Hace 5 meses se cumplió un siglo desde que Einstein publicó su incomprensible Teoría General de la Relatividad. Se me ha ocurrido que quizás hoy era un buen día para analizar qué nos aconsejaba Einstein para resolver los problemas políticos de nuestro mundo. ¿Cómo intentaría resolver Einstein el gran problema de los paraísos fiscales? ¿Qué opinaría Einstein de los Panamá Leaks?

Porque Einstein no solo opinaba de ciencia, también habló de política y mucho. Y cuando hablaba de política se le entendía muy bien.

Por ejemplo, decía cosas como esta:

El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población.”

Naturalmente, algún lector pensará que estas frases no tienen valor ya que Einstein se declaró a sí mismo socialista y, por lo tanto, sus opiniones naturalmente van en esa dirección. Los que opinan así tendrán obviamente un pensamiento más “liberal”, así que veamos lo que dijo Adam Smith, el padre del pensamiento económico liberal:

El miembro del parlamento que apoya las propuestas de los monopolistas adquirirá popularidad, influencia y la reputación de ser un experto en economía política. Por el contrario, si se opone, ni su honradez, ni sus servicios a la comunidad podrán protegerlo de agresiones, ataques, insultos y peligros derivados de la ira de los monopolistas”.

Tanto las palabras de Adam Smith como las de Einstein nos hablan de un poder económico que se impone al poder político. ¿Pero cómo lo hace? En la época de Smith y de Einstein lo hacían fundamentalmente a través de lobbies, pero hoy el lobby empresarial ha dejado de ser necesario. Las multinacionales y las grandes entidades financieras están dejando de hablar con los políticos. Lo único que hacen es “dejarse querer”. Hoy la única conversación que podemos oír entre los dueños del dinero y los estados es esta:

  • “¿Qué me ofrecéis allí?”
  • ¿Y allá?
  • ¿Y en el otro lado?
  • OK, decidido. Invierto en Panamá, que eso de los impuestos no me gusta nada, la regulación tampoco, la transparencia la detesto y los salarios mínimos me dan alergia.

Y es que cuando uno alcanza el nivel máximo de poder, uno ya no necesita forzar a nadie, simplemente se deja querer. Como ese César refinado que ya no alza la voz y que simplemente pone el anillo para que se lo beses. Los estados intentando atraer el capital ofrecen salarios mínimos más bajos, impuestos de sociedades más bajos, despidos más fáciles, opacidad en las cuentas, requisitos ambientales y de salud menos estrictos, etc… y el César simplemente se deja querer.

Según Piketty, esta competencia entre los estados por atraer el capital es la causa fundamental del extraordinario incremento de la desigualdad en todos los países del mundo desde 1980 (la segunda causa según Piketty es la capacidad de los directivos de las grandes empresas para establecer sus propios salarios).

Insistiremos aquí en que la competencia entre estados es algo indeseable en todas las ideologías, pero sobre todo en la ideología liberal, que lo que establece es que la competencia entre empresas beneficia el bien común mientras que la competencia entre estados lo perjudica.

Por lo tanto, desde todas las ideologías llegamos a un mismo diagnóstico:

  • El capital ha obtenido demasiado poder.
  • Su poder ya no lo ejerce mediante “lobbies”, ni siquiera necesita las “puertas giratorias”, ni financiar campañas electorales. Su poder se basa en “dejarse querer” haciendo competir a los estados entre sí por atraerle.
  • Esta competencia entre estados está generando desigualdad, inestabilidad e injusticia.

¿Y cómo lo solucionamos?

Ante los problemas de competencia entre países, Einstein opinaba así:

Solo veo un único camino: el establecimiento, con consenso de los Estados, de un cuerpo legislativo y judicial supranacional

Es decir, un gobierno global que establezca unas nuevas reglas del juego, unas condiciones mínimas en todos los países del mundo tanto en impuestos al capital como en salarios, como en regulación laboral, ambiental, financiera y sanitaria. Este es el único camino hacia el fin de los paraísos fiscales y de toda competencia entre estados.