Pluralismo adentro de los individuos

Por Augusto Hortal

Solemos pensar que en nuestras sociedades existe un pluralismo creciente. ¿Lo es?

Por referirme en un primer momento al pluralismo de hecho creo que la respuesta es ambivalente. Una respuesta precisa y cambiante hay que dejarla en manos de la investigación empírica.

A título de hipótesis vaya por delante que a la vez que, indudablemente, crece el pluralismo de creencias (o al menos la percepción del mismo en muchos ámbitos de la vida cotidiana), hay simultáneamente tendencias uniformistas, homogeneizadoras que también van en aumento: consumimos los mismos productos, oímos la misma música, vemos los mismos programas de televisión, las mismas películas y somos bombardeados por la misma publicidad, nos sometemos a las mismas modas, tenemos los mismos pasatiempos y las mismas frustraciones, leemos los mismos periódicos y consumimos también los mismos estereotipos y las mismas opiniones en temas de sentido. La coca-cola sabe lo mismo en todas partes (Berger & Luhmann, 1997).

“Hablar de pluralismo en esta sociedad puede ser, como decía Adorno, enmascarar ideológicamente las tendencias uniformistas de nuestra sociedad y nuestra cultura: hablamos del pluralismo como si existiera en realidad, con lo que corremos el riesgo de hacerlo consistir  -como decía un chiste sobre la libertad en tiempos de dictadura- en la posibilidad de poner 1 X ó 2 en la quiniela.” (Hortal, 1983)

Pluralismo es algo diferente al hecho de que todos al unísono digamos que vivimos en una sociedad pluralista, con lo que legitimamos de antemano la universal liquidez de nuestras creencias cambiantes. Como escribí hace algunos años refiriéndome a la situación española:

“Aquí la mayoría llevamos el pluralismo incorporado individualmente: somos conservadores en casa, progresistas entre los amigos, creyentes hoy, mañana ateos, agnósticos pasado mañana. A veces instalados y otras contraculturales. Liberales en lo sexual, socialistas en lo económico y ácratas en lo cultural. En cada uno de nosotros resuenan las múltiples pertenencias, ofertas y demandas de nuestra sociedad compleja y cambiante.” (Hortal, 1985)

Al no existir un orden institucional y valorativo unitario, compartido por toda la sociedad el pluralismo social tiende a internalizarse en la conciencia de los individuos en forma de posibilidades de elección entre opciones equivalentes. A la multiplicación de posibilidades viene a añadirse la inexistencia o  inconsistencia (personal, social y cultural) de los criterios por los que se pudiera establecer una selección o reducción de las posibilidades.

Al no existir en las sociedades modernas un monopolio interpretativo, el individuo está o puede estar en condiciones de elegir. No hay vuelta a las certezas incuestionadas del pasado. Incluso los dioses pueden ser escogidos. Tanto la democracia como el mercado – dos instituciones centrales en la modernidad – promueven y difunden el ethos de la elección.


Imagen de: definicionabc.com

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