Paradojas orwellianas de la Unión Europea

 

El pasado día 2 de marzo la Comisión Europea publicó un documento titulado “Para una política de retorno más efectiva: Hacia un plan de acción renovado”. El citado documento planteaba la necesidad de dar respuesta rápida y eficiente ante el temor de que se multiplicara el número de “irregulares” de cara al verano a consecuencia de no tener admitida a trámite o ver denegada su solicitud de asilo. Los cálculos más extremos apuntaban al millón de personas que podrían vagar en el espacio “Schengen”( el espacio de libre circulación europeo) sin ser retornadas. La excesiva burocratización del procedimiento de asilo, la escasez de medios humanos y técnicos, el insuficiente compromiso de los países a la hora de readmitir a sus nacionales o la falta de colaboración de los “retornables” en su proceso de “regreso” se adivinaban como los principales obstáculos para la adecuada aplicación de una directiva, la de retorno, que estaba siendo interpretada de manera demasiado flexible y garantista por los estados a ojos de la Comisión.

Era necesario, por consiguiente, dar otras pautas, sugerir otras prácticas, no fuera a ser que la excesiva visibilidad de los irregulares acabara apuntalando opciones xenófobas y antieuropeistas. Todo ello en un momento tan delicado para la Unión Europea como el actual y  con las elecciones francesa y holandesa a la vista.

Si resulta paradójico que  para evitar la emergencia de  discursos  esencialistas se pueda estar invitando a los gobiernos de los Estados miembros a tomar medidas que acaben  hipervisibilizando  a quienes se pretende  invisibilizar, más paradójico resulta que se haga pidiendo que se interprete  de un modo flexible la normativa que regula el retorno llevándola  al límite de su rigidez y haciendo que prime la efectividad de la repatriación sobre la humanidad de La Convención de Ginebra ,  la actitud de desconfianza hacia la persona y su relato frente actitudes de acogida e  integración, el miedo al que viene de fuera frente a  la posibilidad de abrir espacios inéditos de convivencia.  Todo ello desde una argumentación  políticamente correcta en apariencia  pero que resulta estigmatizadora para el presunto solicitante de asilo al que se desacredita afirmando que en no pocos casos se aprovecha de la bondad del sistema vigente.  Nada distinto, por otra parte, de discursos ya conocidos en otros ámbitos  que estigmatizan  al receptor de prestaciones sociales o de desempleo por “aprovechados” o “vagos” o que criminalizan a las ONG´s que rescatan barcos en el Meditarráneo por promover el efecto llamada, como recientemente publicó la Agencia Europea de Fronteras (Frontex).

Las medidas sugeridas para agilizar los retornos demuestran la pasmosa falta de imaginación de la Comisión Europea: Hacer más efectivos los procedimientos de asilo, detener a los inmigrantes irregulares sin demora con especial atención hacia aquellos que corran riesgo de escabullirse, ampliar el plazo de encierro en centros de internamiento sugiriendo a los estados a que introduzcan reformas para aumentarlo hasta  el máximo  de 18 meses, por no hablar del mayor papel  que están llamados a jugar los equipos ,cada vez más numerosos, y  operativos, de la Agencia Europea de Fronteras o las nuevas condiciones para los partenariados con terceros países para readmisión de los expulsados.

No es de extrañar que en la misma mañana en que se hacía público el documento de la Comisión, se pusieran en funcionamiento numerosas entidades de la sociedad civil organizada coordinadas desde PICUM y ENAR para denunciar la amenaza que podía suponer la implementación de sus medidas para la protección de los Derechos Humanos al tiempo que afirmar la fe en un proyecto europeo en el que el respeto a los derechos, el imperio de la ley y el diálogo con los ciudadanos y sus instituciones sea la seña de identidad de una Unión  paradójica y orwellana que cada vez se reconoce menos a sí misma.

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