la EPA de hoy, vemos que la temporalidad avanza más de un punto, y se ubica en un 26,8%. Los contratos temporales ofrecen baja protección, por:
  • Fragmenta las trayectorias laborales, que se caracterizan por intermitentes entradas y salidas.
  • Inseguridad en los ingresos económicos.
  • Un/a trabajador/a temporal es menos valorado/a: recibe menos formación y oportunidades de promoción que los trabajadores fijos.
  • Para quienes encadenan contratos temporales el acceso a las prestaciones económicas por desempleo es más difícil de alcanzar, encadenan periodos de trabajo con otros de paro sin prestación, con lo cual tardan más tiempo en alcanzar el número de días mínimos exigidos.

3. Parcialidad de las jornadas: a menos horas trabajadas, menor salario. Es un fenómeno que afecta especialmente a las mujeres, que ocupan mayoritariamente las jornadas parciales no deseadas. Es decir, quisieran trabajar a jornada completa, pero no encuentran un trabajo que ofrezca esas condiciones.

Es especialmente interesante ver el efecto combinado de estos dos últimos factores, aquellas personas que están en una situación de especial desprotección: trabajando con contratos temporales y a jornada parcial. Un total de 1.162.360 personas. Como se puede ver en la línea azul más oscura, las mujeres son las que se encuentran en mucho mayor número que los varones en esta situación de especial precariedad laboral.

En el empleo se producen y reproducen las desigualdades sociales.  El avance de la precariedad laboral está debilitando la naturaleza protectora del empleo, y está afectando de forma especialmente cruenta a la mujeres, a los jóvenes, a las personas con menos cualificación. El empleo está perdiendo su capacidad inclusiva; ya no basta tener empleo para estar a salvo de la pobreza.

Los datos muestran un cambio patente el modelo del trabajo asalariado a jornada completa. Las reformas laborales en España se han centrado flexibilizar el empleo (el despido) para reducir las tasas de paro, pero han ignorado algunos de los aspectos del mercado laboral de importancia. Es hora de que empecemos a hablar en serio de la precariedad laboral.

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