Obama: “La libertad religiosa nos hace fuertes”

Photo courtesy of the White House/Pete Souza

Por Barack Obama, presidente de los Estados Unidos.

Artículo publicado el 6 de febrero de 2016 y reproducido aquí con permiso de Religion News Service, www.ReligionNews.com. Traducción propia de entreParéntesis

La semana pasada tuve el privilegio de visitar la Sociedad Islámica de Baltimore, una mezquita que sirve a miles de familias musulmano-americanas, así como a vecinos de diversas creencias. Como otros templos a lo largo de nuestro país, es un lugar en el que las familias se juntan para rezar, pero también una escuela en la que los estudiantes aprenden y una clínica sanitaria que sirve a los necesitados. Mi visita fue una oportunidad para celebrar las contribuciones que los musulmanes americanos hacen a nuestro país, cada día, y para reafirmar nuestro compromiso con la libertad de religión.

Nuestros Fundadores sabían que la libertad religiosa es esencial no solo para proteger la religión, sino porque la religión ayuda a fortalecer nuestra nación. De nuestra Revolución a la abolición de la esclavitud, de los derechos de la mujer a los derechos civiles, hombres y mujeres de fe a menudo han ayudado a que nuestro país se acerque a nuestros ideales fundacionales. Este progreso es parte de lo que nos hace ser un faro para el mundo.

Asimismo, generaciones de musulmanes americanos han ayudado a construir nuestro país. Son los profesores que inspiran a nuestros críos, las doctoras y enfermeros a quienes confiamos nuestra salud. Son los campeones que animamos, como Muhammad Ali o Kareem Abdul-Jabbar. Son los policías y bomberos que nos mantienen seguros, y los hombres y mujeres en uniforme que han luchado y sangrado y muerto por nuestra libertad.

Desde el 11-S, sin embargo, y más recientemente desde los ataques terroristas en París y San Bernardino, algunos han culpabilizado de esos actos horrendos a la amplia comunidad musulmana. Ahora mismo, muchos musulmanes americanos están preocupados porque aumentan las amenazas y el hostigamiento contra su comunidad. Hemos visto musulmanes americanos asaltados, niños acosados y mezquitas atacadas, y hemos oído una vergonzosa retórica política contra los musulmanes americanos, retórica que no tiene lugar en nuestro país.

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Cuando cualquier parte de nuestra familia americana es empujada a sentirse aislada y estigmatizada, se desgarra el tejido mismo de nuestra nación. Así que debemos abordar este problema juntos y de frente.

Primero, cuando otros están intentando dividirnos por líneas religiosas, tenemos que reafirmar la verdad más fundamental: que todos somos hijos de Dios, todos nacidos iguales y con una dignidad inherente. La mera tolerancia de las diferentes religiones no es suficiente. Nuestras creencias nos convocan a abrazar activamente nuestra común humanidad. Los musulmanes americanos pueden seguir llegando y compartiendo su fe para ayudar a que más americanos comprendan la tradición de paz, caridad y justicia del Islam. Los americanos de toda creencia pueden acercarse a sus vecinos  musulmanes americanos (quizá incluso visitar la mezquita más cercana) para ayudar a romper estereotipos y construir el entendimiento.

Segundo, como americanos, tenemos que mantenernos fieles a nuestros valores centrales, lo cual incluye la libertad de religión para todas las creencias. Un ataque a una fe es un ataque a todas nuestras creencias, y cuando se estigmatiza a un grupo, todos tenemos la responsabilidad de alzar la voz. No podemos ser espectadores pasivos ante el hostigamiento. Debemos rechazar cualquier política que estigmatiza a la gente por motivos religiosos. Tenemos que estar seguros de que los crímenes de odio son castigados y de que se mantienen los derechos civiles de todos los americanos.

Tercero, mientras protegemos a nuestro país del terrorismo, no deberíamos reforzar las ideas de los mismos terroristas. Grupos como el DAESH buscan desesperadamente presentarse como líderes religiosos y guerreros santos que hablan en nombre del Islam. Nunca debemos otorgarles tal legitimidad. No están defendiendo al Islam ni a los musulmanes: la inmensa mayoría de la gente que matan son inocentes musulmanes, hombres, mujeres y niños. Estados Unidos nunca podría estar  en guerra con el Islam, o con cualquier otra fe, porque las religiones del mundo son parte de nuestro carácter nacional. Así que nunca debemos entrar en el juego de la propaganda terrorista o insinuar que todos los musulmanes, o el Islam en sí mismo, es el problema. Eso traiciona nuestros valores. Eso aliena a los musulmanes americanos. Eso ayuda a que nuestros enemigos crezcan. Eso nos hace a todos menos seguros.

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Finalmente, así como todos los americanos tienen la responsabilidad de rechazar la discriminación, los musulmanes de todo el mundo tienen la responsabilidad de seguir oponiéndose a las ideologías extremistas que ponen en peligro algunas de sus comunidades. Esto no es un choque de civilizaciones entre Occidente y el Islam; es una lucha al interior del Islam, entre la mayoría que ama la paz y una minoría radical. Por eso, a lo largo del mundo islámico, los líderes musulmanes no solo están condenando el terrorismo nítida y continuamente, sino que también están mostrando una visión positiva de su fe. Estados Unidos (y yo, como presidente) continuará ayudando alzar y amplificar las voces de la paz y del pluralismo.

Quiero que todo musulmán americano, que pueda estar preguntándose dónde encaja, sepa que está en el sitio preciso al que pertenece: porque también sois parte de Estados Unidos. No sois musulmanes o americanos. Sois musulmanes y americanos. Y quiero que todos los americanos sepan que, a lo largo de nuestro país y a lo largo del mundo, las comunidades musulmanas también están en pie a favor de la paz y del entendimiento.

Somos una única familia americana. Estoy seguro de que si nos mantenemos fieles a nuestros valores (incluida la protección del derecho de toda persona  practicar su fe sin miedo) nos mantendremos fuertes y unidos. Somos, y siempre debemos permanecer, una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos.

Fotografía de Pete Souza, cortesía de ‘The White House’.

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