¿Por quién votan los pobres?

Estoy emocionada por votar en las próximas elecciones. Han pasado muchos años en los que no he podido votar, y lo he sentido como un agravio comparativo, cosa rara en tiempos donde el abstencionismo es quien lidera las encuestas.

Yo he vivido este período de abstención forzosa con tristeza. Sigo de cerca el devenir de las políticas públicas y me gustaría poder actuar en las urnas en consecuencia con lo que opino en mi vida cotidiana. Votar es decir algo sobre quienes van a decidir sobre nuestros asuntos, hayamos votado o no. Tendré al menos un breve momento en el que, con más o menos ilusión, y con más o menos rabia, voy a dar mi opinión.

No creo que quienes no voten lo haga por desinterés. Para muchas personas, la forma de ejercer su derecho al voto y la participación política es abstenerse, y lo respeto. Y están quienes, efectivamente, el asunto no les interesa.

Pero también están quienes han abandonado el sistema porque el sistema los abandonó antes. Las personas en situación de exclusión votan ostensiblemente menos que el resto de los grupos de población: la abstención electoral extrema (más del 80%) se concentra en barrios pobres y marginados de las grandes ciudades. Estar en paro no sólo aumenta la vulnerabilidad social, también aumenta la posibilidad de abstención.

La desigualdad en las rentas se traduce en una baja participación política: una sociedad desigual en lo económico tiende a generar instituciones que defienden los privilegios de aquellos que tienen mayor influencia, como decía el maestro Hopenhayn. Hay un círculo vicioso entre la desigualdad y la baja participación democrática: quienes están en exclusión lo están doblemente: por la dificultad en el acceso a derechos y recursos y por la escasa capacidad de influir en la vida social.

El derecho a la participación política y social está fuertemente condicionado por la desigualdad estructural. Hay una menor participación en la organización de la vida social de las mujeres (como muestra: la baja participación en puestos de poder), de quienes pertenecen a etnias minoritarias, discapacitados, personas en situación de pobreza y exclusión y de personas en paro.

 ¿Por quién votan los pobres? Pues parece que por nadie. Y ahora, la pregunta del millón… ¿qué podemos hacer para cambiar esto?

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