Pasiones, democracia y derechos humanos

Para el cuidado de la vida política no es suficiente la existencia de un procedimiento democrático para el acceso al poder. El buen desempeño de la dirección política de una sociedad exige no solo el cumplimiento de un procedimiento, sino una calidad humana tanto en el debate social y la lucha competitiva por el poder como en su ejercicio. El respeto al procedimiento no es garantía suficiente ni de la corrección de la elección y ni del adecuado ejercicio del poder.

Democracia y totalitarismo

Podrá decirse que no hay otra alternativa. Pero no se trata de dar otra alternativa, sino de reconocer lo que falta. No hay una crisis directa de la democracia, hay una crisis del respeto a los derechos humanos de los otros, de los extraños, de los grupos minorizados por distintas formas de discriminación social, política y jurídica. Por eso la democracia puede también dar paso “democráticamente” a formas totalitarias de gestión política y de vaciamiento legal de las exigencias de justicia ante esos otros.

Derechos humanos y modos de vida

Los derechos humanos no tienen sólo una dimensión visible en las instituciones de protección y en el reconocimiento formal tanto a nivel jurídico como en el consenso de valores y en el discurso moral de la sociedad. Estas dimensiones pueden irse diluyendo hasta normalizarse en las percepciones sociales lo que sería la consagración de la excepcionalidad como normalidad.

Lo que subyace a estas dimensiones institucionalizadas y consensuadas es, más radicalmente, una forma de entender y de construir las relaciones humanas. Lo que los sostiene es la cotidianidad vivida, modos de vidas en los que los otros son incorporados como sujetos con dignidad y no reducidos a meros competidores, seres a explotar o a eliminar, bien por la violencia directa o mediante la exclusión. Pero estos modos de vida son siempre dinámicos y están expuestos a las pasiones que empujan la acción humana.

¿El arte del cuidado de las pasiones o la excitación de las peores pasiones?

La vida política tiene como tarea el arte del cuidado de las pasiones. Hay una responsabilidad de la autoridad pública en ello, y también hay una responsabilidad social. Y según sea el discernimiento de las pasiones que hagamos y la elección de las pasiones que queramos que modulen las interacciones sociales, iremos en la vía de la humanización o de la deshumanización de los otros, y al final, de nosotros mismos y de nuestro proyecto de sociedad.

En estos tiempos, a través del ejercicio de la democracia se están produciendo tanto elecciones como modos de gobernar que quieren disolver la crítica racional de las pasiones. Parece triunfar lo “políticamente incorrecto”, las retóricas del desprecio, los discursos del odio que buscan excitar las pasiones contrarias a la convivencia plural e inclusiva en los Estados o la convivencia cosmopolita respetuosa en la sociedad global. Es el modo de moda en demasiados casos para la acción política. Gracias a los sondeos o gracias a las elecciones, se cree tener el suficiente poder y apoyo social para decir a las claras “lo que la gente quiere oír”. Es el modo cínico de hacer política que consiste en la jactancia de presumir que se está por encima del mal que se declara, y que se promete hacer. Para este modo, lo bueno es hacer lo malo. Es la forma de protegernos, de hacernos aún más fuertes.

Lo “políticamente correcto”

Podrá decirse que detrás de lo “políticamente correcto” lo que hay es hipocresía, mucho discurso y maquillaje, pocas realizaciones cuando no directamente malas prácticas que quedan edulcoradas gracias al discurso moralizante. Que se cambia el lenguaje para que no cambie nada. Algo de eso puede haber. Pero tras la ambigüedad de lo “políticamente correcto”, hay un intenso escrutinio moral público que detecta y desenmascara relaciones injustas entre diversos tipos de sujetos perpetuadas durante generaciones. Por ello, sirve también para transformar la realidad social combatiendo formas de violencia y de discriminación validadas históricamente como naturales o inevitables. Es una forma necesaria de pedagogía política y social. Pero cuando se elimina de la vida política la censura ética y la crítica racional de las pasiones se pierde la capacidad de discernimiento de las pasiones y se puede hacer fracasar la marcha de la sociedad y a sus miembros.

Tendencias destructoras de los derechos humanos

En el informe 2017 de Amnistía Internacional se recoge y se denuncia esta tendencia que pone en peligro la vida buena en las sociedades. Recojo algunas palabras de su presentación:

“Las profundas transformaciones políticas de 2016 revelaron el potencial de la retórica del odio para desatar el lado oscuro de la naturaleza humana. Sea Trump (Estados Unidos), Orban (Hungría), Modi (India), Erdogan (Turquía) o Duterte (Filipinas), son cada vez más los políticos que se autodenominan antisistema y esgrimen una política de demonización que acosa, convierte en chivos expiatorios y deshumaniza a grupos enteros de personas para obtener el apoyo del electorado.

Esta retórica tendrá un impacto cada vez más peligroso en la política real. En 2016, los gobiernos hicieron caso omiso de crímenes de guerra, impulsaron acuerdos que menoscaban el derecho a solicitar asilo, aprobaron leyes que violan la libertad de expresión, incitaron al asesinato de personas sólo porque consumen drogas, legitimaron la vigilancia masiva y ampliaron facultades policiales draconianas.

Cuantos más gobiernos se retractan de sus compromisos con los derechos humanos fundamentales en su propio país, menos liderazgo vemos en el panorama mundial, en el que gobiernos por doquier se envalentonan para incorporarse a un rechazo global de los derechos humanos.

Esto podría tener consecuencias desastrosas dada la ya lamentable respuesta global a las atrocidades masivas en 2016, cuando el mundo se quedó de brazos cruzados mientras se desarrollaban los acontecimientos en Alepo, Darfur y Yemen.

Mientras tanto, varios países más, como BahréinEgiptoEtiopía,  Filipinas y Turquía, llevaban a cabo campañas de represión masivas. Otros países implementaron medidas de seguridad intrusivas, como los prolongados poderes de excepción en Francia y las leyes sobre vigilancia sin precedentes en Reino Unido.

Otra característica de la política de mano dura fue el aumento de la retórica antifeminista y anti LGBTI, como los intentos de desmantelar los derechos de las mujeres en Polonia que fueron recibidos con protestas masivas”.

Necesitamos saber cuidar de nuestras pasiones en la vida política y social.

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