Olor a tierra ausente… (Españoles que emigran)

Por mi trabajo tengo trato  con emigrantes españoles ya mayores a quienes cuesta regresar a España una vez jubilados, aunque añoren el “olor a la tierra ausente o el perfume de su luz”. Y al mismo tiempo  también con la nueva emigración joven española y latina a Europa. Sin perder de vista a aquellos,  me centro en este post en la nueva migración española.

Tengo la impresión de que a través de los medios de comunicación se ofrece una imagen idealizada de la emigración como solución para los españoles en salida ante la crisis en España, algo así como una especie de la oferta televisiva de “Españoles por el mundo”. Y se dibuja a veces como un “Erasmus” solo que con más tiempo de permanencia y sin las ventajas de la “aventura universitaria” que facilita tantas cosas. Como una especie de búsqueda atrayente que lleva implícito, en un imaginario bastante extendido, una especie de mantra subliminal que asegura que fuera se vive mejor .

Pero la situación es mucho más compleja dados los acomodos, a veces no fáciles, que suponen la adaptación  a un país distinto con otra cultura y otro idioma. Creo que si hiciésemos un esfuerzo de responsabilidad por mostrar una imagen más realista de las dificultades que implica emigrar, estaríamos siendo más eficaces .

De verdad ¿vale la pena emigrar a Europa? ¿“Atan allí los perros con loganiza” para los jóvenes? Pues la verdad es que no, pero como en España sigue habiendo una tasa de paro juvenil del 40,5%, la segunda más alta de toda la UE, sólo por detrás del 48% que afectaba a los jóvenes griegos en enero, no hay más remedio que “largarse” a donde sea, a buscar el paraíso perdido del empleo.

La verdad es que, en contra de lo que hace un año decía el ministro Dastis, la mayoría de los jóvenes españoles que emigran no lo hacen por amplitud de miras sino porque no les queda más remedio. Llegan al país de destino ¿y qué? Aunque vayan con contrato de trabajo no es la panacea. Cobran poco, o no lo suficiente, y tienen las dificultades propias de alguien que no conoce a casi nadie, no sabe dónde vivir, a dónde acudir en caso de necesidad. La mayoría de estos jóvenes sale con una carrera y algún máster a sus espaldas, pero ¿y qué? El hecho de estar preparados no les resuelve todos los problemas. Si hace cuatro años llegaron a Alemania casi 30.000 españoles… era muy llamativo conocer que, de estos fueron unos 20.000 los que tardaron poco en emprender el viaje de vuelta.

Muchos nuevos inmigrantes cualificados trabajan en actividades que no corresponden a su titulación y se sienten explotados y mal remunerados. Y ya advertía recientemente José Antonio Arzoz, quien fuera cerca de 50 años Delegado nacional para las Misiones españolas de Migracion,  que “el que viene quiere trabajar, pero, sobre todo, vivir. Algo para lo que necesita darse de alta en el registro, encontrar una vivienda, tener contacto social, encontrar un jardín de infancia o una escuela para sus hijos. En definitiva, tener información sobre el funcionamiento de esta sociedad y ayuda para que les sean reconocidos sus derechos”. Y es que, lamenta, muchos se lanzan a la “aventura” de salir fuera sin saber qué se van a encontrar.

La movilidad ha de ser muy bien prevista en origen. No se trata de moverse por moverse. Ni se trata de asustarse o no ante los números de salidas de jóvenes al exterior –pocos estadísticamente– que la prensa española se encarga de titular con más o menos acierto. Se trata de que, independientemente del número, seamos sensatos en los porqués, y autocríticos con nuestro sistema económico/cultural que van más allá de una falta de trabajo o de un mercado de trabajo demasiado rígido y que se refiere a una falta de reconocimiento del valor de la formación, una falta de reconocimiento de la valía personal, un vivir por encima de nuestras posibilidades buscando las ganancias rápidas y fáciles en detrimento de inversiones más costosas y de más largo plazo y una excesiva endogamia a todos los niveles. Y al menos seamos lúcidos.

“En Alemania soy la española y en España… la alemana” me decía hace poco una joven en Remscheid cerca de Düsseldorf, en Renania del Norte-Westfalia, donde hay muchos emigrantes de habla española. “Soy hijo de un español y una alemana”. O viceversa. O hijo de padres latinos integrados en la Misión católica. El reto de la identidad personal con su doble cultura de pertenencia (de origen y de destino) aflora en sus repuestas. Pronto se darán cuenta de la riqueza que esto supone como promueve incansablemente la Academia española de Formación en Bonn (25.000 personas han pasado por ella). Vicente Riesgo está al frente de un excelente equipo que ha hecho su apuesta por la emigración española en Alemania con rigor y eficacia, combinando esta apuesta perfectamente con otros dos pilares básicos: la integración en familia y la educación.

Mientras la nueva migración española en Alemania trata de adquirir conciencia y hacerse un sitio ante su nueva situación, pocas veces se menciona la labor que heredaron de sus antecesores que vinieron allá por los años 70. Algunos, incluso se desmarcan de aquellos “Gastarbeiter”, a la vez que se autodefinen como “jóvenes sobradamente preparados”. Pero independientemente de la preparación, nadie puede ignorar que, durante la historia de la comunidad española en Alemania, muchos se comprometieron para superar un difícil proceso de integración del que ahora se aprovechan las generaciones que llegan. Un proceso que, aun hoy, continúa siendo un ejemplo para otros grupos de extranjeros por haber conseguido que los hijos de aquellos “Gastarbeiter” fuesen la comunidad de inmigrantes que logró más títulos universitarios. A veces, superando incluso a los propios alemanes.

Nosotros también hemos sido ‘extraños en Egipto’, y también hemos ‘comido y aún comemos cebollas en Egipto’; también hemos cruzado el mar Rojo, y hemos sido y somos emigrantes . Ahí está la gran labor de las Misiones Católicas de habla española en Europa (Alemania, Francia, Bélgica Holanda, Suiza, Londres…) en algunos casos más que centenarias como la histórica de Rue de la Pompe en Paris , casa de acogida de refugiados, exiliados, emigrantes etc de varias épocas. Y que con su actividad diaria y su órgano de difusión VENTANA EUROPEA ayudan a los históricos emigrantes y sus descendientes y ahora  a los recién llegados para que se  integren en una realidad muy distinta a como la imaginan

Fué en la Misión de Zurich donde Juan Carlos, (claretiano ejemplar en el trabajo con los emigrantes) me enseñaba satisfecho una frase grabada en la medalla de oro a la emigración española. El grabado tiene dos manos. Y entre ellas la figura de una paloma, y la inscripción “Honor de la Emigración”. En el reverso puede leerse esa inscripción «Olor a tierra ausente, a perfume de luz», frase de D. Miguel de Unamuno.
Frase grabada en la medalla… y en el corazón.

Se vuelve a poner sobre el tapete la gran riqueza de una identidad enriquecida cuando se mantiene bien la cultura de origen y se comprende complementada por la cultura de destino. O viceversa. Al fin y al cabo, el cielo, la luz, la primavera, la tierra…todo nos nutre en la Casa Común para quien sabe vivir agradecido sin poner exclusiones ni fronteras.

“Huele a cielo de España,
olor de la luz del sur,
al cielo de mis sueños,
sueños de la juventud!

Olor a primavera,
a verdura en azul,
olor a tierra ausente,
a perfume de luz!”

 

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