De Pedros y de Pablos

Este post es, al mismo tiempo, religioso, cultural y político. Es religioso porque hoy celebramos la fiesta litúrgica de san Pedro y san Pablo. Es cultural porque hablaremos de los Picapiedra, Pedro y Pablo. Y es político, por analizaremos la situación de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. En todo ello habrá algo de diagnóstico, de convicción, de deseo y de propuesta. Vamos allá.

Rupnik: Capilla de la CEE (Madrid)

El hecho de que la Iglesia celebre conjuntamente a estos dos santos, Pedro y Pablo, indica con bastante claridad la fuerza de la  complementariedad de dos estilos, personalidades y carismas distintos. Esto se ve en la misma plegaria eucarística, que reconoce cómo, “por caminos diversos, los dos congregaron la única Iglesia de Cristo”. Lo mismo se expresa en algunas obras de arte, por ejemplo en las del jesuita esloveno Marko I. Rupnik, como esta imagen en la capilla de la Conferencia Episcopal Española, en Madrid, en la que los dos apóstoles comparten un mismo ojo; hay unidad en la diversidad; ambos siguen al Señor Jesús y, juntos, reman y hacen avanzar la barca de la Iglesia. Ya que estamos con Rupnik, recordamos este otro mural, situado en la Nunciatura Apostólica de Damasco (Siria), en el que Pablo  aparece con las escamas en la mano que le están cayendo de los ojos, al recuperar la visión, mientras que san Pedro está crucificado y boca abajo, en el momento de su martirio. No sé, la verdad, si puede considerarse una alegoría de nuestros políticos Pedro Sánchez  y Pablo Iglesias, uno restregándose los ojos para ver mejor y, el otro, caído y patas arriba…

Rupnik: Capilla de la Nunciatura. Damasco
Rupnik: Capilla de la Nunciatura. Damasco

En cuanto a ese fenómeno cultural que son los Picapiedra, interesante retrato de la clase media norteamericana a mediados del siglo XX, vamos a fijarnos en sus dos protagonistas masculinos. Para simplificar, tomo la descripción, directa y literalmente, de Wikipedia: Pedro Picapiedra es un obrero de la construcción, rudo, seguro de sí mismo y poco reflexivo. Siempre pasa por un error antes de aprenderlo y tiende a hacer todo lo posible para no enfrentar sus problemas (no, no estamos hablando de Rajoy). Su típica frase es Yabba Dabba Doo, expresión habitual de alegría (¿por ejemplo, al obtener 85 diputados?). Por su parte, Pablo Mármol es un personaje tranquilo, inseguro y mucho más reflexivo. Sin embargo, siempre se deja arrastrar por la impetuosa personalidad de su amigo Pedro, por quien siente una auténtica amistad. Pablo es más inteligente y sensato que Pedro, y en conjunto, podría decirse que ambos amigos, al ser opuestos, se “complementan”. 

Y llegamos así a nuestros políticos, líderes de las dos principales fuerzas de izquierda: Pedro Sánchez, del Partido Socialista y Pablo Iglesias, de Unidos Podemos. de entrada hay que reconocer que no tienen tanta sintonía como los Picapiedra, pero quizá sí puedan ser complementarios. Si tras las elecciones de diciembre ambos acariciaron la posibilidad llegar a la Moncloa (Pedro, intentando que Podemos se sumase a su acuerdo con Ciudadanos; Pablo, proponiendo un pacto de izquierdas) en estos momentos, todo parece indicar que ambos acabarán lejos del gobierno. Esperemos que hagan una oposición constructiva y no troglodita. Que no se devoren en luchas intestinas, ni dentro de cada grupo, ni entre ellos buscando la hegemonía. Son distintos, por supuesto, y así debe ser. Están llamados a entenderse, y también debe ser así. Me atrevo a decir que, si quieren llegar a gobernar, Pablo debe aprender un poco de humildad y de sentido de Estado; y Pedro debe impulsar una renovación tan seria que resulte creíble.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Mientras tanto, a lo mejor el paso por la oposición les viene bien a ambos… y, finalmente, al conjunto de la sociedad. Quizá los Picapiedra y su troncomóvil les puedan enseñar algo: no bastan modernizaciones superficiales. También los santos Pedro y Pablo pueden ser de ayuda, ya que ambos fueron capaces de conjugar unidad-en-la-diversidad para lograr una profundísima renovación que rompió las barreras del judaísmo y amplió los espacios de la revolución de Jesús de Nazaret hasta convertirla en un verdadero proyecto universal. A ellos nos encomendamos.

1 Comentario

  1. Hay Pedros y Pablos quizás porque la naturalidad y la empatía no siempre van juntas. Ni siquiera en la Iglesia. Quizás hoy más que un Vaticano III estemos necesitados de un Concilio de Jerusalén II pues el asunto no es modernizar “la Iglesia”. Creo que hoy hacen falta Pablos que muevan el evangelio de Jesús entre los gentiles. Osea, los que no son católicos. Creo que Pablo, lejos de “fundar el cristianismo” puso en crisis al judaísmo, lo hizo rebrotar con otra fuerza sin imponer mas cargas de las necesarias entre una gente que era atea o tenía otros dioses. En el poco tiempo que pasó con cada comunidad nueva no les solucionó todas las cosas. Los llamó a la fe y ellos construyeron sus comunidades como Dios les daba a entender. Esa es la tarea. Vale ya de tanto catecismo para los católicos. Siempre tendremos un Pedro en la retaguardia que nos guarde la casa

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