Una vez más la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ha sancionado a un sector entero. En este caso, el diario El País nos informa de que se trata de los fabricantes de papel y cartón, a quienes ha impuesto una multa total de más de 57 millones por una cantidad de prácticas anticompetitivas destinadas a acordar precios.

La microeconomía explica esto con claridad: cuando las empresas de un sector dejan de competir y en su lugar actúan de común acuerdo, maximizan su beneficio con precios más altos, menor producción y menor empleo de factores, incluyendo menos trabajo. Si se quiere que el interés de maximizar beneficios de las empresas les lleve a actuar en el interés social, un requisito es que actúen en un mercado competitivo.

Este es uno de esos casos donde la cooperación es peor que la competencia. En ningún sitio (sensato) está dicho que cooperar sea siempre mejor que competir. Al revés, el sistema funciona cuando se coopera donde se debe cooperar y se compite donde se debe competir. Y uno de los sitios donde debe haber competencia es entre las empresas en el mercado. No es el único, por cierto. Si dos personas no compiten por la misma pareja sino que cooperativamente se la reparten por turnos, el resultado se llama adulterio.

Hace no mucho Daniele Grasso nos hizo en El Confidencial un resumen de las multas que ha impuesto la CNMC en los últimos años. Vale mucho la pena leerlo. El periodista sintetiza: “El juego sucio de las empresas para repartirse el mercado existe en la práctica totalidad de la economía española“, y no se equivoca.

A la hora de buscarle mejoras a esta situación, se hace claro que necesitamos un Estado fuerte e independiente (como la CNMC está demostrando ser, por cierto) para garantizar la competencia en los mercados. Repito: no necesitamos un Estado grande para reemplazar la competencia en los mercados con su propio monopolio (el monopolio de los amigos del partido), sino un Estado fuerte para garantizar la competencia. Entonces las pequeñas y medianas empresas, los que carecen de padrinos en la política o en los oligopolios, podrán tener éxito en la economía española. Ellos son precisamente los que crean más empleo.