¿Cómo es posible que perdamos cuando tenemos tanta buena voluntad?

EDUCACIÓN ARTIFICIAL... CUANDO LAS MÁQUINAS SUEÑAN CON APRENDER - Dibujo: Jorge Álvaro González @lineograma

Tendemos a confundir el esfuerzo con el resultado. Los gobiernos pueden aprender a rendir cuentas. Los ciudadanos deben aprender reconocer la buena gestión de estos. Todos, pueden y deben querer.

Decía el Padre Nicolás, anterior general de la compañía de Jesús, en 2013 que “un buen liderazgo tiene que estar siempre abierto a una evaluación y medición continua”. Decía esto porque tendemos a confundir el esfuerzo con el resultado. Y, para ilustrarlo, utilizaba una caricatura de Charlie Brown en la que están jugando al baseball, está lloviendo y están perdiendo, como siempre, y Charlie Brown dice: “¿Cómo es posible que perdamos cuando tenemos tanta buena voluntad?” Aprender a integrar la evaluación y la rendición de cuentas en el liderazgo, aún más en el ámbito público y social, es sumamente importante en nuestra sociedad actual.

Tras el otoño catalán, nos teledirigen con noticias sobre la necesidad de reformar la Constitución y, sobre todo, de reformar la ya reformada financiación de las autonomías. Todos quieren más dinero, me imagino que para prometer más cosas, y si ya imagino muchísimo, para hacerlas mejor. Pero lo que transciende es solo lo primero, más dinero y más autonomía para gestionarlo.

Busco titulares o mensajes políticos en los que propongan mejorar la educación, la salud, los servicios sociales… No los encuentro. Creo entender que se confunden los esfuerzos económicos con los resultados.

Un estudio del Instituto Valenciano de Investigación Económica indicaba recientemente que la riqueza y la financiación son factores importantes en el índice de bienestar social de los ciudadanos desarrollado por ellos. Pero también es cierto que la gestión pública incide directamente en la calidad de los servicios públicos y no siempre un mayor esfuerzo económico supone un mejor resultado.

Esfuerzo y Resultado: La Educación En España

Tomemos, por ejemplo, la educación de las comunidades autónomas evaluadas según PISA. El Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes o Informe PISA (por sus siglas en inglés: Programme for International Student Assessment) es un estudio llevado a cabo por la OCDE a nivel mundial que mide el rendimiento académico de los alumnos en matemáticas, ciencia y lectura. Su objetivo es proporcionar datos comparables que posibiliten a los países mejorar sus políticas de educación y sus resultados.

El siguiente gráfico muestra la evolución de los resultados educativos de las comunidades autónomas evaluadas según el informe PISA.

Datos: OECD. Escala normalizada en % con respecto a la media, 100%.

Si en lugar de resultados, buscamos datos sobre la financiación de la educación por alumno, obtenemos un gráfico que, sorprendentemente, no correlaciona exactamente con el anterior.

Datos: MECD. Gasto público por alumno en enseñanzas no universitarias del sistema educativo, por tanto, excluida la formación ocupacional. Escala normalizada en % con respecto a la media, 100%

Es sorprendente, por ejemplo, que la comunidad autónoma de Madrid, una de las que menor gasto público tiene por alumno, sea una de las que mejores resultados obtiene. También Castilla León, cuya financiación por alumno es menor a la media, obtiene de los mejores resultados en PISA. Parece evidente que no existe una correlación exacta entre el esfuerzo económico y los resultados de la gestión pública.

Duele constatar que la buena educación brota, donde brotó en épocas anteriores antes de locuras tan constructivas, en el trabajo motivador del profesorado, la dedicación y la buena voluntad de los implicados.

Estamos en plena cuarta revolución de la inteligencia artificial, donde las máquinas parece que ya sueñan con aprender y se trabaja en diseñarlas para que eviten repetir errores. La educación artificial ya está aquí. Da miedo comparar máquinas con humanos, pero es natural pensar que cuando con el mismo presupuesto muchas máquinas aprenden bien en un taller japonés, parecido en un taller iraní, igual en un taller mejicano y mal en una autonomía española, la solución que tome esa empresa responsable no será soló invertir más. Esa empresa multinacional aplicará un protocolo de emergencia ya creado o similar, adaptable a ese entorno, que analizará las causas,  y que, en un tiempo asumible, resolverá el problema. Finalmente, esa empresa impondrá controles estratégicos, para detectar rápidamente los fallos en su sistema de educación de máquinas, sin poner en peligro la inversión.

Hace poco escribía Carlos Lastra, doctorando en la Universidad de Harvard, que “con las herramientas de información adecuadas, …, cada decisión comercial que tomamos en nuestras vidas supone recompensar unos comportamientos frente a otros. Y que ser un ciudadano responsable supone elegir bien”. Y lo mismo ocurre en el ámbito político. Tenemos que aprender a exigir cuentas de la gestión pública antes de que las nuevas “máquinas españolas”, sean otra inversión delirante más.

Esto puede parecer un delirio liberal, cuando esas máquinas capaces de aprender en Japón, Irán o México sean adquiridas en todo el mundo, mientras que las españolas terminen en algún desguace autonómico, mucho antes de su obsolescencia programada. Tan delirante como asumir sin remedio que no es lo mismo lo que se promete, construye o se gasta, que los resultados que finalmente se logran.

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