Pensamiento social, ética y pobreza ante la globalización capitalista

Por Dr. Agustín Ortega Cabrera

Este artículo se une y complementa al anterior que publiqué en esta misma web. En diálogo fraterno con determinas cuestiones que, asimismo, planteaba Raúl González Fabre con sus últimas entradas en dicha web. Vamos a tratar de profundizar valores o principios, claves y criterios para una acción y formación social, ética y solidaria que sea transformadora. Una transformación moral, inteligente, efectiva, liberadora, global e integral.

Así nos la propone el pensamiento social y la ética, por ejemplo el personalismo o la teología-filosofía latinoamericana, y la doctrina moral y social de la iglesia (DSI) con la enseñanza de los Papas como Francisco. En diálogo y sintonía con la filosofía y las ciencias sociales o humanas, todo este pensamiento social, moral y la DSI nos muestran principios o pautas para dicha transformación liberadora e integral.

Nos presenta un humanismo ético, solidario, espiritual e integral. Por el que se afirma a la persona con su vida, dignidad y derechos-deberes que es la clave que debe orientar toda la realidad: a la política y economía, al estado y mercado, al trabajo, comercio y finanzas; a la técnica, ciencia, cultura, educación y comunicación.

Es un real y verdadero personalismo y humanismo liberador e integral, en el que las personas y pueblos con los pobres son los sujetos protagonistas de su promoción y liberación integral. Lo que se opone a los totalitarismos e injusticias que, con sus ídolos, dominan. Por ejemplo, el liberalismo economicista y el capitalismo con sus idolatrías del mercado, capital, lucro, beneficio y competitividad que niegan el bien común universal, la solidaridad, la justicia y la igualdad social. Y también el comunismo colectivista o colectivismo, de tipo leninista-stalinista, que con sus ídolos del estado y partido impiden la libertad personal, la participación (autogestión) y la democracia real. El colectivismo es una mala respuesta al sistema capitalista que, en realidad, no es más que un capitalismo de estado.

Como nos enseña la DSI, tanto el capitalismo como el colectivismo tienen de fondo la misma raíz perversa del materialismo economicista, productivista y elitista-burgués. Lo cual les hace rechazar la centralidad y ser de la persona con su protagonismo, conciencia personal, moral y espiritual.

Más, como es sabido, la ideología y el sistema más triunfante, dominador y global en el mundo es el capitalismo, con sus auténticos holocaustos e injusticias crecientes como son el hambre y la pobreza con sus guerras. Por lo que vamos a centrarnos en la valoración liberadora de este sistema e ideología capitalista.

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En su desarrollo histórico, este pensamiento social y la DSI con los Papas, además de claras afirmaciones críticas y deslegitimadoras moralmente del capitalismo, nos manifiesta estos valores y principios personalistas, humanistas, éticos y sociales que estamos exponiendo. Y que van a la entraña injusta e inmoral del capitalismo.

Primeramente, como ya apuntamos, el capitalismo rechaza la ética y los valores básicos, como por ejemplo la justicia social, que deben constituir a la economía. El capitalismo impone la manipulación y perversión antropológica de la libertad con su individualismo burgués, posesivo e insolidario en su sed insaciable del interés individual. Dicho individualismo, en esta búsqueda obsesiva del provecho particular, es lo que conduce a esta dictadura del relativismo. Es por todo ello que el (neo-) liberalismo, con su sistema económico del capitalismo, rechaza todos estos valores y principios sólidos que deben guiar al mercado junto a la economía, a la vida humana, social y pública-política.

La economía y el mercado tienen su corazón en la ética, que le llevan a cumplir su auténtico sentido, esto es, estar al servicio de las necesidades y capacidades de toda la humanidad, en un desarrollo humano e integral. Posibilitando la sustentable producción, la equitativa distribución y el consumo justo de los bienes para asegurar la vida y sostenibilidad de la comunidad humana, social e histórica.

El principio moral básico de la economía es el destino universal de los bienes, con la justa distribución de los recursos, que tiene prioridad sobre la propiedad. Este principio muestra, claramente, la entraña inhumana del capitalismo. Ya que la moral y DSI, en contra del capitalismo, no sacraliza la propiedad privada e individual, no la considera un derecho absoluto e intocable. El destino común de los bienes con su socialización, al tener la propiedad (inseparablemente) un sentido personal y social, siempre está por encima de la propiedad privada. El derecho de propiedad sólo es legítimo y moral si asegura este reparto, con equidad y justicia, de los bienes, los recursos y la propiedad con su inherente carácter social.

Otro principio básico que se opone a la esencia inmoral del capitalismo, como su propia etimología revela, es que el capital no es superior al trabajo. Al contrario el trabajo, el sujeto de la persona trabajadora y todo ser humano con su dignidad, está antes que el capital, que el lucro, beneficio y ganancia. La raíz perversa del capitalismo niega la prioridad del sujeto personal del trabajo sobre el capital. Por ello no reconoce otro valor esencial: el salario justo para el trabajador y su familia. El capitalismo, con su naturaleza injusta, antepone el lucro y la ganancia al salario justo que, junto a otras condiciones laborales inhumanas, generan el trabajo precario, basura e indecente. Ello es la causa principal de la desigualdad e injusticia de la pobreza, tal como nos muestran los estudios sociales y la propia DSI.

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La clave que nos transmite la DSI, la socialización de los medios de producción y de la propiedad de la empresa, de la misma forma cuestiona en su raíz al capitalismo. La ética con la DSI promueven la economía social y cooperativa. En ella, los propios trabajadores son los gestores y dueños de la empresa, que debe ser una comunidad humana con una democracia económica y empresarial. Es lo contrario del capitalismo. En la economía y empresa capitalista, como es sabido, se impone la apropiación y acumulación privada e individualista de los medios de producción y del capital que, de forma exclusiva, son poseídos por los empresarios y dueños capitalistas. En esta línea, la ética y DSI reconoce y alienta la imprescindible organización de los trabajadores en sindicatos u otras asociaciones. El asociacionismo obrero, con todo este tejido organizativo de los trabajadores, es imprescindible para la defensa de la dignidad y derechos del trabajo, de toda esta auténtica ética empresarial. Una real responsabilidad social corporativa con la economía social, cooperativa, solidaria y del don.

Un criterio moral, muchas veces olvidado u ocultado, de toda esta tradición moral y social de la fe e iglesia es la prohibición de la usura, auténtico mal y pecado original, social e histórico del capitalismo con su banca. Si de verdad queremos terminar con las desigualdades e injusticias de la pobreza, hay que luchar contra esta usura de la economía capitalista y su banca. Erradicar sus créditos e intereses abusivos, especulativos, injustos e inmorales que endeudan y empobrecen a las poblaciones con sus familias. Por ejemplo las hipotecas bancarias, inmobiliarias u otros créditos para bienes tan necesarios como una vivienda, crear una empresa, etc.

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En la actual globalización capitalista, con su usura y especulación financiera global -como nos muestran las crisis sistemáticas que padecemos-, es fundamental regular los mercados financieros y comerciales. Acabando con dicha usura y especulación para dar lugar a una economía real, productiva y ecológica que genere los bienes y servicios vitales para la humanidad, para el empleo y el desarrollo integral.

Lo que se opone a otra clave injusta del capitalismo: la negación del control y regulación que la sociedad civil, la comunidad ética-política, las naciones/estados, los organismos internacionales y las instituciones mundiales han de ejercer sobre la economía y el mercado; dicho control regulador se ha de ejercer a todos los niveles y ámbitos como el local, nacional e internacional (mundial), en el escenario geopolítico y global.

Todo lo anterior con la transformación socio-estructural, frente a la esencia perversa de la antropología burguesa e individualista del capitalismo, se debe unir y sustentar en el cambio (conversión) personal. La persona (humanidad) nueva, honrada, moral y espiritual que busca el sentido, la verdadera felicidad y santidad de la existencia en el amor fraterno, la misericordia y la pobreza solidaria. Para la comunión de vida, bienes y luchas por las justicia con los pobres de la tierra. En contra del mal y pecado originario del egoísmo con sus ídolos de la riqueza-ser rico, poder y tener que niegan este ser persona en la fraternidad solidaria.

En realidad y en el fondo, el capitalismo no es más que la actual plasmación social, histórica y dominante de todo este pecado del egoísmo con estos falsos dioses de la riqueza-ser rico, del poder, los privilegios y el poseer que esclavizan.


Ph. D. Agustín Ortega (España) es Trabajador Social y Doctor en Ciencias Sociales (Dpto. de Psicología y Sociología).  Asimismo ha realizado los Estudios de Filosofía y Teología, Doctor en Humanidades y Teología. Profesor e investigador de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y, actualmente, de la UNAE (Universidad Nacional de Educación) así como invitado en diversas universidades latinoamericanas. Autor de diversas publicaciones, libros y artículos.

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