Recuerdo que una de las ideas que más me impactó del Congreso de iMisión, el pasado año en Madrid, fue la lectura teológica, desarrollada en su libro “Ciberteología”, que el jesuita Antonio Spadaro hacía de muchos de los aspectos más cotidianos de nuestra vivencia en la red. La pregunta que él lanza en su ensayo es simple: Si la red impacta en la comunicación, en la relación, en la política… cómo no pensar que impacta también en la teología. Recordando algunas de sus ideas, hoy presento cuatro sustantivos que nos dan una idea de esta relación.

RED – No podemos dejar de empezar por la palabra centro de nuestra reflexión. La red que Jesús manda a Pedro lanzar de nuevo a las aguas; la red, utensilio básico de aquellos pescadores galileos para capturar pescado con el que ganarse la vida; la red que se echa… hoy no sé si genera rechazo. La red sólo se entiende como relación, como el lugar donde encontrar lo que necesito, donde millones de personas están conectadas y se impactan unas en otras. No hay sujeto que “lanza” para “pescar” a nadie. La red es algo que se teje y en ese tejer-junto-a-otros radica toda su fuerza y su posibilidad. La manera en la que la Iglesia se sitúa en esta red condiciona su influencia, su misión, su apertura a todos.

NUBE – La nube es algo intangible, podríamos decir que espiritual. Es algo que no vemos pero que sabemos que está. Es algo que no conocemos plenamente pero que sabemos que es casi eterna, no sujeta a fallos de hardware. La nube es una presencia, misteriosa y salvadora. Uno se relaciona con la nube sin ser muy consciente de ello. Los smartphones, los iPad, los iPhones… pueden configurarse para guardar todo lo que somos y hacemos en la nube. La nube es algo lejano pero que, a la vez, llevo en el bolsillo y está al alcance de un click. La nube, imagen de la presencia de Dios en el AT; la nube, señal de divinidad, de altura… es hoy también una presencia que nos acompaña. ¡Vamos a aprovecharlo!

MENSAJE – Es el paradigma de la comunicación instantánea, via whatsapp, line o cualquiera de las otras apps similares. Un mensaje es algo que me llega o que envío. Suele ser algo corto, concreto, con vocación de transmitir no sólo información sino también sensaciones, emociones… ¡Pero ojo! Suele ir íntimamente unido a la notificación de su presencia. La gente hoy no busca el mensaje recibido sino que es alertada de su recepción. Un sonido, un pequeño iconito, ¡algo!, nos avisa. El mensaje se lee, se contesta, se consume… y se sigue viviendo sin más. El mensaje ha perdido relevancia. Un mensaje no es algo que impacte, que mueva, que cambie… a menos de que sea distinto, de que comunique cosas distintas, de que llegue en un momento diferente, de que sea, más que un mensaje, una caricia de amor, de amistad… ¿Qué hacemos con el mensaje de Jesús? ¿Cómo transmitirlo hoy? ¿Cómo conseguir que no sea algo más que se lee y se olvida?

SERVIDOR – Jesús nos llama a ser servidores. Hoy sabemos que no hay red sin servidores. Nada funcionaría sin esos equipos que contienen todo aquello que necesitan las personas y cuya función es darlo sin pedir nada a cambio. El servidor es la joya de la corona en este mundo tecnológico en el que vivimos. También lo es en el Reino de Dios. Cristo es el servidor central de nuestro sistema. En Él está todo y Él siempre tiene lo que buscamos. Como en la parábola de Jesús, la mies es mucha y los obreros pocos. Muchos piden y pocos dan, pero sin ellos… nada iría bien. Son máquinas robustas, bien diseñadas, con alta capacidad para procesar todo lo que les piden, que gestiona bien sus recursos, que necesitan un buen mantenimiento… Si un servidor se apaga, un montón de “clientes” se quedan sin “alimento”.

No me digáis más que el Reino está alejado de la tecnología y de este mundo interconectado. Cambiemos el chip y empecemos a aprovechar las imágenes de hoy, para hablarle a la gente de hoy de la Eterna Misericordia.

@scasanovam