Tras el esperpento por el que se ha llegado a constituir Gobierno en Cataluña, -¡que magníficas películas saldrían de la mano de Buñuel o Berlanga, o que gran obra de teatro de Valle-Inclán!- y el impasse en que se encuentra la formación de Gobierno en España, la pregunta que muchos nos hacemos es ¿y ahora qué?

Uno duda entre pensar que al fin y al cabo la vida sigue igual, como cantaba Julio Iglesias, o que todo está paralizado. Las tareas y afanes cotidianos continúan siendo los mismos para la mayoría de los españoles, hay que añadir incluidos los catalanes, por si acaso. Claro que si esto es así parece que poco importa que haya o no Gobierno y quién lo dirija. Y, sin embargo, sí que importa. Es necesario tomar decisiones sobre educación, regulación de los mercados, organización político-administrativa, urbanismo y medio ambiente, etc.

Vuelve, no obstante, a surgir otra duda. ¿No están la mayor parte de las competencias transferidas a las comunidades autónomas o en manos de los ayuntamientos? Además, ¿hemos oído hablar de alguno de esos temas a los partidos durante la campaña electoral, o sólo hemos escuchado reproches mutuos y vagas promesas? Pues sí, es verdad, que el Gobierno tiene pocas competencias y que los que están en el Gobierno o aspiran al mismo no parece que tengan muchas ideas respecto a qué hacer.

Entonces, ¿dónde reside la trascendencia del poder político del Estado? Sencillamente en que es necesario coordinar las decisiones e integrarlas en la política europea, para que a su vez ésta tenga una política exterior que lleve al mundo hacia mejores derroteros. Sin una política común vamos hacia el desastre y el mal aprovechamiento y despilfarro de recursos. Bien lo prueban los problemas de contaminación medioambiental, el alto desempleo y la precariedad del empleo, el elevado fracaso escolar unido a la sobrecualificación o al menos sobretitulación en el otro extremo. Por no hablar de la incapacidad para afrontar las guerras y el hambre de las áreas que rodean a la Unión Europea, cuyo origen reside en muchos casos en el colonialismo y las decisiones tomadas en el pasado por los propios países europeos, con el consiguiente flujo de refugiados y emigrantes que llegan a nuestras fronteras.

El retraso en la toma de decisiones sobre estos y otros muchos aspectos, y la falta de alternativas o la mala orientación de las políticas de la Unión Europea, y de España en particular, sobre muchas de esas cuestiones está condicionando el futuro de todos. El Gobierno, y quién y cómo gobierne sí que importa. Ahora bien, mientras esos dilemas se resuelven no podemos ni debemos quedarnos paralizados. Tomemos iniciativas, informémonos y formémonos para tener un criterio propio más aquilatado. Y aunque estemos preocupados cantemos aquello de “total para qué te vas a preocupar, las cosas como vienen se tiene que tomar”. Y para que Dios nos coja confesados procuremos reconocer cada uno nuestras culpas y responsabilidades. Después de todo ha empezado por fin a llover y un poco más tarde o temprano volverá a llegar la primavera, bueno esto si el tiempo (cambio climático) y la autoridad competente (cualquier día la cambian de nombre) lo permiten.