Olvido de la soledad en la política social

La soledad es uno de los problemas más importantes de la nueva política social. Hasta ahora se trataba de un problema que atendía el Teléfono de la esperanza y que aparecía en los programas de envejecimiento activo cuando las personas mayores regresan al hogar después de la actividad con la que estuvieron atendidas o entretenidas en el centro de día. Aunque los servicios de teleasistencia y el incremento de la conectividad ha facilitado la comunicación de los mayores, los trabajadores sociales, geriatras y médicos de familia advierten que la soledad está dejando de ser un problema personal o psicológico (sentirse solo) para convertirse en un grave problema de salud pública (estar solo, estar aislado).

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Este incremento de la soledad de las personas mayores se entiende mejor cuando analizamos la evolución de la estructura social y comprobamos los cambios de tendencia en el compromiso cívico. La soledad de las personas mayores parece una consecuencia lógica de sociedades “líquidas” donde se han debilitado los vínculos, las relaciones y las redes sociales. Los procesos de individualización y personalización no han generado nuevos vínculos comunitarios que sustituyan a los antiguos, es decir, parece que se han debilitado las redes tradicionales de reciprocidad y apoyo mutuo sin haber sido sustituidas por otras nuevas. La fibra óptica de las ciudades inteligentes (Smart City) no ha consolidado, fortalecido o incrementado el capital social.

Recordemos que por analogía con el estudio de las organizaciones, entendemos por “capital social” al valor que asignamos a la reciprocidad, la confianza y la ayuda mutua. Igual que hay “capital físico”, “capital financiero” o “capital humano”, algunos teóricos de las organizaciones afirman que sin el “capital social” las organizaciones son simples agregados de individuos, es decir, conglomerados de átomos o funciones unidos para producir algo.solo-en-la-bolera

En este contexto, sigue siendo fundamental la investigación de Robert D. Putnam que llevaba por título Solo en la bolera. El trabajo analiza la evolución del capital social en EE.UU., prestando especial atención a los procesos de individualización, desvinculación y ruptura de los lazos comunitarios tradicionales. En sus análisis sobre la virtud cívica, Putnam ha elegido la soledad para describir el foco emocional y la referencia axiológica donde quiere que nos fijemos. Mientras redactaba el libro comprobó que las tendencias de la liga en el juego de bolos confirmaban sus generalizaciones: los americanos están cada vez más solos. Y como comentaba con sus amigos, parecen estar cada vez más “solos en la bolera” (p. 758).

En Inglaterra, la soledad está empezando a preocupar en los servicios sociales porque es un indicador que se vincula con enfermedades físicas, con declive funcional o cognitivo y, sobre todo, como indicador de muerte prematura. Hace unos meses, Katie Hafner en la edición española de The New York Times ofrecía un interesante trabajo titulado “La epidemia de la soledad”  (http://www.nytimes.com/es/2016/09/09/una-epidemia-de-soledad/. Este trabajo recoge investigaciones recientes de médicos, neurólogos y psicólogos que establecen una elevada correlación entre soledad y salud. Con ello no sólo convierten la soledad en un problema de salud pública sino que plantean la necesidad de que las políticas sociales no sean las cenicientas subsidiarias de las políticas sanitarias.1056836

Algunos se escandalizarían si en nuestro país pidiéramos a los responsables de política socio-sanitaria que pusieran en marcha una campaña para terminar con la soledad, como ya la hay en el Reino Unido. En todo caso, podríamos empezar conociendo el programa “Siempre acompañados” de Obra social La Caixa     y actualizando el trabajo que Juan Díez Nicolás y María Morenos elaboraron en 2015 para las Fundaciones ONCE y AXA. (https://obrasociallacaixa.org/es/pobreza-accion-social/personas-mayores/siempre-acompanados).

Aunque este último distingue entre “estar solo”, “estar aislado” y “sentir soledad”, e incluso tipifica dos tipos de soledad “personas que viven solas” (soledad objetiva) y “personas que se sienten solas” (soledad subjetiva), señala una conclusión importante a la que deberían atender los responsables políticos serios: “Existe un amplio consenso social en que son las instituciones públicas quienes deben ocuparse de la soledad, desarrollando políticas para reducirla o eliminarla.”

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Agustín Domingo Moratalla
Profesor de Filosofía Moral y Política en la Universidad de Valencia y director de la sede de la Universidad Menéndez Pelayo en la misma ciudad. Colabora habitualmente con los medios de comunicación en el ámbito de las Éticas Aplicadas. Es Vice-presidente del Comité de Ética Asistencial del Hospital Clínico Universitario de Valencia, Evaluador Acreditado de EFQM, miembro de varios consejos de redacción de revistas de filosofía moral, miembro fundador del Observatorio para la Convivencia Escolar de la Comunidad Valenciana y miembro de la Comisión Valenciana de Reproducción humana asistida. Su línea de investigación es: ETICAS DEL CUIDADO EN LA ERA DIGITAL.

1 Comentario

  1. Pero ¿no te parece entonces que la propia socidad acaba haciéndose cargo asistencialmente de lo que primero ha contribuido a crear desde su comprensión individualista del hombre? ¿No debería ser prioritario desarrollar una cultura social más atenta y más potenciadora de la relacionalidad?

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