Ondas gravitacionales, susurros y caricias

Foto de la NASA, tomada de http://www.space.com/25088-gravitational-waves.html

Llevamos toda la tarde con el ruido de las ondas gravitacionales. La mayoría de nosotros, la verdad, no entendemos muy bien de qué va esto. Claro que nos suenan Einstein y la teoría de la relatividad, pero no la entendemos del todo. Tampoco vamos a explicarlo en este post, pues se puede encontrar ya en otros sitios, por ejemplo aquí, en esta otra presentación o en este vídeo. Hay ruido en Twitter, como si fuesen ecos del “sonido del universo” que hoy han detectado los científicos de LIGO. Tampoco es casualidad, pues se anunció a bombo y platillo, con una conferencia de prensa simultánea en tres países distintos.

Por supuesto, estamos ante un acontecimiento muy relevante para el mundo de la ciencia. Lo curioso es que ha conseguido transmitir al conjunto de la sociedad una sensación de euforia (¡por fin!) o de entusiasmo. Por cierto, que ‘entusiasmo’ viene de en-theos, estar-en-Dios o llevar-a-Dios-dentro. ¿Qué tienen que ver las ondas gravitacionales con Dios? Tranquilos, que no vamos a entrar en un concordismo facilón, como si este descubrimiento pudiese ser leído como una prueba de la creación del mundo por parte de Dios (o, por el contrario, prueba para afirmar la inexistencia de Dios).

Albert Einstein y George Lemaître en 1933. Foto: https://estebanlopezgonzalez.files.wordpress.com/2013/02/lemaitre.jpg
Albert Einstein y George Lemaître en 1933. Foto: https://estebanlopezgonzalez.files.wordpress.com/2013/02/lemaitre.jpg

Puede ayudarnos recordar al “padre de Big Bang”, el sacerdote y científico Georges Lemaître , que en 1927 formuló su hipótesis  del “átomo primitivo” y de un universo en expansión. Recientemente se ha publicado un texto inédito suyo de 1963, Universo y átomo, que termina con estas palabras: “los rayos cósmicos, o al menos una parte de esta radiación, podrían ser  el resto de la radiación primitiva. (…) Todo esto es hipotético, pero todo ello es científico, porque todo, aunque no probado aún, es susceptible de serlo, de ser confirmado experimentalmente”. Justamente al año siguiente, 1964, Penzias y Wilson detectaron la radiación cósmica de fondo de microondas. O sea, algo parecido a lo que ha ocurrido hoy: comprobar experimentalmente lo que la teoría permitía suponer.

Con todo, lo que nos interesa destacar aquí es otra afirmación de Lemaître, en este caso de 1936: “El investigador cristiano (…) sabe que todo lo que ha sido hecho ha sido hecho por Dios, pero sabe también que en ningún caso Dios ha sustituido a su criatura. La actividad divina omnipresente está esencialmente escondida por todas partes. No podrá jamás reducirse al Ser supremo al nivel de una hipótesis científica”.

Ihab, 30 (C), a Syrian migrant from Deir al-Zor, cries as he and his familly are welcomed by his relatives upon their arrival at the railway station in Lubeck, Germany September 18, 2015. Picture taken September 18, 2015. REUTERS/Zohra Bensemra
Familia siria en Lubeck (Alemania), el 18 de septiembre de 2015. Foto de REUTERS/Zohra Bensemra

Si “la actividad divina está escondida por todas partes”, podemos encontrarla en las ondas gravitacionales y, quizá, aún más cerca de nosotros mismos. Aunque se ha dicho que las ondas gravitacionales son “el sonido del universo”, en realidad estamos hablando de vibraciones en el espacio-tiempo que, al moverse, lo ‘deforman’. Oímos su sonido porque nos tocan, golpean. Eso sí, lo hacen muy muy tenuemente, por eso ha costado tanto detectarlas. Podríamos decir, con San Juan de la Cruz, “Oh, llama de amor viva, que tiernamente hieres. Oh, toque delicado…”

Y aquí viene la última cuestión que queremos mencionar. Si los científicos han captado estas ondas gravitacionales a una distancia de unos 1.000 millones de años-luz, ¿podemos nosotros captar los susurros, los gemidos, las palabras, los llantos y los gritos de las personas con quienes convivimos? Si los científicos han tardado cien años en comprobar la predicción teórica de Einstein, ¿cuánto tardaremos nosotros en acercarnos para dar un abrazo, para recibir una caricia? El domingo pasado, el programa de TV ‘Salvados’ nos golpeaba porque el #machismomata, aunque llevamos mucho tiempo conviviendo con los golpes silenciosos de la violencia de género. El descubrimiento de las ondas gravitacionales ha ocurrido entre el miércoles de ceniza, día de ayuno en la Iglesia católica, y el día del ayuno voluntario convocado por Manos Unidas. Pero nuestros estómagos saciados no escuchan el hambre de los demás. Y así estamos, rodeados de gritos de personas que buscan refugio a las puertas de Europa… y se encuentran ante la frialdad de los muros gubernamentales y de la indiferencia ciudadana.

Foto de la NASA, tomada de http://www.space.com/25088-gravitational-waves.html

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