Pensar en grande: Educación de calidad para todas las personas

Por Teresa Cruz y Valeria Méndez de Vigo, del departamento de Estudios e Incidencia de Entreculturas (@Entreculturas)

Nota: publicamos este texto simultáneamente con Cristianismo y Justicia.

En la recepción del Premio Nobel de la Paz en diciembre de 2014, Malala Yousafzai afirmaba que: debemos tomar la determinación de que nuestro sueño de una educación de calidad para todos se convierta en realidad. Ha llegado el momento de que el mundo piense en grande”.  El momento, efectivamente, ha llegado en 2015, dado que en este año se suscribirán las nuevas agendas educativas y de desarrollo global para los próximos 15 años y, en consecuencia, tenemos la oportunidad de exigir una educación de calidad para todas las personas.

Porque todavía hoy hay en el mundo más de 250 millones de niños y niñas que ven vulnerado su derecho a recibir una educación de calidad, bien porque no tienen acceso a la educación, bien porque la abandonan tempranamente o porque la calidad es tan deficiente que no adquieren los aprendizajes básicos que les permitirán desenvolverse en la vida.  Es evidente que estos niños, niñas y jóvenes que no reciben una educación de calidad están abocados a la pobreza y exclusión, sus posibilidades de obtener un empleo estarán muy limitadas y, con ello, también sus posibilidades de tener un futuro digno.

En Entreculturas creemos que para que la educación sea de calidad y tenga la capacidad de transformar personas y comunidades ha de posicionar a la persona en el centro del proceso educativo, abarcando tres aspectos diferentes: el desarrollo pleno de todas sus dimensiones de forma integral, la apropiación de los conocimientos, actitudes y habilidades necesarios para mejorar la calidad de vida personal y de la comunidad y la formación de personas implicadas en la construcción de una sociedad más justa y humana.

Además, creemos que, tal y como propone UNESCO[1], para que la educación sea de calidad ha de tratarse de una educación relevante que responda al qué y para qué de la educación. Desde un enfoque de derechos hay que preguntarse cuáles son las finalidades de la educación y si éstas representan las aspiraciones del conjunto de la sociedad y no sólo de determinados grupos de poder.

Igualmente, los docentes constituyen un pilar básico de la educación de calidad. Es necesario contar con maestras y maestros en número suficiente, con una formación, motivación y remuneración adecuadas, ya que ellos y ellas son quienes realmente marcan la diferencia en la educación. Además, los centros educativos han de estar debidamente equipados y contar con recursos pedagógicos esenciales.

También pensamos que no es posible entender la calidad sin la equidad. Una educación de calidad no puede excluir a los niños, niñas y jóvenes pertenecientes a colectivos más vulnerables. Debe ofrecer los recursos y ayudas que cada persona necesita para desarrollarse plenamente y, a la vez, ser capaz de proporcionar respuesta a las demandas sociales, articulando necesidades, oportunidades y desarrollo social.

Una educación de calidad es una educación pertinente, siendo significativa para personas de distintos estratos sociales y culturas, con diferentes capacidades e intereses, de forma que puedan apropiarse de los contenidos de la cultura y construirse como sujetos, desarrollando su autonomía, autogobierno y su propia identidad.[2] Para ello, la educación ha de ser flexible y adaptar sus propuestas curriculares al contexto social, cultural y educativo y específicos para responder a las necesidades concretas de cada lugar y de cada educando. Esto exige, como propone UNESCO, transitar desde una pedagogía de la homogeneidad hacia una pedagogía de la diversidad, aprovechando ésta como una oportunidad para enriquecer los procesos de enseñanza y aprendizaje, y optimizar el desarrollo personal y social. [3]

También ha de ser una educación eficaz y eficiente, que haga un buen uso de los recursos y alcance las metas establecidas. No sólo se trata de que los estudiantes permanezcan y finalicen los diferentes ciclos educativos, sino de que tras éstos, se inserten en procesos sociales transformadores.

La mejora de la calidad educativa precisa un compromiso corresponsable de múltiples actores sociales. Si bien al Estado le corresponde garantizar el derecho a una educación de calidad para todas las personas y, en consecuencia, debe protagonizar  los necesarios cambios en el sistema educativo y coordinar las diferentes estrategias, cada vez es más patente la relevancia que alcanza la participación de todos y todas, agrupados en amplios consensos, que permitan aunar esfuerzos en una misma dirección. El pasado diciembre, Malala señalaba “hemos dado ya muchos pasos en la dirección correcta. Ahora es el momento de dar un salto”. En este año, nuestros esfuerzos han de intensificarse para provocar el salto a una educación de calidad para todas las personas.

Foto: Pablo Funes, Entreculturas

Enlaces de interés:

·         Firma por la educación

·         Informe Derecho a aprender: educación de calidad, educación transformadora


[1] Educación de calidad para todos. Un asunto de Derechos Humanos. Documento de discusión sobre políticas educativas en el marco de la II Reunión Intergubernamental del Proyecto Regional de Educación para América Latina y el Caribe (EPT/PRELAC). 29 y 30 de marzo de 2007; Buenos Aires, Argentina

[2] PRELAC, op cit.

[3] PRELAC, op cit.

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