Nuevas profesiones en relación a los datos

En otro post mío de hace unos meses hacía referencia al fenómeno de la renovación en los puestos de trabajo. Indicaba que la revolución digital está haciendo que haya trabajos que desaparezcan, muchos, pero que otros entran en juego. Buena parte de estas profesiones emergentes guardan relación con los datos, una de las joyas más preciadas hoy por las empresas.

Para tomar decisiones se precisa información relevante. Quienes cuentan con más información y la obtienen con mayor rapidez, sin duda tienen una ventaja competitiva en el mercado. Y también en la sociedad.

Los ejemplos de esto en el ámbito político no son despreciables. A nadie se le olvida el papel que los datos han jugado para definir el mapa político actual. EEUU, Italia o Cataluña, son solo algunos ejemplos de “acierto” a la hora de decidir a quién dirigir tus mensajes y qué decirles. Eso no es posible sin atinar en el retrato robot de los destinatarios. Y ese dibujo se perfila a partir del rastro que dejan sus datos.

Este goloso caramelo ha venido siendo aprovechado por todos. El dato ha sido la moneda de cambio que ha permitido a los usuarios moverse gratis en internet. Un coste insignificante para quienes dan escaso valor a su privacidad. Así, no sorprende que millones de datos se regalen cada segundo con facilidad pasmosa.

Sin embargo, el dato es un diamante para las empresas. Venga tallado (estructurado) o en bruto (desestructurado) su tratamiento supone una fuente importantísima de información. El modelo es especialmente atractivo no solo por el contenido del resultado. También por la rapidez con la que se obtiene y la fiabilidad estadística proporcionada por grandes volúmenes de datos (BigData).

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En torno a este fenómeno de los datos, cuya rentabilidad económica escapa a nuestra imaginación, se han creado un buen número de puestos de trabajo. Y la tendencia es exponencial.

Cada avance tecnológico, cada decisión normativa, suponen un nuevo desequilibrio que precisa de nuevos profesionales capaces de optimizar las oportunidades que se abren. El gap entre las posibilidades que ofrece la tecnología y el tiempo de respuesta a nivel normativo es un jugoso terreno. Sobre todo para quienes responden de manera ágil y saben adaptarse a ventajas y sortear obstáculos.

Por eso las empresas necesitan que haya profesionales flexibles y resilientes. Pero, además, a quienes se llevan de calle es a los que saben moverse como culebras en este universo de los datos. En esta semana, lo más demandado serán los protectores de datos, en respuesta a la reciente normativa europea de protección de datos (RGPD). Deberán enseñar a sus empresas a almacenar y tratar mejor los datos, y los flujos de información generados con estos.

La próxima, estos data-driven-decision-makers deberán estar atentos a cómo dirigir su conocimiento y habilidades en otra vuelta de tuerca tecnológica. Y sin detenerse demasiado ni a cuestionar el cómo o el para qué. El tiempo vuela y no está para esperar a quienes quedan rezagados. Este es, seguramente, el mayor peligro de internet; más incluso que el del manejo de los datos.

Imagen: noticias.universia.es

 

 

 

 

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