¿Tienen correlación los procesos interiores de los sujetos y las estructuras sociales? Platón consideraba que si la dinámica interior del sujeto está guiada por el deseo insaciable de tener o el objetivo de la acumulación de riquezas, ésta era una pasión que ponía en peligro la convivencia y la continuidad de la misma sociedad. La ley y el Estado, por el contrario, debía buscar la moderación, el equilibrio, la satisfacción de las necesidades sociales sin inequidades y no perjudicando a los otros pueblos. Esto no es simplemente un bello ideal, sino la condición realista para asegurar la sostenibilidad e integración de la propia sociedad. Para esto, la ley debía ser un medio de ascesis social, de perfeccionamiento moral y espiritual, una forma de combatir el desorden que acarrea esta dinámica humana por medio del gobierno racional de la virtud cívica, y ser promovida en la educación de los ciudadanos para que asumieran este ideal de realización como el más razonable y realista. Y lo público, gobernado por los virtuosos y capaces, por los que buscan la sabiduría y la justicia.

El elemento “fogoso” del alma humana y la ley

Cuando la virtud social es la moderación y el respeto a los otros, quienes siguen las pasiones “inferiores” buscarán la ocultación: los “codiciadores de riqueza y adoradores feroces y clandestinos de oro y plata, tendrán almacenes y tesoros privados en que mantengan ocultas las riquezas que hayan depositado en ellos, y también viviendas con muros, verdaderos nidos particulares en que derrocharán mucho dinero gastándolo para las mujeres o para quienes a ellos se les antoje. Serán también ahorradores de su dinero, como quien lo venera y no lo posee abiertamente, y amigos de gastar lo ajeno para satisfacer sus pasiones; y se proporcionarán los placeres a hurtadillas, ocultándose de la ley, como los niños de sus padres”.

La emulación social

Pero esta práctica, tiene no sólo un alcance personal, no es una mera “infracción individual”, tiene efectos sociales de búsqueda de imitación en otros. Y a su vez, esta riqueza, aun de origen dudoso, busca eliminar la mala conciencia, legitimarse abierta y socialmente, por medio de la distinción social, en búsqueda del “ansia de honores”. Veamos el tránsito según Platón de las pasiones privadas a ideales sociales, aun cuando estos ideales no tengan un carácter “virtuoso”:

“Luego empiezan cada cual empieza a imitar a su vecino (el rico), y a quererle emular, y así hacen que la mayoría se asemeje a ellos. Y a partir de entonces avanzan cada vez más por el camino de la riqueza, y cuanto mayor sea la estima en que tienen a ésta, menor será la estima que tienen a la virtud. ¿O no difiere la virtud de la riqueza tanto como si, puestas la una y la otra en los platillos de una balanza, se movieran siempre en direcciones contrarias? De modo que cuando en una ciudad son honrados la riqueza y los ricos, se aprecia menos la virtud y a los virtuosos”.

La constitución social del régimen oligárquico

Pero este reconocimiento social, tiene a su vez un efecto de pedagogía social: “se practica siempre lo que es apreciado, y se descuida lo que es menospreciado”. Cuando una sociedad tiene este ideal social como meta de realización colectiva y personal, entonces se va mutando el sentido pedagógico y racional de la ley, para dar paso a un sistema político y legal orientado al servicio de la élite, y ello, con el consentimiento democrático de los ciudadanos, quienes quisieran tener las vidas de sus electos:

Así, “aquellas personas ambiciosas y amigas de honores pasan por fin a ser amantes del negocio y de la riqueza; y al rico le alaban y admiran y le llevan a los cargos, y al pobre le desprecian”. Cuando se establece, aun democráticamente, este horizonte de la política oligárquica, va cambiando el propio régimen legal y político para adaptarlo a sus pretensiones.

¿Y cuál será el principal defecto de tal sistema? Una sociedad mal gobernada e internamente enfrentada entre sí: “El que una tal sociedad no tenga que ser una sola, sino dos, una de los pobres y otra de los ricos, que conviven en un mismo lugar y conspiran incesantemente la una contra la otra”.

El cuidado de la vida interior y lo público

Así en la obra de Platón, se muestra la circularidad y co-dependencia entre las disposiciones interiores de los sujetos y la constitución y evolución de las estructuras sociales. Por ello, el cuidado del elemento interior no debe estar ausente ni de la educación ni de la vida política, ni de la vida legal. No sólo se trata de cuidar sólo el nivel cognitivo, sino también el afectivo y emocional, pero a su vez, integrándolo en la búsqueda de un sentido para la vida que tenga calidad personal, social y espiritual.  Por ello, hoy podríamos decir, que las sabidurías humanistas y de las tradiciones espirituales de la humanidad tiene una contribución necesaria y urgente a la vida social y pública, tanto a nivel intrasocial como nivel internacional. Pero para ello, hay que reconocer en primer lugar, la indigencia en la que nos encontramos en las sociedades liberales cuando se parte de una fractura o disociación entre lo interior y entre lo público.