Por José Manuel Moreno Domínguez, de Entreculturas

Se suceden estos días los textos que se hacen eco de la aprobación por la Asamblea General de las Naciones Unidas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), de la importancia que supone continuar trabajando sobre una agenda común y el itinerario que nos marca a todos y todas (sujetos individuales y sujetos institucionales) para los próximos 15 años. Entre estos textos, muchos nos recuerdan las debilidades de esta agenda que multiplica metas, amplía sus objetivos pero, en cierta forma, se construye sobre el fracaso y la decepción de no haber sido capaces, hasta el momento, de erradicar la pobreza, corregir la desigualdad o construir un modelo económico-social más sostenible.

Una agenda demasiado ambiciosa, metas inalcanzables con el compromiso político actual, indicadores no definidos y difícilmente evaluables, falta de recursos y medidas económicas para su ejecución, falta de concreción de los compromisos de los países del norte con la agenda o debilidad de la propuesta en términos de lucha por la desigualdad y la consecución de sistemas fiscales más redistributivos, son algunas de las valoraciones que hemos encontrado.

Sin duda, todas ellas son ciertas y debemos mantener una perspectiva crítica que siga empujando la relevancia de la agenda y la concreción de medidas que son necesarias para llevarla a cabo. Unas medidas que implican, en muchos casos, cambios de comportamiento entre los agentes de desarrollo, compromisos políticos, recursos financieros, pero también, la presión de una ciudadanía consciente de los nuevos retos que debemos afrontar.

En este sentido, creemos que más allá del análisis técnico de esta agenda, necesitamos crear una voluntad colectiva que nos ayude a caminar juntos. Lo resumimos aquí en dos ideas que sería importante que calasen en la opinión pública y que invitan a la movilización:

1. Conseguir esto es casi un milagro, pero por mí que no quede. Lo inalcanzable sólo se alcanza caminando y necesitamos que alguien dé el primer paso para pensar que no estamos solos, sentirnos parte de una causa común y confiar en que podemos conseguirlo. Lo contaba espléndidamente el poeta Antonio Orihuela a través de esta historia: “Un anciano caminaba por una playa de México tras una poco común tormenta de primavera. La playa estaba llena de peces moribundos arrojados por las olas, y el hombre los devolvía uno a uno. Un turista lo vio, se le acercó y le preguntó: ‘¿Qué está haciendo?’ ‘Intento ayudar a estos peces’, dijo el anciano. ‘Pero hay miles de ellos en estas playas, devolver unos pocos no sirve para nada’, protestó el turista. ‘A éste le sirve’, replicó el anciano mientras devolvía un pez al océano.”

Diríamos nosotros, que cada avance le sirve y mucho, a la familia que mejora su nutrición, a las niñas que se han sumado a la escuela, a las madres que han evitado su muerte durante el parto, a los enfermos atendidos de paludismo o a las personas que están recibiendo tratamiento antirretroviral.

2. Salvar a otros, nos salva también a nosotros. Pero no planteado desde un punto de vista de utilidad propia (como lo están entendiendo muchos gobernantes y países), sino en la consciencia de que somos interdependientes y ecodependientes, como nos recuerda Jorge Riechmann cuando recupera la propuesta ético-política de Franz Hinkelammert: “Yo soy, si tú eres”, sabiendo que ese tú es tanto el otro humano como el otro animal y la naturaleza en su conjunto. “El otro tiene que vivir para que yo pueda vivir. La naturaleza tiene que vivir para que yo, ser natural que soy parte de la naturaleza, pueda vivir”.

Para cumplir o al menos abordar esta nueva agenda, necesitamos sentirnos parte de un proyecto común, necesitamos hacer interdependientes los objetivos de esta nueva agenda y, también, necesitamos sentir que de la situación del otro también depende la mía, que ese otro social y natural nos habla a cada uno de nosotros y nosotras de lo que somos y de lo que queremos ser en la vida.

No desaprovechemos esta nueva oportunidad que nos traen los ODS para seguir recordándonos estas dos ideas.