Cuando escribo una novela o un cuento, se abre como un espacio en el universo –no teman, es en el personal–, que me va conectando con hechos y lecturas que dan sentido al desarrollo de mi narración. Lo mismo sucede a la hora de comenzar la lectura de un libro, ese no azar azaroso, ha conectado mi lectura de un libro de Todorov con otro de Ricardo Menéndez Salmón, Medusa y con uno de entrevistas Ayaan Hirsi Ali, conversaciones.

En el libro de Todorov, se da cuenta de la vida de personas que han actuado en su tiempo, en contra de la intolerancia mediante una actitud no violenta: Etty Hillesum, Germaine Tillion, Borís Pasternak, Aleksandr Solzhenitsyn, Nelson Mandela, Malcolm X, David Shulman y Edward Snowden es la lista de personajes de los que se cuenta su diferente, pero valiente, postura ante su tiempo.

Por el contrario, en el de Ricardo Menéndez Salmón, se trata un lado del mal, a modo de Max Aub que, en Jusep Torres Campalans, crea una falsa biografía (muchos creyeron en su existencia; como me sucedió a mí con la lectura de Medusas). El fotógrafo del que trata el libro fue espectador distante de su tiempo, de los campos de concentración pasó a fijar otras catástrofes. Se plantea la representación del mal. (Me viene la imagen de una niña hundiéndose mientras es retratada o, más recientemente, la imagen del niño ahogado en una playa o también la de una fotógrafa dando una patada a un niño para retratar su caída). Ricardo Menendez Salmón, al menos hasta la mitad del libro, consigue hacer creíble al personaje. El testigo colabora con el poder. Buscando la calidad y el foco. La textura y la luz. El enfoque y el encuadre.

Photo Credit: reuvenim via Compfight cc

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En las conversaciones de Ayaan Hirsi Ali, se cuestiona un tema de actualidad. La posibilidad del Islam hoy y la necesidad de su reforma. En una breve biografía, se cuenta la vida de esta somalí que, tras haber sido una observante musulmana y llevar hiyab, huyó de su familia cuando emprendió el viaje hacia un matrimonio concertado con un primo que vivía en Canadá. Empieza así un viaje que le lleva a poner su voz al servicio de la libertad en busca de la verdad. El libro comienza así: “Es poco menos que un milagro que Ayaan Hirsi Ali, una de las heroínas de nuestro tiempo, esté todavía viva.”

El milagro de permanecer vivo día a día es aún más sorprendente cuando uno debe enfrentarse a un poder intolerante. Responder si es posible ser una buena persona, no es tan sencillo, en principio debería bastar con mantener la conciencia despierta y atender siempre al bien del otro, al bien común a modo de Kant. Pero lo cierto es que el abuso, la trasformación se da poco a poco, la historia nos va señalando los momentos, pero cuando uno está viviendo los hechos, no puede fácilmente sobreponerse al miedo, al querer mantener y proteger a la familia, a, al menos en la ficción, vivir algo de “normalidad”.

En los dos de los libros anteriores se habla del pasado de Europa, de Hitler y Stalin. Mientras que combatir a Hitler fue una labor de los aliados, combatir a Stalin, por necesidad, se hizo dentro. Simone Weil decía que no confiaba en los grupos porque incluso los Grandes Santos a los que admiraba habían cometido atrocidades en nombre de su fe. Como muchos intelectuales occidentales que no comprendieron hasta muy tarde la tragedia provocada por Stalin. Grandes Ideales que se convierten en enormes tragedias. Por eso, Simone Weil decía que temía a la masa, que si se encontraba con una masa enfebrecida gritando, incluso si eran nazis, quizá tendría la tentación de seguirles. Y es que, como señala Canetti en Masa y Poder, hay algo magnético en la masa que funde al individuo hasta hacerle desparecer, y allí radica su peligro. Porque, ¿qué hace que una buena persona apoye las atrocidades cometidas en su tiempo minimizando su mal? Hay quienes parten de un corazón bueno, que diría el Talmud, pero no basta: hay que alejarse de las consignas de grupo que tiendan a eliminar al otro y ser valiente. La respuesta viene de Hannah Arendt quien escribió que en nombre de ningún gran ideal merece el sufrimiento de un solo hombre. Hoy esa actitud la ejemplariza Ayaan Hirsi Ali.

Photo Credit: <a href=”https://www.flickr.com/photos/83346641@N00/3610685288/”>JD Hancock</a> via <a href=”http://compfight.com”>Compfight</a> <a href=”https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/”>cc</a>