La revista inglesa The Lancet ha publicado recientemente un informe sobre el estudio realizado por 30 científicos de diferentes centros de estudios de Londres, Columbia y Harvard, sobre los factores determinantes en la mortalidad prematura.

Entre las conclusiones se destaca que el bajo nivel socioeconómico reduce la esperanza de vida en dos años. Para que nos entendamos: el que es pobre no sólo tiene que sufrir el serlo, sino que además vivirá dos años menos por ello.

Seguro que muchos se tirarán la mano a la cabeza y exclamarán eso de que ¡es una exageración! Incluso se atreverán a decir que ¡cuánta mentira se publica en la red!

Siento decepcionarles. Los datos están científicamente contrastados y los resultados del estudio provienen de un trabajo llevado a cabo durante 10 años y a 1,7 millones de personas entre 40 y 85 años.

Los concienzudos investigadores no sólo muestran las estadísticas que sostienen que la pobreza reduce años de vida, sino que afirman que la adversidad económica debe incluirse como un factor de riesgo en las políticas y estrategias para la salud.

Es decir, que si para disminuir el número de personas que mueren a causa del consumo habitual de alcohol o tabaco, los organismos internacionales y gobiernos locales diseñan políticas de prevención y erradicación de estos vicios, también tendrían que pensar en medidas para evitar que las personas y las familias caigan en la pobreza.

Eso sería lo más razonable dentro de la lógica de una regla de tres, y si situáramos la pobreza como el consumo habitual de algo tóxico para nuestro organismo.

Desgraciadamente no elegimos vivir en la pobreza, se nos impone, porque la verdad es que se nos empobrece. Salir de esta situación, no depende de la fuerza de voluntad personal, sino de la voluntad política y de los poderes económicos, centrados más en incrementar los beneficios de un grupo selecto que en el bien común de unos muchos.

Desafortunadamente la visión que se tiene sobre esta situación coincide con esa dejadez e indiferencia: pobre se nace o si, por la “mala suerte de la vida”, te vuelves pobre sólo tú eres el culpable, porque no habrás hecho lo suficiente para salir de esa circunstancia.

Nuestro mundo del revés convierte los vicios en temas de Estado y a las personas empobrecidas en daños colaterales de un sistema económico deshumanizado y carente de toda voluntad para cambiar.


Foto tomada de: https://observatorioinclusion.files.wordpress.com/2014/11/dibujo-desigualdad.jpg