Los nuevos jóvenes (II). El nuevo individualismo digital: cuentas sin cuentos

Vimos en la entrada anterior que la digitalización está cambiando por completo el modelo de sociedad donde se integran los jóvenes. Las metáforas del tejido y el enjambre no sólo describen una sociedad y una cultura sino una identidad personal y, por tanto, una determinada antropología. Además de señalar la importancia del perfil, la ausencia de intencionalidad o la marcha en la concentración, Han recuerda el carácter contradictorio de la identidad digital. El sujeto es alguien anónimo:

“El homo digitalis es cualquier cosa menos nadie. Él mantiene su identidad privada, aun cuando se presente como parte del enjambre…Se manifiesta de manera anónima pero por lo general tiene un perfil y trabaja incesantemente para optimizarlo. En lugar de ser nadie, es un alguien penetrante, que se expone y solicita la atención…El nadie de los medios de masas no exige para sí ninguna atención. Su identidad privada está disuelta. Se disuelve en la masa. Y en esto consiste también su dicha. No puede ser anónimo porque es un nadie. Ciertamente se presenta con frecuencia de manera anónima, pero no es ningún nadie, sino que es un alguien, a saber, un alguien anónimo.” (En el enjambre, p. 28)

Además, como mundo digital “desmonta lo real y totaliza lo imaginario”, abre un nuevo tiempo para el narcisimo. En lugar de aproximarnos y acercarnos al otro junto a la negatividad de su cuerpo y rostro, al tocarlo en la pantalla con la yema de los dedos, yo dispongo del otro, lo tengo disponible y a la mano. Para Han, el medio digital nos aleja cada vez más del otro. (p. 45)

Siguiendo un trabajo de M. Hardt y A. Negri sobre el concepto de multitud, Han sostiene que la creciente tendencia hacia el egoísmo y la atomización de la sociedad hace que se “encojan” los espacios para la acción común. Con ello, el activismo digital resulta paradójico porque no consigue cuestionar el orden capitalista que lo ha producido. Lo que en la filosofía social del “tejido” se planteaba como “socio”, en el modelo del “enjambre” se ha convertido en “solo”. Lo que caracteriza la actual constitución social no es la masa, la aglomeración o la multitud sino más bien la soledad. En lapidaria expresión Han resume la idea: “Non multitudo, sed solitudo”.

La transformación de la sociedad está siendo tan grande que observamos una decadencia general de lo común y lo comunitario. Según esta interpretación, que podemos calificar como apocalíptica, Han afirma: “Desaparece la solidaridad. La privatización se impone hasta en el alma. La erosión de lo comunitario hace cada vez menos probable una acción común.” (p. 32)

Esta desaparición de lo común se produce por una volatilización del nosotros y el conjunto de mediaciones en el que se concreta. En el enjambre digital se ha producido una desaparición de los filtros, las mediaciones y las representaciones. El lenguaje y la cultura se vuelven superficiales, se hacen vulgares. Algo que ya había señalado Ortega cuando describía al hombre masa y en lo que incide Han al describir el hombre digital. Asistimos a un cambio de paradigma donde al ruido o la soledad le podemos añadir la destrucción del silencio, recurso que para Han es “el medio del espíritu”. (p. 39)

Al describir este nuevo individualismo, Han recuerda que el adjetivo digital no sólo remite al mundo de los números y la contabilidad sino al mundo de los “dedos”. En la era digital todo puede transformarse en dígito, de todo puede haber contabilidad y todo puede ser sustraído de su circunstancia, de su contexto, de su situación y de su historia, como si el afán por contabilizar o digitalizar todo nos situáramos en la pos-historia. En palabras de Han:

“La palabra “digital” se refiere a dedo (digitas) que ante todo cuenta. La cultura digital descansa en los dedos que cuentan. Historia, en cambio, es narración. Ella no cuenta. Contar es una categoría poshistórica. Ni los tweets ni las informaciones se cuentan para dar lugar a una narración. Tampoco la timeline (línea del tiempo) narra ninguna historia de la vida, ninguna biografía. Es aditiva y no narrativa. El hombre digital digita en el sentido de que cuenta y calcula constantemente. Lo digital absolutiza el número y el contar. También los amigos de Facebook son, ante todo, contados. La amistad, por el contrario, es una narración. La época digital totaliza todo lo aditivo, el contar y lo numerable. Incluso las inclinaciones se cuentan en forma de “me gusta”. Lo narrativo pierde importancia considerablemente. Hoy todo se hace numerable, para poder transformarlo en el lenguaje del rendimiento y de la eficiencia. Así, hoy deja de ser todo lo que no puede contarse numéricamente”. (p. 60)

Se cuenta sin poder narrar. Se toma nota de todas las cosas sin conseguir un conocimiento. El dolor, ese sentimiento de umbral en presencia de lo otro, es descrito por Han como “medio del espíritu”. Espíritu es dolor y por eso “La fenomenología del espíritu de Hegel describe una vía dolorosa. En cambio, la fenomenología de lo digital está libre de lo otro dialéctico del espíritu. Es una fenomenología del me gusta”. (p. 80)

Podéis seguir mis reflexiones semanales en http://marineroet.blogspot.com

 

 

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