Pedro Arrupe: “Sensus Christi”, “Sensus Societatis”, “Sensus Hominis”

Por Darío Mollá, SJ. 

El 22 de mayo de 2015 se cumplen cincuenta años de la elección del P. Pedro Arrupe como 28º Prepósito General de la Compañía de Jesús. Es una ocasión de memoria agradecida por su persona y por todo aquello que significó y aportó a la Iglesia, a la Compañía de Jesús y al mundo. Una memoria que, el transcurso de los años, permite que sea cada vez más honda.

Para el pequeño ejercicio de memoria de Pedro Arrupe que son estas líneas, he escogido tres expresiones suyas que aparecen en su conferencia “El modo nuestro de proceder” (Roma, 1979) y que sintetizan perfectamente lo que él era y lo que él nos propone: “sensus Christi”, “sensus Societatis”, “sensus hominis”.

El “sensus Christi” (nº 56) era su petición más íntima: “Dame, sobre todo, el “sensus Christi” que Pablo poseía: que yo pueda sentir con tus sentimientos, los sentimientos de tu Corazón con que amabas al Padre y a los hombres”. Petición que Dios le concedió en sobreabundancia. Ese “sensus Christi” configuró toda su personalidad y dio fuerza a su impulso misionero y a su creatividad apostólica. Arrupe nos invita a hacer también nosotros de la comunión con Cristo el centro de nuestra experiencia personal y apostólica.

El “sensus Societatis” (nº 55), expresión que el P. Arrupe toma de Jerónimo Nadal, significa la identificación con el carisma de Ignacio, concreción del “sensus Christi”. Una identificación con el cuerpo de la Compañía en misión, misión que pide “capacidad de respuesta a los desafíos de nuestro tiempo. Este “sensus Societatis” no podrá lograrse ni mantenerse sin un auténtico “sensus Christi”. No se trata, pues, de una mera identificación corporativa, de un orgullo corporativo o institucional o de simple adopción de formas exteriores. Se trata de encarnar la propuesta ignaciana del seguimiento de Jesús en un servicio que, en otro momento, el P. Arrupe calificará como “incondicional e ilimitado, magnánimo y humilde” ([1]). Para prevenir formas de orgullo o prepotencia,  también recuerda que “se sirve doblemente cuando se sirve sin afán de protagonismo, silenciosamente, sintiéndonos mano a mano con otros muchos servidores, colaborando con ellos y con todos los hombres de buena voluntad” (nº 52).

El “sensus hominis” (nº 49), preciosa expresión, que nos habla de “la sensibilidad para lo humano y la solidaridad con el hombre concreto” que nos lleva a una evangelización “entendida como inculturación del Evangelio (encarnación en las culturas) y que ha penetrado toda la historia de la Compañía”. Sin duda ninguna, se refleja en esta expresión el talante misionero y humano del P. Arrupe, sensible a cualquier carencia y sufrimiento humano, y que pocos meses antes de sufrir su trombosis ponía en marcha el Servicio Jesuita a Refugiados, institución paradigmática del servicio a los más pobres de los pobres, y ejemplo concreto de colaboración de muchos en ese servicio. Como decía el Papa Francisco en su visita al Centro Astalli de Roma en septiembre de 2013, “Es hermoso que en el trabajo haya hombres y mujeres, cristianos e incluso no creyentes o de otras religiones, unidos en el nombre del bien común, que para nosotros los cristianos es una expresión del amor del Padre en Cristo Jesús”.

Son los tres “sensus”, los tres “amores”, que dieron sentido y unidad a la vida de Pedro Arrupe. Son, también para nosotros, propuesta de sentido y de vida.

[1] En su conferencia “Servir solo al Señor y a la Iglesia, su esposa, bajo el Romano Pontífice, vicario de Cristo en la tierra”, nº 4.

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