El debate sobre las elecciones griegas del 25 de enero está en todos los medios, y no por Grecia sino por España. La pregunta crucial es: ¿de verdad podemos? ¿Podemos hacer algo distinto a lo que viene pautado por objetivos y condiciones exigentes desde Bruselas, Frankfurt, Berlín…? ¿Algo básicamente diferente a lo que nuestro Gobierno, en sus diversas reencarnaciones, viene haciendo desde mayo de 2010?

La pregunta tiene en realidad dos partes. La primera es: ¿podría Europa estar haciendo algo distinto, por ejemplo semejante a la acción económica de los Estados Unidos, para cuya dirigencia lo esencial es que los habitantes salgan cada día a trabajar ocho horas, produzcan su vida y de paso compren y paguen impuestos, y con todo ello se salve el agujero bancario?

La respuesta, como muy bien explica Jesús Sánchez-Quiñones en El Confidencial, es No. A mi modo de ver, la razón más importante estriba en que Estados Unidos, a diferencia de Europa, es un solo país. Si hubiéramos contado con una Constitución Europea como la que se rechazó en diversos referéndums, quizás hubiéramos podido actuar distinto frente a la crisis. Pero no la tenemos, así que los que pagan y los que reciben el dinero en cualquier programa keynesiano de alcance continental, están bajo gobiernos soberanos distintos. Y como se requiere el consenso de todos para cualquier medida significativa…

La segunda parte de la pregunta es: dada esa política europea, ¿podemos nosotros hacer algo distinto? No me refiero a si el partido Podemos, en concreto, haría en el gobierno algo sustancialmente distinto; sino más en general, a si se puede.

Un poco de teoría nos ayuda aquí: producimos por la aplicación de trabajo al capital. A diferencia del trabajo, el capital resulta extremadamente móvil: también el capital humano, no solo el financiero o el industrial. Así que si se le ofrecen condiciones de rentabilidad/riesgo mejores en otro lugar, se va. Y entonces tenemos o bien empleo improductivo, o peor aún, desempleo más masivo que el actual. Dicho con otras palabras, podemos hacer lo que queramos siempre que no espantemos al capital.

Ello dibuja los márgenes en que nos sentimos atrapados, con cierta razón ya que lo estamos. Por eso las elecciones griegas resultan tan significativas para España: si Syriza forma gobierno y muestra que algo sustancialmente distinto a lo que hay es posible sin que el capital huya como de un apestado, eso da una respuesta práctica a la pregunta de si ¿podemos? Si Syriza forma gobierno y fracasa en ese empeño, haciendo más o menos lo mismo que sus antecesores o quebrando a Grecia, ello da otra respuesta. Y si Syriza no consigue formar gobierno, la pregunta queda aplazada y corremos el riesgo de que nos toque responderla a nosotros.

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