Nuevas esperanzas

Es habitual que al escoger temas para la contribución mensual a esta rica página me fije yo -y lo mismo sucede a muchos- en aquellas cosas que están reclamando crítica, que piden a  voces que alguna voz les abra un poco de audiencia.

Para esta ocasión, el acontecimiento que exige de mí un recuerdo aquí es de signo opuesto, y además viene a poner objeciones a mi último artículo. Acojamos esta agradable novedad; porque en la segunda parte del texto regresaré a la situación más habitual, por desdicha…

Me refería yo a cómo asistíamos de nuevo estos días al fenómeno de la superficialidad de la cultura: tantas veces, apenas un adorno de la vida cotidiana, superado el nivel de las cuatro reglas para saber contar y el poco de lectura y escritura para cerrar negocios. Si la educación no llega al corazón sino que se queda en la piel, cuando el tifón o el terremoto devastan un pueblo, no es raro que entre los sobrevivientes brote la violencia y se sume al desastre natural el crimen.

Ahora hemos visto que en lugares de gran inseguridad, de violencia constante, como son las ciudades de México recientemente trastornadas por los seísmos, la inhumanidad ha dado paso a la solidaridad. Quizá nunca habrán sido más seguras las calles del inmenso D.F. -cuesta no seguir llamándolo así- que en esta semana de dolor y de compasión. He aquí algo que consuela profundamente. Vean este párrafo de la carta que me envía un buen amigo:

Ha habido, en toda esta semana, situaciones que van de lo anecdótico hasta lo trágico. Lo último que nos tiene indignados es que el gobernador de Morelos -una de las entidades más afectadas- acaparó los víveres en bodegas y tiene un régimen de control tal que parece que es un acto de corrupción para la reventa o el negocio. Me han venido a la mente en más de una ocasión las sentencias de Amós sobre aquellos que roban a los más pobres y vulnerables. Ha habido actos que claman al Cielo.

Pero también ha habido experiencias realmente esperanzadoras y que a todos nos alegran: los jóvenes, esos que hoy llamamos milenials, se han organizado, han dejado de lado las estructuras típicas y han prescindido de los canales y métodos gubernamentales, para crear una estructura alterna de solidaridad: ellos, los jóvenes, han sido los protagonistas de un movimiento solidario sin precedentes en México. Ellos no sólo han sido brazos, han sido cabeza y corazón de esta sensibilización y de esta acción concreta para llevar asistencia y socorro a todas las víctimas. Los que hoy mueven a la República son ellos. Estoy realmente esperanzado… el cambio ha venido de donde menos creíamos y del grupo que creíamos más indiferente. México tiene hoy un rostro joven.

***

Paso al siguiente asunto sobre el que me es imposible callar -no se diga que quienes nos dedicamos a la filosofía no tocamos la realidad más que por casualidad-.

Esta imposibilidad me la han impuesto los trescientos clérigos catalanes que piden a la gente que vote muy en conciencia el 1 de octubre y una de las arengas de la presidenta del Parlamento de Cataluña, en que nos ha identificado a los demócratas españoles con quienes promueven la consulta de ese día.

En los temas políticos hay siempre, como primer paso, que retrotraerse a los supuestos pre-políticos. No es para mí el momento de decir nada sobre el futuro de Cataluña -he dado pruebas desde siempre de amor a lo catalán, por otra parte-. De lo que se trata es, sobre todo, de subrayar dos factores de cuanto está sucediendo.

El primero es que asombra y desconsuela en qué opinión está la ley en amplios sectores de toda España y, desde luego, en las personas a las que acabo de referirme directamente. ¿Acaso se piensa en serio que la ley es un capricho de los poderosos -no solo de los que la promulgaron en su momento, sino de los que la representan en cada instante- y que la actitud realmente democrática no es enmendarla conforme a ley sino simplemente vulnerarla cada vez que no se está de acuerdo con ella? Porque es en este punto en el que habría que concentrar primero el debate, si es que se tratara de un debate democrático.

El segundo es que aún asombra y desconsuela más en qué opinión está la política, la dedicación a la política, entre amplios sectores del mundo entero. Una anécdota inolvidable: un amigo suramericano que iba a alquilar un cuarto en casa de una familia alemana mientras terminaba su tesis, preguntó a la señora, en las presentaciones, por el trabajo del marido ausente; y cuando le respondieron que era político local, él, llevado por su experiencia acumulada, no pudo evitar sonrojarse violentamente, por eso que llamamos vergüenza ajena. Por supuesto, el concejal en cuestión era una persona perfectamente digna…

Puestos a reclamar la Luna, reclamo ya mismo y para inmediatamente una encíclica del Papa en que alabe la responsabilidad extraordinaria requerida para entrar en política y se recomiende a las buenas personas que lo hagan, porque es su deber. Y a partir de ahora, no consintamos una sola mentira más, un solo insulto más en este ámbito en que solo parece haber mentiras, insultos y gentes que tienden a inspirar a otras gentes vergüenza ajena.

 

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