Politización del martirio

Culto en una iglesia arrasada
Culto en una iglesia arrasada
Culto en una iglesia arrasada

Hace unos días me crucé en Facebook con la publicación en La Vanguardia de un artículo de Pilar Rahola titulado «Cristianos», donde esta conocida periodista y figura política expone que el cristianismo es el segundo colectivo más perseguido del mundo. Por eso me fui raudo a la web de dicho rotativo para leer el artículo en cuestión. En él, la conocida periodista y figura política, tras presentar algunas cifras contundentes sobre la persecución del cristianismo en Oriente Próximo y Oriente Medio, denuncia el «buenismo» de la clase política (y supongo que de los medios) por el que:

Pilar Rahola
Pilar Rahola

a pesar de que las evidencias están ahí, que las matanzas se acumulan, las persecuciones arrecian y la desaparición de comunidades cristianas antiquísimas en sus terri­torios ancestrales es un drama irreversible, a pesar de todo, nunca se menciona esa realidad lacerante porque no forma parte de lo políticamente correcto.

Lo que Pilar Rahola viene a decir es que en temas religiosos lo políticamente correcto es no hacer mención de nombres y apellidos, esto es, no decir quién es el verdugo y quién la víctima; bastaría con hablar de derechos humanos en general y punto. Pero claro, esto supone hacer que muchísimos mártires caigan en el saco del silencio porque la sociedad europea tiene demasiados miedos a azuzar el odio religioso, como si el hecho de demandar justicia por unos perseguidos con el apellido ‘cristianos’ pudiera fomentar la islamofobia. Pero tras lo ocurrido con el nazismo en Alemania, no hace falta que recuerde que hay silencios que se acaban pagando muy caros por quien calla.

Antorchas de Nerón (cuadro de Henryk Semiriadzki, 1877)
Antorchas de Nerón (cuadro de Henryk Semiriadzki, 1877)

Pero la denuncia de Pilar Rahola me ha hecho pensar que también quienes nos confesamos cristianos en Europa compartimos los temores de la clase política y de buena parte de nuestra sociedad. Es decir, diría que tanto cristianos de a pie como las instituciones eclesiales de la parte occidental de este continente tenemos miedo a articular una potente red de denuncia y de solidaridad con los cristianos perseguidos, casi como si ello fuera a devolvernos a los tiempos de las cruzadas. Pero este temor podría ser síntoma de desconfianza hacia el estado de nuestra propia fe y de nuestras convicciones más profundas. Dicho más claramente: quizás tenemos temor a que muchos de quienes nos confesamos cristianos hayamos perdido el espíritu de martirio que caracterizó a la iglesia de los primeros siglos y nos dejemos llevar por sentimientos más atávicos de pertenencia étnico-cultural y reaccionemos en consecuencia, esto es, fomentando el odio y el enfrentamiento directo con quienes consideremos verdugos de nuestros hermanos perseguidos.

El prendimiento de Jesús (Caravaggio, 1602)
El prendimiento de Jesús (Caravaggio, 1602)

Hacemos bien en tener semejante temor, porque la realidad es que nuestras iglesias tienen mucho más –demasiado– de religiosidad superficial, de barniz cristiano, que de genuino espíritu cristiano de seguimiento del Jesús del Sermón de la Montaña que predicó y vivió hasta el final el profundo amor a los enemigos o a los discípulos ‘traidores’ como Judas. Si nos sintiéramos fuertes en este espíritu martiriológico, no nos asaltarían tantos temores sobre nuestras reacciones. En otras palabras, no mediatizaríamos nuestra solidaridad con los hermanos perseguidos por culpa de la politización de su martirio.

 

Imágenes tomadas de:

Fundación de ayuda a la iglesia necesitada

Wikipedia – El prendimiento de Jesús – Caravaggio

Wikipedia – Antorchas de Nerón – Semiriadzki

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