Obispos y comités de empresa

Estos días leía una entrevista a Sebastián Mora, secretario general de Cáritas Española, en la que decía, citando al filósofo Byung Chul-Han, que estamos perdiendo la capacidad de contemplación y que vivimos en una sociedad lavadora, que da muchas vueltas y muy rápido y cuando centrifuga vuelve al mismo sitio.

Pues en esa sociedad centrifugada y centrifugadora hay situaciones y hechos que pasan inadvertidos, debido a la vorágine de informaciones que constantemente pasan por delante de nuestras vidas y que nos adormecen la  capacidad de contemplación. Y hoy quiero centrar mi mirada en dos hechos que han sucedido en los primeros días del mes de febrero y que apenas han tenido trascendencia.

Los dos hechos han sido los encuentros de dos obispos, el de Ciudad Real y el de Valladolid, presidente de la Conferencia Episcopal, con un un grupo de trabajadores de los comités de empresa de Elcogas y de Tragsa respectivamente.

El obispo de Ciudad Real, Mons. Algora, responsable del Departamento de Pastoral Obrera de nuestra Conferencia Episcopal, se reunió el día 4 de febrero con el Comité de Empresa de la planta de Elcogas en Puertollano. Algora, que siempre se ha mostrado sensible a la situación que desde hace más de un año y medio están viviendo los trabajadores de Elcogas, trasladó una vez más su apoyo a la plantilla de la central minero eléctrica y se comprometió a visitar próximamente a los trabajadores que, desde el pasado 25 de enero, permanecen encerrados en el interior de la factoría de Elcogas en defensa de sus puestos de trabajo y por el mantenimiento de la factoría. El cierre de la empresa supone la pérdida de cientos de puestos de trabajo directos e indirectos, en una zona castigada ya por el desmantelamiento de otras empresas industriales.

A su vez, el Cardenal-Arzobispo de Valladolid, D. Ricardo Blázquez, expresó a los trabajadores de TRAGSA que considera justa su reivindicación de readmisión de los setenta despedidos en Castilla y León por la aplicación por parte de la empresa de un ERE. Lo hizo en el transcurso de un encuentro que mantuvo el pasado 8 de febrero con el presidente del Comité de Empresa de y varios trabajadores, entre otros dos despedidos, que informaron a D. Ricardo de las consecuencias del despido para ellos y sus familias. El Arzobispo se mostró especialmente sensible por el modo como se han realizado los despidos, sin comunicación previa y el día 30 de diciembre, con un burofax. Desde esa fecha los trabajadores están pidiendo a la empresa la readmisión de sus compañeros, la mayoría con una larga trayectoria en la misma. El despido les deja en una situación de vulnerabilidad social, puesto que son mayores para un nuevo trabajo y jóvenes para la jubilación. Una de las quejas expresadas a D. Ricardo ha sido la escasa sensibilidad de la dirección hacia las dificultades con que se van a encontrar los trabajadores despedidos y sus familias. El Arzobispo se hizo eco del dolor de las familias y manifestó comprender perfectamente lo que puede estar suponiendo para ellas este trance. También les comunicó su incompresión ante este tipo de decisiones que no tienen en cuenta que el trabajo es mucho más que un salario a final de mes.

Aparentemente dos encuentros más de los muchos que mantienen nuestros obispos con personas y colectivos tanto de la sociedad civil como de la propia Iglesia. ¿Dos encuentros más? Estoy convencido de que no. La cercanía de nuestros obispos con las personas que están sufriendo las consecuencias de decisiones que afectan al trabajo y por tanto a la vida de sus familias, tiene mucho que ver con una mayor sensibilidad ante la realidad social que se expresa en pronunciamientos y gestos de cercanía y solidaridad con los hombres y mujeres del trabajo.

Las personas que sufren más en el mundo obrero y del trabajo reflejan como nadie esas periferias del dolor a las que nos convoca constantemente el papa Francisco.

Encuentros de este tipo nos señalan el camino de cercanía y solidaridad que como Iglesia hemos de ir transitando para ser oasis de misericordia con los trabajadores y trabajadoras que luchan por no perder sus puestos de trabajo, que se organizan para defender sus justos derechos frente a los intereses puramente  económicos.

Entre trabajar como esclavos y no trabajar, hemos de generar como Iglesia espacios en nuestra sociedad donde sean posibles trabajos dignos, oasis de misericordia. En el documento “Iglesia servidora de los pobres” el episcopado recordaba que “las víctimas de esta situación social sois nuestros predilectos, como lo sois del Señor. Queremos ser signo en el mundo de la misericordia de Dios.” Y es la misericordia la que marca el rumbo, porque misericordia es el amor concreto a las personas, que se conmueve por el sufrimiento del hermano y reacciona para acabar con ese sufrimiento para que pueda vivir dignamente. Y eso es lo que nos hace humanos y lo que construye una vida social justa y decente. Estos días en México el Papa se volverá a encontrar con el mundo del trabajo y no es casual, el Papa está convencido de lo que ya advirtió Juan Pablo II: el trabajo es la clave de la cuestión social.

¡Cuánto bien le hace a la Iglesia encuentros de este tipo! y ¡cuánto bien para el mundo obrero y del trabajo!

Es cuaresma, tiempo favorable para la conversión, para cambiar, para dejar que nuestras vidas se empapen de esa  misericordia que nos hace mirar con ojos sinceros al hermano que encontramos en el camino de la vida. Buenos encuentros, buena Cuaresma.

Os dejo con el  tema Utopía,de Javier Maroto. https://www.youtube.com/watch?v=Ojc8HKrL3ec

*Foto tomada de la web de El Crisol de Ciudad Real.

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