El panóptico digital en «La expulsión de lo distinto»

Panoptico
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En nuestra anterior entrada comentamos que una de las metáforas mejor logradas por  Byung-Chul Han, en «La expulsión de lo distinto», es la del panóptico digital.

¿Qué es un panóptico?

Un panóptico es un tipo de diseño arquitectónico que fue ideado principalmente para construir cárceles. Dicha estructura consta de una edificación circular de celdas con una torre central de vigilancia.  Esta idea, no solo aportó economía en la dedicación del personal de guardia, sino que además, introdujo la sensación de ser visto sin saber con exactitud el momento en que ocurre, mucho antes de que existieran los circuitos cerrados de televisión.

Digamos que, a la desdichada experiencia de estar privado de libertad, se añade la desagradable incertidumbre de no saber en qué momento y por quién se es observado. El panóptico ha sido motivo de análisis e inspiración de muchos autores, entre los que se cuentan Michel Foucault y George Orwell.

El panóptico digital

En «La expulsión de lo distinto» el autor presenta el panóptico digital como representación de nuestra vida en la sociedad red. Si nos permitimos la alegoría, tanto las cárceles panópticas como las redes de datos así como las redes de móviles están compuestas por celdas, y celda también es el lugar donde se puede almacenar la unidad mínima de información digital, en una celda sólo puede haber un 1 o un 0, un On o un Off.

A diferencia del panóptico arquitectónico, este carece de la estructura centro-periferia por lo que el poder –de donde se desprende la disciplina y el miedo- queda distribuido de forma reticular y los ojos quedan dispersos entre todos sus nodos.

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Pero ¿cómo es la vida dentro de ese panóptico? Hans nos la describe a través de un paseo por lo sensorial: la mirada, la voz, la escucha.

La mirada

Pese a que el panóptico, al ser digital, pierde su propiedad óptica; la mirada sigue siendo su característica más importante.

Todos estamos viéndonos, pero nadie nos está viendo; todos queremos ser vistos. Competimos desaforadamente por ser observados, por ser reconocidos con un “me gusta”. Si el recluso del panóptico pudiera sufrir paranoia el habitante del panóptico digital puede sucumbir ante la depresión, su invisibilidad puede convertirlo en una celda en Off.

La mirada queda relativizada porque no hay distancia, no se requiere enfoque, pero también la agota la ausencia de lo distinto; cuando todo es igual no hay nada que ver. Por esto, con pretendida autenticidad explotamos nuestras diferencias comercializables con el denodado anhelo de ponernos en la vitrina digital.

Si ser mirado dentro de una cárcel puede ser la pérdida de toda libertad  en el panóptico de las redes es un ejercicio de libertad. «Los ocupantes de del panóptico digital no se sienten observados, es decir, no se sienten vigilados. Se sienten libres y se desnudan voluntariamente. El panóptico digital no restringe la libertad, la explota» (p. 84).

La voz

La voz es algo que proviene de lo externo, del terreno de los otros –incluso, la usamos como metáfora de la moral y como manifestación de los dioses-. En nuestro panóptico, más que voces hay ruidos, una caja de resonancia quita el cuerpo a la voz y la absorbe, dejándonos a solas con el eco de nuestra propia voz. Más que voces de lo distinto, lo que prospera es «el ruido de lo igual» (p. 93).

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Pero, la ausencia de voz tampoco supone silencio. La comunicación digital, ubicua y sincrónica, cercena los espacios de silencio y soledad. Sin silencio, no hay posibilidad de escucha, no hay posibilidad de que otro irrumpa en nuestra vida evidenciando lo distinto.  Sin soledad, no hay encuentro ni desencuentro, no hay ausencia, no hay prójimo. «El prójimo que tenemos enfrente se degrada cada vez más a mero espejo en el cual uno se refleja» (p. 105).

La escucha

La escucha es lo que abre sitio al habla. En nuestra sociedad digital la escucha, tiene apenas importancia, porque los intercambios de likes no la necesitan, son transacciones de reciprocidad tasada. En cambio, la escucha no es pasiva, precisa nuestra voluntad, prescinde de nuestro ego y reconoce a la alteridad.

Si no hay escucha, no existe la posibilidad de que ocurra la revelación del otro. El Big Data reconoce similitudes, perfila identidades y encuentra correlaciones pero no permite el conocimiento del otro.

La escucha, también, tiene su dimensión política; abre puertas a la vinculación con los demás y con sus sufrimientos. En nuestro panóptico cada celda sufre sus carencias y sus temores, y los afronta como un mal individual.  «Todo el mundo se avergüenza, pero cada uno se culpa solo a sí mismo de su endeblez y de sus insuficiencias. No se establece ningún enlace entre mi sufrimiento y tu sufrimiento” (p. 124).

Por el contrario se responsabiliza al sujeto de abrazar libremente a su sufrimiento. En el panóptico no se toma nota de lo estructural, pero sí se resalta la incompetencia individual.

El tiempo del otro

Solo una sociedad que se escuche a sí misma puede instaurar el tiempo del otro. Una comunidad es un “conjunto de oyentes”.  Por esto Hans culmina exhortando a construir una sociedad de oyentes en la que el tiempo del otro tenga sitio. «A diferencia del tiempo del yo, que nos aísla y nos individualiza, el tiempo del otro crea una comunidad. Por eso es un tiempo bueno» (p. 127).

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Referencia:
Han, Byung-Chul (2017). La expulsión de lo distinto, Barcelona: Herder

1 Comentario

  1. Muy interesante el artículo. La imagen del diseño arquitectónico “panóptico” me ha hecho ubicarme mejor en el pensamiento de Hans e imaginarme a cada uno de nosotros asomados a nuestra “ventanita/celda” de la red, anhelando “likes” y dispuestos a devolverlos en “reciprocidad”. ¡Gracias por compartirlo!

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