Pensar globalmente, actuar globalmente

Hace unos días, en una reunión sobre el trabajo en red internacional con presencia de personas de 22 países de los 5 continentes, alguien lanzaba esta pregunta: “¿Quién decide lo que es global?”. La verdad es que tras digerir la pregunta me quedé noqueada, en unos segundos empecé a repasar mentalmente temas que hoy decimos globales: cambio climático, comercio, mercados financieros, internet, los derechos humanos, y en estos momentos la lucha contra el mal llamado terrorismo islámico, porque hasta donde sé, de islámico tiene poco.

¿Quién decide lo que es global? ¿Es global la violencia de Daesh? La respuesta hasta donde sé es no, al menos a día de hoy. ¿Es global la crisis de refugiados y migrantes? Esa parece que sí conforme indagas un poco, pero con este tema ocurre lo contrario, parece que sólo existen refugiados sirios y que la que está amenazada es Europa.

Cuento esta reflexión que, a estas alturas y para muchos, parecerá infantil, pero el valor es el momento en que alguien de otro país con otros problemas te hace caer en la cuenta de que tu mundo no es el mundo, sino sólo una parte de él.

Nos dedicamos a escribir, a opinar, a juzgar, a comentar en las redes sociales, a hacer películas y hasta hacer leyes, puede que sin haber tenido la oportunidad de que alguien te haga despertar de tu letargo y de este ser incapaz de releer por ti misma lo que una lee y ve. Quizá nos hemos enfocado mucho en la libertad de expresión, sobra decir que necesaria, pero quizá, como dice el filósofo español Emilio Lledó, nos estamos olvidando de lo más importante, libertad de pensamiento. Y de eso cada vez andamos menos sobrados.

Volviendo al tema de lo global, lo que sí parece global es el cambio climático, aunque ya se ve y se sabe que no afecta ni afectará a todos por igual, y en esa búsqueda de soluciones globales a problemas globales es que las Naciones Unidas han convocado estos días en París a 195 países del mundo a la cumbre sobre el Clima que empezó el 30 de noviembre y terminará el 11 de diciembre. Dicen que si todo va bien conseguiremos acuerdos para que de aquí a fin de siglo “sólo” suba dos grados la temperatura global.

No sabemos si se llegará a un acuerdo, en esta ocasión cada país trae su propia propuesta y compromiso, pero ¿es suficiente lo nacional? En este caso y en muchos otros la respuesta es no. Quizá ha llegado el momento de una nueva conversión. Necesitamos una conversión en nuestra manera de vivir, de mirar y pensar el mundo. El momento histórico, como clama Ban Ki-moon y otros líderes mundiales, es claro: “Es el momento de mirar más allá de los horizontes nacionales y poner en primer lugar el interés común. Los habitantes del planeta —y las generaciones venideras— confían en que tendrán la visión y el coraje para aprovechar este momento histórico”.

Pepe Mújica, ex presidente de Uruguay, en el programa Salvados del pasado domingo insistía en esta línea: “Verdaderamente tenemos que empezar a razonar en algunos aspectos con un carácter universal, hacernos cargo del mundo entero. Es decir, empezar a razonar que los pobres de África no son un problema de África, es un problema de la humanidad entera. Que la contaminación de los océanos es un problema de la humanidad entera. Y me doy cuenta que tenemos barreras culturales, el estado nacional”.

Se me ocurre que quizá ese lema que tanto hemos escuchado de “piensa globalmente, actúa localmente” empieza a quedarse corto. En este momento de conversión quizá ayude un “piensa globalmente, actúa globalmente”.

 Imagen: Francisco Campos

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