¿Cómo quiere el papa Francisco resucitar a los sindicatos?

Cuando todos coinciden en la debilidad de los sindicatos, incluso algunos aseguran que ya están muertos y medio enterrados, el papa Francisco cita en el Vaticano a los movimientos de trabajadores para dialogar con ellos. En este encuentro internacional de organizaciones sindicales primero escuchó durante dos días treinta comunicaciones de pensadores y representantes de los cinco continentes.

Tantas intervenciones sirvieron para tomar conciencia de que en las dos terceras partes del mundo solo conocen el trabajo informal y sumergido. Y en los países llamados desarrollados (perdón por el equívoco de llamar desarrollados a los que más dinero tienen) los trabajadores ven retroceder el nivel de los derechos laborales según el modelo de Trabajo Decente definido por la OIT.

Pero el papa Francisco reconoció que los sindicatos han jugado siempre un papel crucial por la defensa de la dignidad humana (nº 6) la libertad de asociación, el derecho a organizarse y la acción colectiva son derechos humanos fundamentales.

Les encomendó que, así como en el siglo XIX las organizaciones sindicales cuestionaron las condiciones de desarrollo del capitalismo luchando por la justicia, en este siglo XXI están llamados a tener protagonismo con los otros actores sociales para construir una sociedad más justa. Así podamos avanzar hacia otro paradigma ético que sobrepase esta “economía que mata”.

La “piedra angular” de esta construcción consiste en que situemos “El trabajo y el Movimiento de los trabajadores en el centro del desarrollo humano integral, sostenible y solidario”. (nº6) Cuando el trabajo pierde su papel de ser desarrollo integral de la persona y la sociedad, las relaciones humanas conducen a la “contaminación, basura y cultura del descarte” (EG 53)

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El Papa Francisco, al hilo de la Laudato Si’, pide a los sindicatos que con su tradicional experiencia contribuyan a que los pueblos sean sujetos privilegiados de la acción. No se trata de una exaltación nacionalista sino de la afirmación de una singularidad que debe proyectarse hacia la gobernanza universal. Se trata de afirmar la unidad del género humano en la diversidad de culturas.

Vías propuestas para esta renovación:

    • Visión universal: El bien común es prioritario al bien particular. Los frutos de la tierra y del trabajo son para todos[1], y «deben llegar a todos de forma justa»[2].
      “Ustedes pueden mostrar al mundo lo que bien conocen: la conexión entre las tres «T»: tierra, techo y trabajo. No queremos un sistema de desarrollo económico que fomente gente desempleada, ni sin techo, ni desterrada”.
      • Reconstruir la unidad sindical entre trabajadores y sindicatos, pero también entre sindicatos y sindicatos. Esto supone una agenda cuidadosa y hábil para unir a trabajadores de distinto tipo y distintos territorios. Porque la fragmentación lleva al debilitamiento (11) ante otras fuerzas que van claramente en contra de los representados y de la mayoría social.

     

     

  • Evitar el cáncer social de la corrupción[3]. “Así como, en ocasiones, «la política es responsable de su propio descrédito por la corrupción»[4], lo mismo ocurre con los sindicatos.
    Es terrible esa corrupción de los que se dicen «sindicalistas», que se ponen de acuerdo con los emprendedores y no se interesan de los trabajadores dejando a miles de compañeros sin trabajo; esto es una lacra, que mina las relaciones y destruye tantas vidas y familias.
    No dejen que los intereses espurios arruinen su misión, tan necesaria en los tiempos en que vivimos. Sean factores de solidaridad y esperanza para todos. ¡No se dejen corromper!”
  •  

    • Educar conciencias en solidaridad, respeto y cuidado. La conciencia de la crisis del trabajo y de la ecología necesita traducirse en nuevos hábitos y políticas públicas. Para generar tales hábitos y leyes, necesitamos que instituciones como los sindicatos cultiven virtudes sociales que faciliten el florecimiento de una nueva solidaridad global, que nos permita escapar del individualismo y del consumismo, y que nos motiven a cuestionar los mitos de un progreso material indefinido y de un mercado sin reglas justas[5].

 


  • [1] Cf. Laudato Si’, 93.

    [2]Conc. Ecum. Vat. II, 1966, Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 69.

    [3] Cf. EvangeliiGaudium, 60.

    [4]Laudato Si’, 197.

    [5]Laudato Si’, 209-215.

 

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