Plástico

Jorge Gallego

El albatros de Laysan es un ave que vive en Hawai. Hace un siglo, el mayor peligro para estas aves eran los cazadores de plumas; hoy en día, una de sus principales amenazas es el plástico. De 500.000 crías que nacen cada año, 200.000 acaban muriendo (Susan Freinkel, Plástico. Un idilio tóxico. Tusquets ed., 2012). Cuando se investiga qué hay detrás de estas muertes, aparecen imágenes como la mostrada en la cabecera. Entre distintos restos de plástico más pequeños, se pueden identificar algunos tapones de botellas y un encendedor.

Sí, ambos son objetos que están presentes en mi casa hasta que me deshago de ellos, por supuesto en el contendor amarillo. Seguramente el animal que aparece en la foto no se ha tragado ningún objeto que haya estado antes en mis manos. Pero no tengo certezas de qué sucede una vez que deposito en el contenedor correspondiente los plásticos que utilizo a diario, muchas veces usados únicamente para traer algún objeto hasta las estanterías atiborradas de mi casa. Lo que sí tengo claro es que con este gesto de separar y echar en el contenedor correcto (con las distintas dudas que surgen) termina, muchas veces, mi preocupación por el asunto.

Los plásticos han significado avances en muchos de los productos que utilizamos, debido a sus distintas características. Una de esas características es que las largas cadenas de las que están formadas sus moléculas pueden trocearse, pero es mucho más difícil que se transformen en otra cosa. Los plásticos no se descomponen para pasar a formar parte de otros organismos, sino que se van rompiendo en trocitos cada vez más pequeños que permanecen inertes. Por eso duran tanto tiempo en la naturaleza. Una botella puede quedarse igual durante 500 años.

En los océanos se van juntando los plásticos que desechamos, ya que a nivel mundial únicamente se recicla un 5% del plástico que consumimos (Ellen MacArthur, La nueva economía del plástico. Foro Mundial de Economía, 2016). En dicha publicación se asegura que, de seguir el ritmo actual de producción, para 2050 habrá más plásticos en el mar que peces. Y, una vez troceados, resulta muy difícil su extracción, sin sacar junto con ellos el alimento de los peces, el plancton, que tiene el mismo tamaño. Más que enormes islas de plástico flotando por los océanos, se irá produciendo una sopa plástica cada vez más diluida.

Este tipo de informaciones, que nos llega en los maravillosos documentales que vemos mientras sesteamos apaciblemente, se va haciendo más presente. Cada vez somos más conscientes de que ese envoltorio que protegía al sabroso croasán que merendé hace hoy justo un año, y que diligentemente tiré a la basura, puede acabar servido en mi propia mesa, incorporado en los lomos del pescado que cenaré esta misma noche.

Quizás nos invada esa losa inmovilista de pensar que no se puede hacer nada por cambiar una sociedad que está organizada así. Quizás nos atrape esa coartada desculpabilizadora de pensar que, si hago algún cambio en mi vida, el planeta ni se va a inmutar. Aunque también puede suceder, que navegando por Internet, nos topemos con el estimulante blog de Patri y Fer “Vivir sin plástico”. Está lleno de sugerencias luminosas, ideas inusuales, reflexiones certeras, intentos y limitaciones… de una vida, en definitiva, que no quiere formar parte de todo esto.

En nuestra casa, finalmente, hemos decidido probar qué podemos hacer. De momento, nos hemos centrado en el cuarto de baño:

He de reconocer que ya llevamos un tiempo elaborando nuestros propios jabones caseros, tal y como conté en una entrada anterior. Con el champú todavía no nos atrevemos, pero nos han regalado uno en pastilla que está yendo muy bien. Para el desodorante, la piedra de alumbre es la alternativa por la que estamos apostando. Los cepillos de dientes han dejado de ser de plástico y ahora son de bambú. La pasta de dientes hemos encontrado alguna receta casera para elaborarla con aceite de coco y bicarbonato, que introducimos en tarros de cristal.

La experiencia está resultando motivadora. Descubrir que es posible reducir el uso del plástico en el cuarto de baño, que hay alternativas a lo que estamos habituados, nos hace experimentar que pelear por crecer en coherencia va llenando de algo más de sentido a nuestra vida.

¿Y tú, qué haces? Te animo a que compartas tus reflexiones y experiencias con algún comentario.

«La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias. Todo esto es parte de una generosa y digna creatividad, que muestra lo mejor del ser humano.» (Laudato Si, 211)

Imagen principal tomada de http://cdn0.unrth.com/images/photos/47/UNRTH_list_6_dead-bird-trash.jpg.original.jpg?1415720994
Imágenes secundarias: tomada de https://www.infobae.com/new-resizer/XPgJsb8JbIoA1qIn3dlJmmjdlxM=/1200×0/filters:quality(100)/arc-anglerfish-arc2-prod-infobae.s3.amazonaws.com/public/FVCPEG6PC5G7VBPB45IJ6CDNAE y propia.

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