Ayer le decía a Carmen que me tocaba escribir un nuevo post en esta web, a la que le voy/vamos cogiendo cariño. Le dije que de qué pensaba que debía escribir y ¡coincidimos! De la vuelta al cole de Marta y Joel, nuestros dos hijos mayores… a Mateo todavía le queda un poco de margen para estas tareas colegiales. En definitiva, de la educación.

El pasado jueves comenzaba el curso en la Comunidad valenciana y los dos peques, con su primo Pedro, primerizo en estas lides, se encaminaron a su nuevo centro escolar, con mezcla de ilusión y nervios en la misma proporción. Le acompañábamos padres y madres ante tan magno evento: el primer día de clase. No entraré en más detalles del mágico momento, que quedan para el ámbito y disfrute familiar, pero sí en los personajes que me rondaban por la cabeza al hilo del nuevo comienzo escolar y a los que presté especial atención cuando estudié el CAP (Certificado de aptitud pedagógica), en la universidad de Alicante. Dos referentes educativos:

– El padre Lorenzo Milani y la escuela de Barbiana

– Paulo Freire y la pedagogía de la liberación y la esperanza

Ambas figuras, referentes de otra educación. Ambos creyentes, Paulo pedagogo y  Lorenzo sacerdote, y precisamente su fe, fue la que les empujó a proponer otras maneras de educar, desde la cultura popular.

Lorenzo Milani y su experiencia pedagógica, sigue planteando preguntas muy actuales: ¿Cómo debe ser una escuela que sirva para superar las desigualdades y no para consolidarlas? ¿Cómo educar para la libertad y la transformación? Su “Carta a una maestra” sigue siendo un referente para la educación y lo seguirá siendo sin duda.

Freire describe los dos momentos de su pedagogía del oprimido: “El primero, en el cual los oprimidos van desvelando el mundo de la opresión y se van comprometiendo, en la praxis, con su transformación, y, el segundo, en que, una vez transformada la realidad opresora, esta pedagogía deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación.”

Frente a la deshumanización tan atroz a la que nos vemos abocados, tenemos que rescatar sistemas y métodos educativos que humanicen. El modelo de flexibilidad impuesto en las empresas ha roto la estructura de los tiempos y la relación que debe existir entre persona, familia y sociedad. Las familias trabajadoras vivimos amenazadas por el paro, la dificultad de encontrar empleo, las condiciones precarias de trabajo, la merma en las políticas sociales, la reducción del Estado de Bienestar, la dificultad de conciliar vida familiar y laboral… Y ante esta situación cuesta desarrollar las funciones que son propias de las familias; entre ellas, la educativa. Cada vez vemos más a menudo, la dificultad de las familias obreras en desarrollar una función educativa que sea liberadora y facilite la vida con dignidad de sus miembros.

Por eso, tal vez, recordaba a estos dos hombres que tanto bien hicieron y cuyas intuiciones siguen siendo necesarias para intentar revertir el actual sistema educativo.

Mateo y Marta me/nos recuerdan que hemos de ser capaces de entusiasmar educando, evitar rutinas, no aprender sufriendo. No es tarea fácil, pero nos quedan referentes: Milani, reflejo de la pasión de enseñar, Freire, de la pasión de vivir enseñando.

Hoy acabo con una cantautora amiga, Rozalén, que acaba de sacar disco… y con un tema para regodearse en él: “Mi fe”

@manocope