Nuevas fronteras, también en las redes sociales

redes

Nadie puede dudar ya, si en algún momento lo dudó, del impacto de las redes sociales tanto en la esfera pública como privada. La popular Twitter, lanzada en marzo de 2006, ocho años después cuenta con cerca de 650 millones de cuentas registradas, de las cuales se calcula que se mantienen activas 200 millones.

Hace pocos días de los sucesos de París y como bandera mundial se eligió lo que empezó siendo un hashtag: #JeSuisCharlie, uno de los más populares de la historia. Pronto pasó a ser escrito en carteles, fotografiado en paredes, extendido por todo el mundo. Se hicieron chapas, pegatinas, portadas de periódicos. Pero, casi simultáneamente, esta unidad se rompe y surgen otras propuestas como su contraria #JeNeSuisPasCharlie. Cada cual esgrime sus razones.

Otro ejemplo, ligado al anterior, fue el auge simultáneo de #StopIslam y su contrapartida #StopIslamofobia. Ambos están teniendo ecos en las calles, en forma de manifestaciones que nadie debería obviar. La relación entre lo virtual y lo no-virtual es palmaria. Y supongo que no todos tienen claro los más-que-matices que impulsan uno y otro, ni lo que se esconde muy probablemente detrás de estas consignas.

Estos casos son ejemplos claros de la polarización de la red. Un fenómeno que tiende a repetir en este nuevo espacio de comunicación y convivencia la fragmentación social y las barreras ideológicas de nuestro mundo. Pero a diferencia de la polarización de los medios sociales convencionales, yo diría que ésta tiene matices diferenciadores:

  1. Crea comunidades, no sólo relativas a los contenidos, en los que están mezclados aspectos de la vida personal y de la vida pública. La estructura de las redes sociales, además, propicia el crecimiento de lazos principalmente entre los más afines, y tiende a silenciar e ignorar lo ajeno y lo diferente. Tristemente, estas comunidades acaban trasmitiendo y haciendo notar su voz en un espacio mucho más privado que público y amplio, para comunidades más cerradas de lo que consideran.
  2. Vinculación de la imagen (perfil, identidad digital) personal con aquello que se comparte, con carácter directamente público, llegando a funcionar al margen de uno mismo. Los consejos para cuidar esta imagen y dirigirla según los propios objetivos en la vida, pero desconectada realmente de ella, se extienden por doquier. De hecho, el primer consejo suele ser no muestres de tu vida aquello que no quieres que cualquiera pueda ver.
  3. A diferencia de los medios de comunicación más convencionales, la red 2.0 está basada en la participación y en la colaboración. Si hasta el momento éramos fundamentalmente receptores y pasivos respecto de las ideas, y la comunicación se estudiaba en cuanto impacto social, en las redes sociales son los propios usuarios (personas) las que se hacen comunicadores. A lo que sumamos que aquello en lo que se participa se potencia mucho más.
  4. Los vínculos virtuales son mucho más frágiles que en los no-virtuales, de modo que es mucho más sencillo y trae menos complicaciones dejar de leer o de seguir, silenciar, bloquear, omitir. Costumbres más extendidas de lo que creemos.  Pero a su vez se fortalecen otros relacionados con esa dimensión más relacionada con las propias creencias, ideas, compromisos. Estas especificaciones del perfil son las que las redes sociales utilizan a modo de descriptores para presentarnos a más afines, y así cerrar y cerrar cada vez más la propia red.
  5. El diálogo y el debate siguen siendo residuales dentro de la red, a pesar de ser un lugar principalmente habitado. Para muchos lo fundamental sigue siendo comunicar en lugar de comunicarse, dar a conocer en lugar de darse a conocer. Sólo hace falta ver la capacidad de interacción que muestran algunos de los perfiles más relevantes de la red, en cualquiera de sus ámbitos.

Dicho lo cual, señaladas las fronteras invisibles y los muros de la red, ¿cómo abrazar de este modo las diferencias sociales y culturales, habitualmente incómodas, y acogerlas en un espacio tan propio y personal como la propia red? ¿Es posible formar y generar comunidades realmente abiertas, haciendo de un lugar como Twitter un ámbito que supere las naturales afinidades? ¿De qué modo se pueden potenciar los diálogos, la verdadera comunicación, la escucha, el debate, la relación? ¿Es éste un ámbito más que superficializa el pensamiento y la reflexión, reduciéndolo a imágenes sugerentes y quotes llamativas? ¿De qué forma impacta, y seguirá impactando, en la convivencia, el tejido social y la formación del espacio democrático y público?

@josefer_juan

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here