El papa Francisco ha viajado hoy, 16 de abril, a la isla de Lesbos en Grecia y ha regresado con doce refugiados sirios que acogerá en el Vaticano. El gesto es llamativo y se ha colado en las portadas de los principales diarios y noticieros. Con él ha venido una cierta polémica. Algunas voces han criticado que es un gesto demasiado pequeño y demasiado mediático, incluso algunas lo consideran hipócrita. Otras, sin embargo, lo consideran acertado, evangélico y profético, con reacciones que tienden al entusiasmo. En la encuesta de eldiario.es, el 79% del total dice que les parece bien la iniciativa.

En este breve comentario quiero, sencillamente, aportar algunas reflexiones y algo de luz a propósito de este evento. Me parece que podemos encontrar cuatro viajes en uno; es decir, que hay al menos cuatro aspectos de la personalidad del papa Francisco que se plasman en el viaje y que abren otras cuatro dimensiones de la realidad.

  • 1. El Papa viaja como una persona

En el avión de ida, dijo que se trata de “un viaje marcado por la tristeza”. En el vuelo de vuelta manifestó que “para mí fue muy fuerte, demasiado fuerte…”. Entre medias, les dijo a los refugiados que buscaba, sencillamente, un tiempo “para estar con vosotros y escuchar vuestras historias”.  Y es que “no debemos olvidar que los emigrantes, antes que números son personas, son rostros, nombres, historias“. Algunos recordarán que su primer viaje fuera del Vaticano, una vez elegido Papa, fue a la isla de Lampedusa, donde Francisco gritó contra “la globalización de la indiferencia” y se preguntó “¿Quién ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas? ¿Quién ha llorado por esas personas que iban en la barca?”. Hoy, al mostrar el dibujo que le ha regalado un niño refugiado, Francisco se ha fijado en el detalle de que, ante la muerte de alguien ahogado en mar, el niño ha dibujado un sol que llora.”Sí, incluso el sol llora, también a nosotros una lágrima nos hará bien». Esta, pues, es una dimensión humana y humanitaria. Y un aspecto del viaje que ayuda a visibilizar una tremenda catástrofe humanitaria.

El Papa enseña en el avión de regreso a Roma uno de los dibujos que le han regalado los niños del campo de refugiados de Lesbos - EFE

El Papa enseña en el avión de regreso a Roma uno de los dibujos que le han regalado los niños del campo de refugiados de Lesbos – EFE

  • 2. El Papa viaja como líder religioso

Se trata de una visita realizada conjuntamente con el Patriarca de Constantinopla Bartolomé y el Arzobispo de Atenas Hieronymos. Tiene, pues, un sentido ecuménico. Quiere “contribuir a infundir ánimo y dar esperanza a quien busca refugio y a todos aquellos que los reciben y asisten”. Y lo hace desde la oración común y constante. Por un lado, el mensaje central para los refugiados es “no perdáis la esperanza”, porque Dios no abandona a sus hijos. Y, por otro lado, el Papa busca  movilizar a las propias comunidades creyentes, reconocer lo que ya se hace y animar a un mayor compromiso. No es la primera vez que el Papa ha interpelado a las comunidades cristianas a que practiquen la hospitalidad de manera generosa. Y la respuesta, aunque siempre se pueda mejorar, está ahí.

  • 3. El Papa viaja como jefe de Estado

De hecho, el primero en recibir a Francisco al bajar del avión es el primer ministro griego Alexis Tsipras. La declaración de los tres líderes religiosos, expresa  “nuestra solidaridad con el pueblo griego que, a pesar de sus propias dificultades económicas, ha respondido con generosidad a esta crisis”. Como jefe del diminuto Estado Vaticano, el Papa ha podido sacar a doce refugiados sirios del campo de detención de Moria. Como indicó el Papa en el viaje de vuelta, se trata de tres familias que tenían la documentación en regla. Todas musulmanas, pero no por ningún motivo especial (la solidaridad es universal); de hecho, se analizó en caso de una familia cristiana, pero no cumplía los requisitos administrativos. Algunas voces han criticado que es un gesto demasiado pequeño… comparado con la riqueza del Vaticano. Son comentarios un tanto demagógicos, creo yo. Recordemos que la Ciudad del Vaticano tiene una extensión de 0,44 km² y una población de aproximadamente 900 habitantes. Anteriormente, ya había acogido a otras dos familias. Eso es tanto como todo lo que España ha acogido en estos meses de la crisis de refugiados. Y, por supuesto, la Iglesia ha movilizado y puesto en marcha numerosos dispositivos de acogida y hospitalidad.

  • 4. El Papa viaja como actor internacional

Si el primer apartado tenía carácter humano-personal y el segundo era más religioso-comunitario, con el tercero nos hemos adentrado en el terreno político.  Pero este ámbito, necesariamente, se desdobla en dos. Porque, además de ser jefe de un mini-Estado, el papa Francisco es uno de los líderes mundiales más prestigiosos e influyentes. Y, aunque no tiene ningún poder ejecutivo en este terreno, es evidente que este viaje tiene un nítido sentido político. Ocurre en un contexto concreto: el del cierre de fronteras de la Unión Europea, el acuerdo con Turquía, la conversión de los campos de refugiados en centros de detención (como el de Moria) y el inicio de la expulsión de  los refugiados. En ese contexto de cierre y expulsión, el Papa muestra apertura y acogida. Más claro, agua. Ese es un mensaje claro, que expande los doce refugiados acogidos en el viaje a la escala de una respuesta estructural. “Europa es la patria de los derechos humanos, y cualquiera que ponga pie en suelo europeo debería poder experimentarlo”, dijo el Papa. También se alude a la necesidad de eliminar las causas de esta situación, logrando una paz justa y estable. En la declaración se afirma que  “es necesario urgentemente un consenso internacional más amplio y un programa de asistencia para sostener el estado de derecho, para defender los derechos humanos fundamentales en esta situación que se ha hecho insostenible, para proteger las minorías, combatir la trata y el contrabando de personas, eliminar las rutas inseguras, como las que van a través del mar Egeo y de todo el Mediterráneo, y para impulsar procesos seguros de reasentamiento”.

En definitiva, lo que este viaje nos muestra es la necesidad de una respuesta integral a la crisis humanitaria que sufrimos. Hay una dimensión personal, otra social-comunitaria y otra política. Los creyentes, además, descubrimos una realidad espiritual-religiosa que envuelve y profundiza todas esas dimensiones. En todo caso, como ha hecho el papa Francisco, cada cual debemos hacer lo que esté a nuestro alcance, en cada una de las dimensiones, sin excusas de ningún tipo.