¿Otro año lleno de cosas que empiezan por Smart?

Ha llegado el nuevo año y con él, aparte de un día más, han llegado multitud de inventos, gadgets y tecnologías de todo pelaje y condición que sus fabricantes y distribuidores intentan colocarnos como la panacea de la revolución futurista que mejorará el devenir de la humanidad para siempre.

No es casualidad, claro está, puesto que el calor del momento orgiástico de agasajos y regalos navideños, mezclado con un poquito de salsa de proyectos y promesas de año nuevo, y aderezado con la apertura de los presupuestos anuales, crean una química especial para que en estas fechas haya una verdadera avalancha de novedades. Yo mismo suelo ser incapaz de resistirme a acabar consiguiendo (o pidiendo por carta mágica) alguna con la que poder jugar, trastear y aprender algo durante el año. Sobre todo a intentar, eso, aprender. Y si es aprender a aplicarla en algo mejor. Y útil si puede ser. Pido demasiado, ¿no? Pero para eso es año nuevo.

Además, la prensa suele hacerse eco estos días de lo que aparezca por el CES, una de las ferias sobre tecnología de consumo más importantes del mundo, que se celebra en las Vegas a principio de cada año, y donde se presentan muchos prototipos de productos que muchas veces no van a llegar más lejos de la propia feria. Este año tenemos pantallas de alta definición de 8k, 2 veces el número de Ks que el año anterior (lo cual no suele ir acorde a la velocidad de crecimiento del salón de casa ni de nuestras limitaciones biólógicas), algunas que se enrollan como el papel (otro año más), patinetes futuristas (aún no del todo seguros), coches autónomos y otros con Office de Microsoft (no no … en el parabrisas no, … así que no vais a poder ir haciendo tablas Excel camino de la playa en familia… yuhuu!), drones que transportan personas a un módico precio, y un montón más de nuevas “smart-cosas”.

Tecnología de consumo. Bien. ¿Pero en el fondo…  para qué más, aparte de para el consumo?

smart2Hay cientos de publicaciones vaticinando que el 2016 será finalmente su año. Unos que será el de la IoT, la “internet de las cosas”, que nos hiperconectará todo aún más. Otros que será el año de los “wearables”, que no dejan de ser también“cosas conectadas a internet”, y que además llevaremos encima como complemento de moda.  La realidad virtual y el 3D ya llegaron para quedarse, y a este paso, no existirá un telediario en el que no haya una noticia sobre un dron ¿En qué medida creéis que mejorará nuestra vida con todas ellas? Habéis pronunciado un “depende” en vuestra mente, ¿sí?…¿no?… No suelen contárnoslo. Tendremos que imaginarlo juntos.

Que muchas de estas “smart-cosas” queden en el olvido en un mes, no tiene por qué ser malo, todo lo contrario: la innovación y la investigación tecnológica también avanzan gracias a todo lo que se va quedando descartado por el camino (no os preocupéis algún retro del futuro volverá a poner de moda lo que ya habéis guardado en un cajón). Hay que probar, mejorar, volver a probar… El problema, también en mi opinión, viene cuando el objetivo o el fin de estos gadgets y novedades tecnológicas y sus pruebas de uso, no incluye a las personas ni a sus verdaderas necesidades.

También hay muchas otras que sí perdurarán o al menos lo harán los efectos que su aparición provoque en la sociedad, aunque sólo sean preocupaciones murmuradas o miedos a los cambios y novedades. Algunas de estas apariciones han iniciado o iniciarán cambios legales, educativos, en nuestras formas de relacionarnos, de comunicarnos, quién sabe si incluso de enamorarnos.

Ojalá nuestra experiencia vital sufriera un vuelco alucinante por el mero hecho de conseguir poseer cualquier de esos molones gadgets que empiezan por “Smart”, ya sea smartband, smartwatch, o “smartnevera”, sirviera para paliar grandes males humanos, y no sólo para llenar escaparates, dejando de invertir en innovación e investigación bien dirigida para luchar sólo por el control del consumo. La tecnología avanza muy rápido, sin embargo sus buenos efectos de momento se ven de forma muy reposada… 

smart3Podremos saber cuántos pasos hemos corrido, hacer estadísticas de nuestro pulso cardíaco o podremos saber que tenemos mensajes sin sacar el móvil del bolsillo … aunque en cuanto pueda llamar a mi coche desde mi reloj, prometo que me compro uno de esos, aunque sólo sea por nostalgia. Es imposible saber qué nos deparará el futuro de todos estos “chismitos”, aunque esperemos que al menos nos permitan aprender mejores maneras de usar herramientas tan potentes para mejorar nuestra experiencia humana.

Al menos intentemos aprender algo de ellos, porque unas de las grandes taras de la aparición de estas “revoluciones smart” es que no suelen venir acompañadas de una buena formación en su uso. Aún no hemos aprendido a convivir del todo los teléfonos móviles y ya tenemos que aprender a usar la ropa inteligente.

Paso a paso. Yo de momento, aprovechando la moda intergaláctica, os propongo disfrutar del arranque de esta nueva vuelta al Sol y de que tenemos un día más este año que vivir a tope con las personas que nos rodean, descubrir qué les podemos aportar y ver qué nuevos usos podemos darle a esa  herramienta, ya sea un palo o tecnología recién descubierta, y aprender mucho y ver qué sacar de ella. Lo dejo aquí escrito como propósito para el 2016 y a vosotros por testigos. A la vuelta del paseo por el sistema solar veremos cómo queda el balance.

Y a vosotros, ¿qué os van a enseñar vuestros nuevos (o no tan nuevos) cacharritos que han llegado a vuestro entorno?

Ilustración 1.- Fuente de la foto  Universo a la vista 2 – http://www.lacienciaconhumor.blogspot.com.ar/

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