Orgullo Gay en la red: compromiso a golpe de click

La verdad es que la repercusión del Día del Orgullo Gay de este año ha sido impactante. Ver los colores de la multicolor cubrir escenarios tan emblemáticos como la Casa Blanca norteamericana o la Cibeles madrileña; comprobar el veredicto del Tribunal Supremo de los EEUU sobre los “matrimonios” gay o, incluso, asistir estupefactos a la persecución policial en Estambul… han sido signos de que este año ha habido más Orgullo que nunca. Pero a mí me gustaría centrarme en otro punto: los perfiles multicolores de los que se han llenado las redes sociales.

El primer perfil me resultó curioso. El segundo, también. Después de unos cuantos empecé a preocuparme. No porque yo esté falto de respeto a las personas homosexuales, no. Respeto y acogida siempre máximos, como a cualquiera de mis otros hermanos. Simplemente me dio que pensar sobre la fuerza o no de las redes como lugares de reivindicación social y, a la vez, sobre el grado de implicación personal que las redes favorecen o no. Me explico.

Lo que parece claro es que la configuración de un simple perfil personal puede ser un grito de protesta, de socorro, de alegría. Nuestra foto de perfil, nuestra foto de portada, nuestra bio… son nuestras primeras expresiones ante un mundo que quiere conocernos. Es algo así como la versión moderna de “qué sería lo primero que le dirías a… si te lo encontraras por la calle”. La configuración de nuestro perfil es nuestro “cuerpo” en la red: lo primero que se ve. Y, como todo cuerpo, puede enseñar más o menos, ser más o menos bonito, estar mejor o peor cuidado, llamar más o menos la atención y ser o no la puerta de entrada a algo más. Desde luego, viendo muchos de los perfiles de estos días, parece claro afirmar que muchos se han unido al Orgullo Gay, reivindicando sus derechos, pidiendo respeto o simplemente mostrando simpatía. Y permitidme también algo más: algunos sólo por el efecto contagio, efecto que existe, y mucho, en la red. Está basado en lo mismo que convierte a algo en viral: es comúnmente aceptado y da cierto “caché” compartirlo y participar de ello.

La segunda reflexión que me surgía era sobre el grado de implicación personal que las redes nos ofertaban a la hora de reivindicar algo. Voy a decir algo que parece de perogrullo… o no… Creo que a mayor viralidad, menor grado de implicación personal. Hay gente a la que le parece lo contrario pero creo que es bueno reflexionar sobre ello: algo viral, algo que es trending topic… es algo que se expande rápidamente entre muchos, con un gran impacto en la “conversación” global pero, a mi parecer, con un grado de implicación personal que deja mucho que desear.

En el ejemplo que nos ocupa, pude observar cómo personas incapaces de reivindicar nada con respecto a la situación política de su país, a la tensión social que le toca de cerca, a la persecución religiosa que sufren hermanos suyos de fe… de repente se alzan como auténticos rebeldes elevando un grito de apoyo al colectivo gay desde sus perfiles multicolores. Muchas de ellas personas que no son gays, que viven en un país libre donde el colectivo gay no es perseguido ni apaleado ni apresado y cuyo apoyo, colorista y divertido, no va más allá de facebook o twitter…  Sinceramente, olía más a fiesta que a reivindicación social y un servidor no entiende por qué: por qué en un país en el que uno no es capaz de decir a quién vota, ni lo que cobra, ni si le parece bien que haya un crucifijo en un aula pública… nos arrancamos son esta explosión de identidad gay.

Ojalá la lucha de muchos homosexuales por vivir una vida plena de dignidad fuera la auténtica guía para muchos de los que sólo se manifiestan a golpe de click que, ya adivinaréis, fueron millones para el colectivo homosexual y cuatro gatos para los más conservadores del lugar.

@scasanovam

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