¿Obsolescencia programada?

¿Existe un umbral tras el cuál los docentes no estamos capacitados para asumir los retos que plantean los cambios metodológicos y tecnológicos que se plantean en la escuela actual? ¿Es inevitable que los enseñantes tengamos una vida creativa útil limitada? ¿Somos profesionales con obsolescencia programada?

Los estudios realizados en algunos países sobre el compromiso y la capacidad docente para asumir los cambios en relación con la trayectoria profesional parecen avalarlo. Resumiendo,

  • los maestros noveles (hasta 3 años de ejercicio profesional) son muy positivos respecto a las reformas a realizar para lograr el cambio, aunque por su falta de experiencia están poco capacitados para ponerlas en práctica de forma efectiva;
  • los profesores experimentados en la etapa intermedia de su tarea (entre 4 y 20 años de desempeño) se muestran más familiarizados con las necesidades que implican las reformas a emprender y muestran un apoyo matizado al cambio, lo que se traduce en general en un compromiso paulatino con el mismo en la práctica;
  • los docentes con mayor experiencia (superior a 20 años), en cambio, aunque son más conscientes que los noveles de las implicaciones de las reformas, las comprenden menos que los experimentados con menor recorrido profesional y se manifiestan en general reacios a incorporarlas a su práctica, mostrándose abiertamente desconfiados con reformas que consideran “externas”.

Cualquier promoción de un cambio metodológico con soporte digital debe tener en cuenta esta realidad. Efectivamente, tras un elevado número de años de práctica docente, muchos profesionales no desean adherirse a las nuevas propuestas, por muy bien fundamentadas que se les presenten y por muy eficaces que se estén demostrando en otros lugares. Basta acercarse a cualquier claustro para darse cuenta de ello.

Dado que las escuelas no pueden prescindir de un plumazo de los renuentes al cambio, máxime cuando estos profesionales cuentan con un bagaje riquísimo en otros aspectos que conviene preservar y emplear, ¿qué estrategias para el cambio pueden emplear los líderes escolares para que el cambio se produzca e involucre a la mayor parte de su claustro? Estas ideas pueden darnos alguna pista, sin ser las únicas.

  • No se debe imponer un cambio institucional de forma uniforme a todo el mundo. La formación universal de los claustros (preferiblemente por etapas educativas) debe ir acompañada de procesos de acompañamiento individualizados, compromisos concretos pactados y evaluaciones personales. El cambio requiere de la potenciación de carreras docentes personales.
  • La inversión inicial de energías y recursos en los maestros noveles es menos eficaz que la inversión paulatina y recurrente en el grupo de los experimentados en la etapa intermedia. Las políticas de formación e implementación de los cambios deben estar orientadas fundamentalmente a involucrar a este colectivo. Los noveles se incorporarán por contagio. Los de mayor experiencia lo harán o por convencimiento o por la fuerza de los hechos, o irán quedando paulatinamente aislados. No obstante, tanto noveles como experimentados necesitan programas de mentorización específicos: los unos por su inexperiencia y los otros por sus dificultades para adaptarse a los cambios.
  • No debe defenderse ni ampararse un pretendido derecho de los docentes más experimentados a decidir si se comprometen o no con las reformas. Esto atañe a la formación, que no debe excluir a nadie; pero también a los criterios, plazos y formas de implantación de las reformas, que deben ser pactados fundamentalmente con los docentes experimentados que sí quieren implementarlas y están capacitados para ello.
  • Hay que emplear recursos específicos para superar la decadencia del compromiso y prolongar el interés por el aprendizaje y la innovación de los docentes más experimentados. Al igual que se cuenta con programas de formación inicial y de mentorización de los recién llegados, la escuela actual debe articular programas de reciclado de los más veteranos, en los que se tenga en cuenta su experiencia y estilo pedagógico propio, la mayor dificultad para estar al corriente de los cambios tecnológicos, la necesidad de dar más tiempo para que introduzcan las innovaciones, etcétera. Siempre, claro está, sin renunciar a las directrices escolares comunes.

Si la obsolescencia programada de los objetos de consumo es una muestra de la falta de calidad de los mismos y de una producción realizada exclusivamente con miras al lucro, la posible obsolescencia profesional docente es la manifestación más evidente de una escuela que no se adapta a las necesidades de su entorno, que no cuenta con una correcta cultura del aprendizaje y en el que la experiencia se entiende como estatus. A mi juicio, contar con ella es signo de lucidez; pero no combatirla con una adecuada cultura de la innovación, manifiesta una evidente incapacidad para gestionar el cambio.

Fuente de la imagen de cabecera: flickr.com

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